Finalmente consigues liberarte de la prisión, pero a costa de un dolor terrible en la rodilla. Ha quedado realmente magullada del accidente, si bien eso es ahora lo que menos te importa. Tiendes como puedes a Udane sobre el frío metal del blindado, e intentas comprobar su pulso. Le coges la muñeca... no sientes nada. Empiezas a agobiarte ¡No puede ser! ¡No joder, no, no! ¡¡NO!! Llevas tu mano al cuello, e intentas buscar su pulso, pero no lo encuen... ¡Aquí, esto es! Crees haber encontrado el ritmo de su latidos, pero finalmente comprendes que es tu frenético ritmo cardiatico, que te hace sentir palpitaciones por todo tu cuerpo.
- ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Por favor no me abandones! ¡¡No ahora, no!! - Lleno de rabia y llorando de impotencia sigues palpando todo el cuerpo de Udane, intentando buscar algún signo de que sigue viva.
- Enzo... Udi... Udi está bien. No te preocupes. - Sientes entonces un pequeño abrazo por la espalda. Condenada niña...
Intentas calmarte, serenarte. Seguro que ella sabe mucho mejor que tú como está. Respiras hondo, te tranquilizas y te acercas a centímetros de su cara. Levemente, como si apenas no lo hiciera, pero respira. ¡¡Sí, respira!! ¡Alicia tenía razón!
Sólo ahora puedes respirar aliviado, agachando la cabeza mientras las lágrimas aun recorren tus mejillas. Pero no hay tiempo que perder, a si que desvistiéndote a toda prisa, arrancas un trozo de camiseta para hacer un improvisado vendaje y cubrir la brecha de Udane. Mientras realizas el vendaje te preocupas por Alicia.
- Peque... ¿como estás tú?
- ¿Qué le pasa a Udi? - responde con voz angustiada, obviando tu pregunta.
- No te preocupes, se pondrá bien. Se ha dado un buen golpe en la cabeza, verás que chichón le sale. Pero dime, ¿tú estás bien?
- Me duele un poquito el hombro, pero creo que estoy. Dicen que somos de goma ¿no?
Aquella pequeña me hizo sonreír, a pesar de mi preocupación y mi dolor en la pierna.
- ¿Lo puedes mover bien? ¿No te duele nada más?
- Nopis. Cuida de Udane, por favor, haz que se ponga bien... antes de que lleguen.
Maldición. No, eso no. Ahora no...
- ¿Que... que llegue quién, Alicia?
- Los hombres malos. Aún los siento lejos, pero bien a por nosotros.
El corazón empieza a acelerarse. Ahora estás en serios aprietos. No os podéis quedar aquí dentro, pues pronto serán demasiados y os rodearán. Además, tienes que ver con cuidado la herida de Udane. Pero si salís, tienes que cargar con ella y te duele de muy mala forma la pierna... Pero es la única opción.
Corres hasta la compuerta que comunica con la cabina médica, y al entrar encuentras de todo esparcido por el suelo. Agarras un par de vendas, un bote de Betadine y algunas gasas. No te entretienes más. Ya habrá tiempo de volver a por el resto de cosas importantes. Compruebas que aún lleves el mangual encima, y abres la escotilla que ahora quedaba en uno de los laterales. Asomándote con cuidado, ves que no hay peligro a la vista. Con cuidado, mucho esfuerzo y un terrible dolor en la pierna, consigues sacar a Udane hasta afuera. Ayudas a Alicia, y la dejas a cargo del condenado animal que había provocado todo esto. Lo hacías por Udane, ya que lo único que deseabas era estrangular esa maldita rata por hacerle daño a la chica, aunque fuese indirectamente. Te resignas y levantas para llevarla en tus brazos. Afortunadamente, es ligera y no impone mucho esfuerzo para tus brazos, pero no así para tu pierna.
A medida que pasan los minutos empiezas a notar que el dolor es cada vez mas intenso, sobre todo a la hora de apoyarte sobre ella para caminar. Pero no hay otro camino, debéis marcharos cuanto antes. Miras en todas direcciones, y buscas algún refugio. Hay varios edificios a lo lejos, pero escoges el más cercano. Uno gris, al lado de la carretera, a unos pocos centenares de metros allá adelante
- No te preocupes, vamos a escondernos en un buen sitio y a cuidar de Udi, ¿vale? Tu cuida bien de su masco... - Ya te habías puesto en camino, hacia el edificio, cuando Alicia te agarra fuerte de la camisa, impidiendo tu avance en seco.
Antes de que te de tiempo a preguntar que hace, a un metro de ti aparece un infectado, que venia desde el otro lado del vehículo. Retrocedes lo más rápido que te permite tu pierna, sin poder enfrentarte a él por tener las manos ocupadas. Comenzáis a bordear al demacrado cuerpo, que por fortuna tiene la pierna bastante más destrozada que la tuya, por lo que conseguís alejaros de él lo suficiente, y seguís camino del hospital.
- Gracias, pequeñaja, eso ha estado cerca.
- ¿Por los pelos?
- Exacto. Por los pelos. Ahora agarra bien mi camisa y no la sueltes. No te preocupes, vamos por una carretera y no hay nada con lo que te tropieces.
- ¿Tu estás bien? - La pequeña nota en tus palabras el dolor de la pierna, que comienza a sumarse al agotamiento por cargar con Udane.
El esfuerzo del peso extra estaba cargando más y más tu dolorida rodilla, y los pinchazos en la misma empezaban a ser insufribles. Pero seguiré adelante, a toda costa. Debo protegerlas y ponerlas a salvo. Más que nada porque varios de esos monstruos ya vienen a por nosotros desde todas direcciones.
No habías avanzado ni doscientos metros, cuando las lágrimas ya brotan por tu cara a causa del extremo dolor que sufres en la rodilla. Cada paso supone un infierno, como si mil agujas de tejer punto atravesaran de lado a lado tu rodilla. El esfuerzo de cargar con Udane empieza a ser sobrehumano, y te falta la respiración. Alicia está inquieta, asustada. Pero es fuerte, muchísimo más de lo que aparenta y de vez en cuando te da ánimos para seguir, a pesar de que ve, o mejor, siente, como los infectados se acercan cada vez más a vosotros.
Son lentos, sí, pero algunos ya consiguen andar mas deprisa que tu, y os ganan terreno. Es cuestión de tiempo que os alcancen si no llegáis hasta un refugio seguro. Pero ya estás casi al lado del edificio hacia donde marcháis. Es un edificio gris, de varias plantas. Distingues dos alas, unidas por el centro, formando una gran planta en forma de H. Gobernando el frente, la entrada y un pequeño aparcamiento totalmente desierto. Intentas ver el letrero del edificio, pero unos árboles te lo impiden. Da lo mismo, hay que ir a toda costa.
- Ten cuidado Alicia, ahora vamos a ir un poco por el campo para llegar hasta... - tomas un poco de aliento - hasta otra carreterilla y pronto estaremos a salvo. Vayamos despacio... y con buen pie...
Comienzas a bajar un pequeño terraplén para alcanzar el camino que lleva hasta vuestro destino, y consigues leer el cartel que identifica la construcción como el Hospital Doctor Lafora.
Sientes un desasosiego que te invade todo el cuerpo, mientras ves como tus esperanzas se marchan lejos, muy lejos. Pero lo peor de todo, es que, rebuscando en tu memoria, recuerdas su antiguo nombre y propósito:
El Hospital Psiquiátrico de Madrid.
Acto 51
Esta vez parece que el destino sí está con vosotros, y es justo cuando oyes la primera ráfaga de disparos, cuando el motor arranca. Los mandos parecen los de un camión antiguo, toscos, pero mas o menos todo está en su sitio. Intentas avanzar hacia delante, pero el atasco entre los árboles te lo impide, a si que metes la marcha atrás.
- ¡¡Apártese, capitán!! - Gritas lo más fuerte que puedes, y tan solo te queda rezar por que te haya oído. Pisas el acelerador a fondo y oyes chirriar la madera verde de los árboles mientras el blindado consigue salir de la peculiar pinza.
Avanzas casi a ciegas, pues si ya la visibilidad delantera es mínima, hacia atrás es nula. Oyes como golpeas algo, y cuando miras por la compuerta, te das cuenta de lo que has provocado. La compuerta que había caído al suelo cuando la abrieron los militares, ha servido de rampa mientras ibas marcha atrás y entre una nube de polvo y tierra distingues las figuras del inerte soldado y sus dos atacantes. Udane también lo ve, y tiene la genial idea de levantarse apresurada a cerrar la compuerta interior, separando los dos habitáculos. Vuelves a meter la primera y arrancas a toda prisa, esquivando los árboles y buscando el mejor camino de vuelta a la carretera, haciendo botar al vehículo cada vez que pasabas por encima de una roca o te topabas con un socavón. Mientras intentas meter la segunda marcha, lidiando con la ruda caja de cambios, oyes al capitán vociferar maldiciones contra vosotros, a medida que os vais alejando.
Te sientes mal por haberle abandonado, era el único que parecía honrado entre tanta calaña, pero a fin de cuentas tan solo era un peón que obedecía ordenes de un cabronazo. Lo sientes por él, pero ya vas asimilando la idea que es una época en la que sólo te puedes preocupar de ti y de tus seres queridos.
Finalmente consigues subir hasta la autovía principal, y sigues el rumbo que tomasteis al partir por la mañana. De momento lo único que quieres es alejarte de la base y de los militares, sobre todo ahora, que eras como un neón encendido en mitad de la nada para ellos. Tras un par de minutos de marcha, detienes el vehículo pues es de locos continuar a toda velocidad con la compuerta arrastrando por el suelo y lanzando chispas. También decides explorar lo que se cuece en la parte de atrás. Dejas a Udane cuidando de los pequeños de la casa, que aún están asustados por lo ocurrido, Alicia y su inseparable mapache que había escondido en la mochila cuando empezó la huida. Sales de nuevo por la escotilla de arriba, y descubres que la zona médica del vehículo tiene otra similar. La abres con cuidado y observas el panorama. Los infectados han desaparecido, y tan solo queda el cadáver semidevorado y cubierto de polvo del desgraciado militar. Supones que en el trasiego de la huida, los podridos debieron caerse por la parte de atrás. Mejor, un problema menos. Ahora quedaba el problema de cómo narices subir la pesada rampa. Aparte de por unas gruesas bisagras, la compuerta tenia un par de cadenas que sin duda servirían para elevarla. Buscando por el interior de la cabina médica, encuentras un pequeño panel de mandos. Tiras a patadas el cadáver del militar, y elevas la rampa, quedando a oscuras el habitáculo. A ciegas, aciertas con la escotilla superior, y vuelves al asiento del piloto, con todos los cabos atados.
Pero no es momento de relajarse, el capitán estará a punto de llegar a la base y dará la voz de alarma. Ahora te estarán buscando, y estarán al venir. Tomas la decisión de seguir hacia el sur, dirección Madrid, hasta que encuentres un desvío por el cual perderte por pequeñas carreteras o caminos para dar la vuelta e ir en busca de Belmiro. Arrancas de nuevo a toda prisa, y recorres la desierta autovía al máximo de velocidad que te permite este trasto mientras buscas algún camino por el que perderte. Mientras mirabas de un lado a otro, sientes que algo te trepa por la pierna. Un escalofrío te recorre toda la espalda, hasta que descubres que es el maldito mapache. Sigue trepando por tu torso, mientras gritas a Udane:
- ¡Quítame esta rata de encima! ¡No es momento de jugar! ¡No ves que... - Justo en ese momento, intenta subir hasta tu cabeza, agarrándose con sus peculiares manos a tu pelo. - ¡¡Udane!!
Al fin la chica deja de reírse y acude en tu ayuda, retirando al apestoso animal de tu cara. Pero ya es demasiado tarde. Un deportivo rojo se encuentra enfrente de vosotros, y la embestida es inevitable
- ¡¡AGÁRRATE!! - Es lo único que aciertas a decir mientras te sujetas con fuerza el volante y cierras los ojos.
Pero por sorpresa, no sientes el brutal impacto que esperabas, si no como de repente se eleva la parte derecha del vehículo y caéis sobre el lateral izquierdo, mientras el blindado sigue arrastrándose durante unos segundos que parecen una eternidad para finalmente detenerse.
Sigues con los ojos cerrados, durante unos segundos mas, intentando recuperar el aliento y tomar conciencia de lo que ha sucedido, pero hay algo encima de ti que te oprime fuertemente. Pronto te percatas de que es Udane, que debido de salir despedida de su asiento. Está inmóvil, y no responde a tus ruegos de liberación. Empiezas a temer lo peor, y oyes a Alicia llorar. Al menos ella parece que está bien. La distingues al lado de vosotros, zarandeando el inerte cuerpo de la chica. Un torrente viscoso de sangre tibia comienza a escurrir por tu cara. Cae desde la cabeza empapada de Udane
Joder. Está muerta.
Cuando finalmente tomé conciencia de lo que había pasado, no podía dar crédito a lo sucedido. ¿Cómo es posible que lo hubieran hecho? ¿Por qué? ¿Por qué me habían abandonado? ¿Acaso Rodrigo "ya había cumplido" al traerme a casa? ¿Había sentido que nuestra deuda había sido saldada? Me era imposible pensar que mi amigo me había traicionado así ¿Había vuelto a la plataforma? ¿Las chicas le habían influido tanto como para poder hacerme algo así? ¿O había sido algo premeditado? Pensé en lo mismo que antes, en la carga que yo había sido, en como lo había arrastrado... incluso hubo un momento en que entendí que me dejara colgado. ¿Pero yo hubiera echo lo mismo? ¡¡No!! ¡Nadie honrado podría hacer semejante cosa! Y encima de esas formas, por la espalda, mientras yo me deshacía en lloros pensando en mi familia. Rodrigo había demostrado que no tenía corazón. Que me había utilizado para vete a saber qué. Seguro que él pensaba como yo, en que la ciudad al final sería un lugar seguro... y cuando vio la situación esperó la mínima oportunidad para dejarme tirado. ¡Y encima se va con las chicas! ¿Es que acaso no había tenido suficiente con lo que le hicieron en la casa de las feminazis?
Mientras la cabeza me daba mil vueltas, me encontraba sentado en el sofá del salón. Pasaban las horas y mi mente no dejaba de trabajar, relacionando cada detalle con la traición de Rodrigo. Cada minúscula acción suya me hacia pensar que había sido ingenuo al no preveer su huída. Su enfado en el accidente en la autopista, el no hacer nada cuando nos atraparon las mujeres... Estaba seguro de que si no hubiera sido por la cadena que nos atrapaba, me habría dejado allí tirado en la colina a merced de la lluvia de podridos. La ira comenzaba a apartar a patada limpia de mi mente las dudas que tenía acerca de mi amigo, y definitivamente acepté que me habían traicionado. Que incluso era normal en el mundo que vivimos. Esto era un "todos contra todos", y lo que hoy es una amistad, de repente, puede convertirse en una puñalada por la espalda. Y así había sido, me habían dejado atrás como quien deja una pesada carga. Que ya no podría salvar a mi hermana, que estaba solo, era un inútil atrapado en una celda sin provisiones. Al menos debería descubrir cómo habían hecho para escapar. En ese momento olvidé huir de la casa para ir en busca de mi hermana. Solo quería ir detrás de ellos, seguirles y frustrar todos sus planes.
Recorrí la casa de cabo a rabo, di mil vueltas por el jardín, pero no conseguí averiguar como lo habían hecho. ¿Saltar la tapia? Imposible. ¿Salir por la puerta? Resultó serlo de igual manera. Mientras no estaba, uno de ellos hizo por lo menos algo útil. A través de los barrotes de la puerta, fue matando uno a uno a todos los infectados que se postraban delante de ella. Esa acción consiguió amontonar un buen número de cadáveres e impedir que los que le seguían consiguieran alcanzarla. Realmente útil, pues la puerta no hubiera aguantado a decenas de mugrosos cadáveres zarandeándola durante horas. Los goznes cederían, y tener el jardín lleno de esas cosas no era nada, pero nada recomendable. Sin embargo, desechando la huida por la puerta, no quedaba otra salida. Frustrado volví al salón, intentando imaginar cómo demonios se habían esfumado esas malditas sabandijas. Agarré este diario y me puse a escribir todo lo que pasó durante el día de hoy. Me ha sido muy difícil contener mi odio hacia Rodrigo cuando he relatado todo lo que pasó antes de su sucia traición, pero creo que lo he conseguido. Pienso que dentro de unos años, este documento será algo digno de estudio. Merece la pena escribir lo mejor que pueda, y relatar cada cosa que acontezca. Quizás cuando todo se arregle, si es que alguna vez sucede, gane mucho dinero y fama. Quien sabe. O quizás ya esté muerto para cuando todo esto pase, y se convierta en un clásico. Aires de grandeza quizás, pero realmente no creo que queden muchos escritores en el mundo que estén tirando su tiempo en relatar todo lo que están viviendo. Y si existen, no me importaría ahora mismo compartir opiniones con ellos. No estaría mal una tertulia en una cafetería, viendo la cabeza de Rodrigo colgada de la pared... mientras bebo humeante café... maldita sea... ¡como se puede echar tanto de menos un jodido café!
Debo salir de aquí como sea.
Cuando desperté, entre las sábanas aún mojadas por el torrente de lágrimas que desprendí, empecé a pensar de nuevo en mis padres. No podía aceptar lo que les había ocurrido. Pensé que realmente no estaban muertos, que habían conseguido resistir el ataque. Que mi madre no estaba segura de que mi padre hubiera muerto, que él había conseguido vencerlos y ahora resistían en ese piso. Que seguían vivos, y mi madre solo era una exagerada. Que incluso se habían reunido con mi hermana en aquel pueblo, y ahora vivían tranquilos esperando que yo llegara. Que no podían haberme dejado mas mensajes pues el teléfono ya había dejado de funcionar. Pensaba que todo era un malentendido, que me había alterado por nada. Pero esos pensamientos duraron poco. Me estaba autoengañando y no llegaría a ninguna parte. De nada me servirían falsas esperanzas, nada más que para llevarme más palos.
Me enfadé conmigo mismo por ser tan estúpido de pensar que aún estaban vivos y no aceptar la verdad. Odié el mundo. Odié a Tony por entrar en la locura y suicidarse de aquella manera. Odié a Rodrigo por no haberme ayudado a salvarle, por haberle sacrificado como a un perro. Por traerme hasta Madrid y hacerme ver que la ciudad estaba muerta. Por traerme a mi casa y así descubrir que mis padres estaban muertos. Le odié profundamente... por estar en lo cierto. Odié a las chicas que estaban en mi casa, por permitir que esas zorras hicieran aquello conmigo. Me odié a mi mismo por haber estado ausente, disfrutando del mar y de un largo viaje mientras todo se venia abajo. Me odié por no haber hecho nada por proteger a mis seres queridos. Odié a toda la gente por permitir que esto sucediera, al gobierno por no impedir la propagación, a los científicos que hubieran creado este desastre. Odie a todos por convertirse en esas cosas, por marchitar el planeta. Odié el mundo y finalmente odié toda mi vida.
Cuando comprendí que ya no amaba nada, cuando no tenia ningún motivo por el que luchar, empecé a contemplar la idea del suicidio. Con esto evitaría sufrir más persecuciones de esos monstruos, más ataques de supervivientes locos, más pérdidas de seres queridos. No sería más una carga para Rodrigo. No le arrastraría hasta las puertas del infierno ni le obligaría a acompañarme por obligación. Pensé en que cualquier forma valdría ¿una soga? ¿Cortarme las venas? ¿Asfixiarme? El caso era abandonar este mundo. Dejarlo para siempre y descansar en paz, y no convirtiéndome en un engendro andante durante el resto de la eternidad. Pero mi alma se negaba a abandonar, no quería tirar la toalla y me mostró un destello de esperanza. Mi hermana. Era posible que aún siguiera con vida. Su último mensaje hablaba de que se iba a un pueblo, a la casa de su novio. ¡Seguro que seguía con vida! En ese momento todo me encajaba. Había rehusado de irse a un punto seguro, estaba en un pueblo algo apartado de la ciudad lo que le daba muchísimas más posibilidades de sobrevivir. Volví corriendo al contestador y busqué su mensaje. Colmenar Viejo. Ése era mi nuevo destino. Ir a buscarla, rescatarla, que se uniera a nuestro grupo. Entonces ya estaríamos preparados para volver a la plataforma, al sitio seguro. Exterminaríamos todo rastro de la infección, sobreviviríamos durante años con todas las reservas con las que contaba y después viviríamos de la pesca y pequeñas incursiones a tierra, que se yo. Pero había futuro, esperanza. Incluso para la humanidad... ¡seríamos suficientes para crear una pequeña población!
La esperanza de que mi hermana estuviera sana y salva mitigó la herida que me había abierto en canal la muerte de mis padres. Era una razón para seguir vivo, para seguir luchando. Para no abandonar. Y no iba a desperdiciarla. Empecé a pensar en mil y una formas de salir de la casa, de ahuyentar a los cadáveres andantes. Lo sentía por Rodrigo, pero decidí rogarle que me acompañara en este nuevo viaje. Comprendí que, lamentablemente, no era nada sin él. Me había agarrado a su chepa cual parásito con el único fin de sobrevivir, aprovechándome de que yo era su única compañía y se sentía en deuda conmigo. Quizás no era una noble razón para traerle conmigo, pero sin su fuerza bruta ahora mismo sería un cadáver. Además... yo solo no podría hacerlo. Es mi amigo, necesito su compañía y él debe entender que tengo que ir a buscar a mi hermana. Fuese como fuese, deberíamos ir los dos. Nuestra relación debería perdurar por mi bienestar... a pesar de resultar egoísta. Pensé que seguro estaría encantado de abandonar esta casa sin provisiones y asediada por los infectados, de regresar a la seguridad de la estación y vivir todos como una gran familia. Fue entonces cuando mi conciencia quedó algo aliviada.
Me aderecé como pude, me cambié por fin de ropa y salí casi corriendo escaleras abajo para comunicarles a todos mis planes. Ya era entrada la noche, seguro que madrugada. Esperaba que aún siguieran despiertos. Mientras bajaba de dos en dos los escalones, pensé en que debíamos trazar un plan para salir de aquí. Seguro que a Rodrigo se le ocurriría cualquier barbaridad y todo saldría bien. En el salón rastro de nadie, más que de mi ataque destructivo. Los llamé por toda la casa, pero nadie contestó. Recorrí alterado todas y cada una de las habitaciones de mi casa, pero, gracias a mi recobrada ilusión, tardé en darme cuenta que realmente estaba solo en casa. No quedaba nadie, ni vivo, ni muerto.
Me habían abandonado.
Después de presentarnos, mientras almorzábamos la poca comida aprovechable que quedaba en mi casa, las chicas nos contaron su historia. Eran amigas desde la infancia, cuando Sheta vino desde Bulgaria con su familia. Vivían hasta "el incidente" en un barrio cercano de la capital, a pocos kilómetros de aquí. Por diversas circunstancias, acabaron bajo la "protección" de Sara y compañía. Realmente toda la conversación vino por parte de Sheta, ya que Udane no había dicho ni una palabra desde que llegó aquí. A saber si tenia algún tipo de trauma, pero no quise indagar. Realmente no quería involucrarme con ellas, creo que su compañía nos traería mas mal que bien... una carga, vamos.
Las chicas eran monas, apenas pasaban de los 20 años y eran atractivas. Udane más que Sheta, pero ésta lo suplía con mucha labia. Quizás se veía en deuda con nosotros por lo que nos pasó en su casa, o por haberlas acogido y por eso se la veía tan simpática y amable.... Cuando hablamos con ellas, me sentí mal por haberlas abandonado cuando no quisieron venir... pero creo que a estas alturas, si no miras por ti mismo... no durarás mucho. Además, tampoco tenia muchas posibilidades de "rescatarlas" tal y como estaba, y al final ellas supieron ponerse a salvo.
Finalmente, la conversación terminó en averiguar la mejor forma para volver a la otra casa a por nuestras pertenencias y suministros. Mi casa estaba vacía, ya que me había ocupado de dejarla lista para varios meses de ausencia, y no podríamos mantenernos aquí durante mucho tiempo. Aun así, en comparación al resto de casas de la urbanización, era un pequeño fortín. Era la única con tapia de ladrillo, herencia de sus antiguos dueños, y creo que también la única con suministro eléctrico gracias a unas pequeñas placas solares que puse al poco de llegar de la mudanza. La potencia era limitada, pero más que suficiente para actividades básicas. Comprobamos lo que nos temíamos, todos los canales de TV estaban muertos, al igual que la FM y la AM de la radio. Estábamos solos.
Fue cuando revisaba mi casa... cuando descubrí la luz roja del contestador. Comprobé el teléfono, el cual evidentemente no daba señal. Y pulsé el fatídico botón que reproduciría los mensajes.
Al principio había varios mensajes de amigos, familiares, que no recordaban que no estaba. Me llegaron sentimientos de nostalgia, tristeza, añoranza... recordando esos pequeños detalles que conformaban mi vida antes de que sucediera todo esto. Incluso había un mensaje de Movistar, ofreciéndome algo que ya ni recuerdo. Pero fue cuando escuché a mi madre, cuando oí su voz metalizada a través del viejo contestador, cuando se me encogió el corazón. No esperaba que ella también me hubiera dejado un mensaje. ¿Que querría?
A medida que fui escuchando sus mensajes, la desesperación y el desasosiego se iban adentrando en lo más profundo de mí ser. Lentamente fui escuchando como mis padres estaban preocupados por mi. Como me avisaban que iban a uno de los fatídicos puntos seguros, de cómo habían conseguido escapar milagrosamente de la trampa mortal en que aquello se convirtió. También un mensaje de mi hermana, dándome un mínimo de esperanza de que ella consiguiera salvarse. Mensajes de como mis padres acabaron encerrados. Atrapados. De como estaban sufriendo el asedio de los no muertos. De como mi padre murió dando la última esperanza a mi madre. En esos momentos lloraba arrodillado en el suelo, con el corazón latiendo fervorosamente, como si fuera a estallar. Con el estómago contraído. Todo mi cuerpo reaccionaba al trauma que estaba viviendo. Empecé a oír los desesperados gritos de mi madre, en el último mensaje. Me pedía, desesperada, ayuda. Yo estaba ahí, pasmado, escuchando como le atacaban y la devoraban viva. No pude más que vomitar y quedar rendido en el suelo, tiritando a pesar que no tenía frío.
Rodrigo apareció, percatándose de mi ausencia, y debió verme ahí tendido. Cuando se acercó, yo simplemente lo oía como algo muy lejano. Como si se tratara de una voz que hablaba en sueños. Intentaba hacerme reaccionar, me zarandeaba, me gritaba. Pero mi mente estaba muy lejos de allí. Estaba con mis padres, en su casa. Con mi hermana, riéndonos todos juntos. Nada había pasado, seguíamos igual de unidos, felices, contentos. Pero Rodrigo tuvo que traerme de vuelta. No podía dejarme con mi familia, en ese pequeño momento de paz que había conseguido. Me devolvió a un mundo en el que los muertos se levantan, en los que desean devorarte vivo y en el que me encontraba totalmente solo, con mi familia convertida en esas cosas. La rabia se apoderó de mi, y empecé a arrasar con todo lo que tenía a mi alcancé. Lloraba y gritaba a la vez, empecé a odiar al mundo, deseé estar muerto. Que todos se fueran, que me dejaran morir en paz. Arranqué de un tirón el contestador y subí corriendo por las escaleras, para finalmente encerrarme en mi cuarto y tirarme en la cama. Enchufé de nuevo el contestador y pasé lo para mi fueron horas escuchando una y otra vez la cinta, mientras lloraba desconsoladamente. Lo último que recuerdo, es que caí dormido cuando ya no me quedaba ni una sola lágrima más que poder soltar.
(Séptima parte)
Mi compañero terminó de arrastrar al infectado, que por una curiosa circunstancia, estaba inmovilizado. Cerramos la verja antes de que se acercaran los podridos que aún se encontraban a lo lejos, y me postré a los pies de nuestro especial invitado.
- Querido Rod, te presento al tío más idiota del mundo. Se hacía llamar Max Power. - le digo mientras mi amigo me mira anonadado
- ¿Qué? ¿Como Homer en...? - le contesto asintiendo con la cabeza y los ojos bien muy abiertos. Esto provoca que Rodrigo se eche a reír y yo no pueda resistirme a acompañarle.
- El menda era el personaje más prepotente que pueda existir. Se creía el mejor del mundo, preparado para cualquier cosa y despreciaba a todos.... y mírale. Bastardo... tuvo lo que se merecía. Te he hecho traerlo porque estoy seguro que en esa desproporcionada mochila tendremos muchísimas cosas de valor... - mientras lo dije le solté un puntapié en las costillas. El condenado se revolvió, intentando alcanzarme con más ansia, pero sin éxito. Gozaba de una gigantesca herida en la cara. Sin duda un mordisco en toda regla... A saber que idiotez cometería.
- Entonces... ¿qué hacemos con él? - me preguntó Rodrigo.
Me quedé pensativo, pues me caía tan sumamente mal el tipejo que no quería darle descanso. Pero sería peligroso confiar en que no se movería de ahí.
- Mira, vamos voltearle y sacar todo lo que tenga en esa mochila. Después, se la rellenamos con piedras que me sobraron del revestimiento de la tapia que tengo ahí amontonadas y... - entonces observé como me miró Rod al verme las crueles intenciones que tenía y cedí a su bondad. - Veeenga. Acaba con él y luego revisamos el macuto.
Rodrigo se acercó hasta el montón de piedras que había citado hace un momento, y cogió un pequeño pico que había usado en su día para romper algunas piedras que quedaban demasiado grandes. Sin mucho esfuerzo, se lo clavó en la cabeza y dio paz a su alma.
- Deberíamos ir dentro, me estoy congelando de frió. - Me dijo Rodrigo tras terminar el trabajo. Cuando lo dijo, caí en la cuenta de que yo estaba en la misma situación. Pensé en entrar en casa, agarrar algo de ropa y...
Y entonces caí en la cuenta de que por fin estaba en casa. Pero nadie había salido a recibirme. Ni la entrada estaba protegida. No me olía nada bueno de esto, y fue cuando temí que nadie estuviese esperándome para darme una calurosa bienvenida.
Fuimos hasta la entrada de mi casa, e intenté abrir la puerta. Evidentemente, estaba cerrada. Vaya detalle más tonto. Por supuesto, para entrar necesitaba las llaves, y recordándolo, se habían quedado en las mochilas que nos quitaron las feminazis. Las llaves de mi casa, las de la mansión del ruso, las del velero, el manojo de llaves que también teníamos de la plataforma... En definitiva, las llaves de nuestro camino a un lugar seguro.
Rodrigo me miró sorprendido, él tampoco había caído en la cuenta de la pérdida. Pero yo estaba medianamente aliviado. Le pedí que se tranquilizara, que yo había visto muchas películas. Retrocedí hasta una de las losetas que formaban un pequeño camino en el jardín, y al levantarlas pude contemplar con alivio que el juego de llaves de emergencia seguía allí. Por fin conseguimos entrar en casa, y ponernos algo de ropa. Yo no tuve problemas, pero no tenía nada de tallas gigantes para Rodrigo. Se tuvo que conformar con un albornoz que le quedaba apretadísimo y una manta que se echó en los hombros. Cuando consiguiéramos regresar a la casa de las feminazis, intentaríamos recuperar también la poca ropa de Rodrigo.
Fue al poco de estar cómodos en el sofá, descansado de la terrorífica mañana, después de registrar toda la casa y comprobar que mis especulaciones eran ciertas, cuando oímos el timbre de la puerta. El susto fue mayúsculo, pues no esperaba ni que hubiera electricidad para el timbre (que fue entonces cuando recordé las pequeñas placas solares, aleluya) ni mucho menos que los infectados hubieran entrado ya y encima supieran tocar el timbre. Con cautela nos acercamos a la puerta y espié por la mirilla.
Eran las dos chicas que se habían quedado rezagadas en la ladera. Increíblemente, habíanpedían entrar. Tras una pequeña discusión, Rodrigo me obligó a cobijarlas. Al entrar, nos abrazaron cariñosamente y nos pidieron perdón por todo, haciendo incapié en que ellas no aprobaban el trato vejatorio que sus compañeras daban a los hombres y que solo estaban con ellas por protección.
conseguido salir con vida y nos
Las invitamos a sentarse con nosotros y que nos relataran su historia.
- Bueno, contadnos.. ¿Cómo os llamáis? - le pregunté a la más habladora, para ir rompiendo el hielo.
Poco después de la pequeña charla con el capitán, estáis listos para partir. Cruzáis la puerta de la base, con algunos infectados merodeando a lo lejos, pero los ignoráis, son lentos y vosotros tenéis otros objetivos. Finalmente a tu grupo se han unido el teniente, que se presentó como Raúl León y tres soldados más de los que ya te has olvidado de sus nombres. Pesadamente camináis por la carretera, hacia el sur, dirección Madrid, por donde se perdió la comitiva religiosa. El frío aún te engarrota los músculos pero poco a poco se van desperezando, para que finalmente podáis adoptar un buen ritmo de marcha. La pequeña Alicia va en los hombros de Belmiro, al que parece no importarle llevar la liviana carga.
Todo apuntaba a que sería una mañana tranquila, un paseo por el exterior en que no encontraríais nada fuera de lo normal. Pensabas que esa comitiva se habría perdido en el hervidero de la ciudad y jamás sabríais más de él, pero no pasó ni media hora cuando tenéis que salir corriendo de la carretera para ocultaros entre un grupo de árboles. Los religiosos aparecieron por la carretera caminando hacia vosotros. Esperas acurrucado junto con el resto del grupo a que pasen al lado vuestra, deseando que no se percataran de vuestra presencia.
De un vistazo observas que esta vez no llevan a ningún rehén, aunque si cargaban con lo que seguro habían sido sus cadenas, y tampoco están tocando los tambores. Finalmente se pierden carretera alante, y salís de vuestro escondrijo.
- ¿Eran los mismos que visteis? - Os pregunta directamente el teniente Raúl.
- Iban todos encapuchados, como ahora, pero yo diría que si. Aunque iban con los rehenes, atados con las cadenas que llevaban ahora. No sé que habrán hecho con ellos.
- Pues vayamos a averiguarlo, parecen volver de a donde demonios iban ayer. Ramírez y Noriega, vosotros corred a seguirles hasta donde podáis, para ver a dónde narices van, y volver a la base a informar al capitán. Os acompañara él, que conoce la zona - Dijo mientras se refería a Belmiro - Nosotros vamos a seguir la pista de los civiles que iban encadenados hasta donde podamos, y volveremos de igual forma a informar.
Esto no te gusta nada. Pero nada de nada. Empezaban a separaros, y eso os debilita. No quieres separarte de tu amigo, pero la imposición de los soldados armados no os dejan otra opción mas que agachar la cabeza y aceptar la nueva situación. Udane, Alicia y tú os despedís calurosamente de él, prometiéndoos mutuamente que os volveréis a ver en unas horas de nuevo en la base. Y con toda tu alma deseas que esa promesa se vea cumplida.
Finalmente, los tres se marchan mientras tu miras con preocupación como tu amigo se aleja. No será la última vez que nos veremos, compañero. Por mis huevos que no. Una vez habéis perdido de vista al otro grupo, empiezas a pensar en que hay que hacer algo urgentemente. No vas a dejar que os separen así como así. Miras al teniente y al otro soldado, y empiezas a valorar las fuerzas. Dos soldados, con experiencia en combate y lucha, contra un delgaducho como tú, una chica menuda y delicada, y una niña. Cojonudo. Está claro que por la fuerza no iba a ser, a si que continuas caminando a expensas de que se presente la situación propicia. Y fue cuando aún le dabas vueltas a la cabeza intentando trazar un plan, cuando la oportunidad se presentó delante de vuestras narices.
Un "pequeño" vehiculo militar atascado entre dos árboles que casi los arranca de cuajo, llama soberanamente la atención a los dos militares. Por las huellas de la calzada, el vehiculo había maniobrado bruscamente y había acabado saliéndose brutalmente de la calzada llevándose por delante incluso las barreras de protección de la carretera. Con prudencia, os acercáis todos hasta la mole de metal verde oscuro para inspeccionar el accidente. El vehículo parecía estar en buen estado y estar destinado al transporte de heridos, pues tiene pintada una gran cruz roja en los laterales, ruedas en vez de cadenas y sin armas a la vista. Mirándolo detenidamente, al observar que está cerrado a cal y canto, piensas que o bien los accidentados siguen dentro, o los que salieron se preocuparon de dejarlo a buen recaudo. Algo extraño, por otra parte. Pero es Alicia la que confirma tus sospechas. Tímidamente te tira de la manga, y la coges en brazos para preguntarle en un susurro qué es lo que sucede.
- Hay dos personas malas muy cerca, encerradas por ahí - te dice en un tono apenas audible, al lado de tu oreja, mientras señala directamente al blindado. Vuestra oportunidad había llegado.
- Del Prado, ayúdeme a abrir las puertas del BMR - Dice el teniente mientras se acercan los dos militares a la parte trasera del vehiculo. Agarran la palanca, pero no consiguen ningún resultado.
- Señor, ¿y si entramos por la escotilla de arriba? - comenta el soldado mientras siguen tirando con fuerza.
- Cállate y tira ¡está atascada, pero ya empieza a abrirse! ¡¡Tira!! - Los dos soldados acaban gritando del esfuerzo y por fin se oye un sonoro "CLACK" cuando la compuerta de atrás se abre y cae pesadamente al suelo. El soldado se aparta apresuradamente y cae de espaldas al suelo, mientras que el teniente por casi acaba de igual forma, trastabilland y apoyándose con las manos en el suelo. Pero es justo cuando el trasero del soldado toca el suelo, cuando una figura aparece de dentro y literalmente se tira encima del hombre, que grita aterrorizado.
Sin duda era un infectado, y ya le estaba destrozando la cara a mordiscos cuando el teniente se acercó apresuradamente a intentar ayudar. Pero la situación se complicaba por momentos cuando una segunda silueta aparece del oscuro interior del blindado y se abalanza de igual forma encima del pobre hombre queseguía revolcándose de dolor en el suelo.
Ya están los dos afuera. Esta es la oportunidad que necesitábais. Con Alicia en brazos, agarras fuertemente la mano de Udane y sales corriendo al otro extremo del blindado, dejando al teniente bien ocupado intentando quitar de encima de su compañero a los dos hambrientos infectados. Subes a la pequeña niña encima del blindado, y ayudas a subir a Udane. Una vez las dos arriba, de un salto consigues subir y buscas esa escotilla de la que habló el desgraciado soldado. Al verla, no te resulta difícil abrirla y colarte dentro del vehiculo. Miras por la puerta abierta de atrás y ves al capitán lidiando aún con la brutal carnicería de su compañero, sin percatarse de vuestra ausencia. Apremias a Udane para que te pase a Alicia, que la dejas sentada en el suelo pidiendo que no se mueva y haciendo señas a la otra chica para que baje con vosotros.
Cuando te acomodas en el asiento del piloto te das cuenta de tu osadía. ¿Seré capaz de conducir esta cosa? ¿Seguirá en condiciones de arrancar y salir pitando deaquí? ¿Podrá desencajarse de entre los dos árboles?
Realmente da igual. No tenéis otra opción para escapar de ellos.
Estás muy nervioso, este hombre te pone la piel de gallina y no te da nada confianza. Solo quieres salir cuanto antes de aquí y perder de vista a este psicópata.
- Hace dos días mandé a dos de mis hombres para que los siguieran, y aún no han vuelto. - Respiras aliviado, al final no tenia nada que ver contigo. - Tenían órdenes de seguir a un grupo de colgados que cruzaron la carretera, enfrente de nuestras narices. Iban vestidos... como... joder. Como los racistas yankees.
- ¡Ah, ya! El cucurucho clan ése. - Suelta Belmiro, mientras tu intentas aguantar la risa - Nos'emos cruzao con ellos mientras veníamos. Tien pinta de fanáticos religiosos, y llevaban gente encadená. Iban pa Madrí - le dice al capitán, señalando hacia el sur con el dedo.
- Ya veo. Cuando pasaron por aquí, iban en la otra dirección, hacia el norte. Pero no llevaban rehenes... - El capitán mira al cielo, observando el firmamento - No quedan más de dos horas de sol, es inútil salir ahora. Mañana a primera hora, acompañaréis a un pequeño grupo de reconocimiento tras esos lunáticos a ver dónde carajos se dirigían con esos rehenes, y a intentar averiguar algo sobre mis dos hombres desaparecidos.
- ¡Eh! Pera pera pera, capitá, ¿quien t'a dicho...?
- Mi rango es capitán, a si que le ordeno que se dirija a mi con la respectiva graduación. - Le interrumpe el oficial, subiendo el tono
- Pueso, capitá. - Notas como se le va hinchando una vena en la frente al militar - ¿Quien t'a dicho que queramos acercarnos a'sa gentuza?
- Yo lo digo. Queréis acercaros a esa gentuza.
- ¿Ah si? ¿Y por qué querríamos? - respondes esta vez tu, cuando comienzas a irritarte
- No sé, quizás ¿por protección? Cuando terminarais la misión, permitiría que os quedaseis con nosotros... - Imposible, es imposible confiar en este hombre. Seguro que os despacharía bien.
- No necesitamos ná de vosotros, nos hemos apañao mu bien solos. - Ahora es Belmiro el que sale en vuestra defensa.
- Vale, pues entonces queréis porque yo tengo dos como estas y vosotros no. - Según dicta la frase, coloca la boca del cañón bajo la barbilla de Belmiro. La tensión es enorme, y no evitas imaginar lo que sucedería si el canalla del Capitán apretara el gatillo.
Pero por suerte no lo hará, sólo os intimida. Os necesita, y lo ha dejado claro. El no puede abandonar la posición, está a la espera de órdenes. Pero tampoco puede dejar que unos locos religiosos anden rondando por "sus dominios".
- Y ahora, tirando de vuelta a casa. - Exclama el oficial mientras pega un soberano empujón a Belmiro para hacerle andar. Éste vuelve la cara para lanzar una mirada desafiante que haría estremecer a cualquiera, excepto a esta persona que parece carecer de alma.
Resignados, volvéis de nuevo al edificio. En la segunda planta, os asignan una habitación a cada uno, aunque conseguís que Alicia se quede con Udane. En el pasillo, un militar os impide abandonar vuestras estancias. Las horas pasan, la noche invernal cae pronto y son pocas las palabras que consigues intercambiar con Belmiro o las chicas, solamente destinadas a levantar el ánimo, asomados por la ventana.
La cena consiste en unas raciones de emergencia del ejército que sabe a rayos, pero algo hay que comer. Ya solo queda dormir y esperar lo que acontezca mañana.
[...]
Unas patadas en la puerta te sobresaltan ¿Ya ha pasado toda la noche? Afuera aún está oscuro, pero imaginas que no te dejarán quedarte hasta las 12 en la cama. Te levantas a regañadientes, y te vistes. Al salir, Belmiro ya os está esperando, a si que te encaminas al dormitorio de las chicas. Al entrar, compruebas que sea donde sea, Udane es Udane. Sigue durmiendo a pierna suelta, mientras Alicia la toca el brazo tímidamente para despertarla.
- Alicia... ya sabes que así no vas a conseguir nada. - Te acercas a la cama, y cogiendo el colchón lo levantas y lo dejas caer varias veces, provocando un pequeño terremoto en la cama de la chica. Finalmente, parece estirarse y volver a la realidad.
Sales del cuarto, esperando que se vistan, y al rato estáis los cuatro enfrente del teniente que os acompañó hasta las taquillas.
- Tomad, en este termo hay café caliente. - Os dijo mientras os alcanzaba también unos paquetes de galletas. - Desayunad rápido, salimos enseguida.
Bajáis un piso, y en el rellano de la primera planta os espera el maldito capitán, con otros dos militares a su lado.
- Ya era hora que os levantáseis. Las mujeres que se queden en el cuarto, solo os necesito a vosotros dos.
- Ni hablar. - Apenas dejas que termine la frase, cuando intervienes. - O vamos todos, o de aquí no se mueve nadie.
- Solo son una carga. Se quedan, y punto.
- Señor, perdone la intrusión. Pero creo que sería mejor que vinieran, necesitamos su entera colaboración y nos resultaría mas sencilla la operación. - El teniente sale en vuestra defensa, afortunadamente, pues no tenias esperanzas de conseguir nada de ese hombre
- Teniente... Su bondad acabará pronto con usted. Haga lo que quiera, ¡pero, maldita sea, hágalo ya! - Se da la vuelta y se pierde por el pasillo, mientrasrespiráis aliviados.
- Gracias... - Le susurras por lo bajo. Una aprobación con su cabeza es más que suficiente para entender que no todos apoyan al capitán.
Al momento de sostener el peculiar diario entre tus manos y leer el título, una rápida mano aparece y te lo arrebata en un abrir y cerrar de ojos. Cuando te vuelves, descubres a Udaneescondiéndolo detrás suya. No comprendes que sucede, pero la chica está muy alterada y parece evitar que lo leas.
¿Será otro intento de que no vuelva al pasado? ¿Por qué se empeña en que no lo haga?
¿Es que acaso me conoce de antes?¿Sabe lo que hay en este cuaderno? ¿¡Qué sucede!?
Te acercas a ella, con gesto amistoso para que te devuelva la bitácora. Ella niega rotundamente con la cabeza, y por más que insistes, ella no cede. Empiezas a perder la paciencia, a si que te das la vuelta para no enfadarte de veras con ella. Vuelves a la mochila, y revisas el resto de lo que se supone que son tus pertenencias. Algo de ropa, unas llaves,bolígrafos y lápices para el cuaderno, utensilios de aseo y poco más. Lo que más te llama la atención, es un reproductor de música, pero no hay ni una triste cartera o identificación. Todo lo útil que podrás sacar de ti se encuentra en el cuaderno que ha secuestrado Udane.
Vuelves a guardar todo en la mochila y te la cuelgas en la espalda. Regresas a la esquina donde se refugia Udane, e intentas conversar con ella, ahora que te encuentras más calmado.
- ¿Udane... me devuelves el cuaderno, por favor? - le preguntas con voz amistosa, pero ella te recibe con otra negación rotunda con la cabeza.
- Es que... ¿Sabes que ese cuaderno? - ella asiente tímidamente.
Tus sospechas se confirman... Ella te conoce de antes, y no te ha dicho nada.
¿Qué está ocultando? ¿Por qué me niega el derecho de saber quien soy?
Entonces recuerdas tu encierro. Algo habías hecho. Y seguramente no tuvo que ser algo bueno, para que te golpearan y te arrojaran a una celda junto con un infectado. Ella debe saberlo, y lo que hace... ¿es protegerte de tu pasado?
La cabeza te da vueltas, intentando comprender todo. Es un gran puzzle en el que tienes muy pocas piezas y las más importantes no están. Ese cuaderno puede que tenga las que te faltan, pero antes debes conseguir que Udane te lo entregue.
- Esto... perdonar que os interrumpa, pero creo que deberíais iros - el teniente se asoma por el marco de la puerta para comentároslo - Lo siento, pero han sido órdenes del capitán. Recoger lo que era vuestro e iros.
- Si, si, no se preocupe. Enseguía nos vamos ¿verdad chicos? En luego seguís con eso. - Belmiro, que tiene a Alicia cogida de una mano, y la correa del mapache en la otra, tiene razón. Ya habrá tiempo de sobra para convencer a Udane.
Seguís al teniente hasta la puerta del edificio, y al mirar afuera veis los restos de las batallas que ha sufrido la base. Los cuerpos putrefactos que yacían cuando Belmiro te liberó y ahora los de decenas de podridos que habían caído bajo el fuego amigo. Toda la plaza estaba teñida de rojo sangre...
- Os acompañaremos hasta la puerta... para que no haya ningún problema. ¡Ramirez y Tolosa! - Vociferó por uno de los pasillos. Al momento aparecieron al trote dos jóvenes soldados - Vamos a a escoltar a nuestros invitados hasta la salida ¿entendido?
- Pero señor.. ¿vamos a abandonarlos allá afuera? - preguntó uno de los soldados, al que le temblaba un poco la voz.
- Ya conoce las órdenes del capitán, no podemos acoger refugiados hasta que...
- ¡Ea ea! Qu'emos resistío hasta ahora, sabemos cuidarnos prefectamente - Interrumpe Belmiro al teniente, mientras se da dos sonoras palmadas en el pecho - Enga, vámonos.
Justo antes de emprender la marcha, una mano aparece por detrás y detiene al oficial.
- Tranquilo teniente, que yo iré en su lugar. Quiero preguntarles un par de cositas por el camino. Quédese cuidando de la casa...
- Si, mi capitán... - es lo último que alcanza a decir el teniente, quedándose atrás.
Sin añadir nada más, empezamos a caminar en dirección a la salida de la base. Estás tenso, esperando las preguntas del capitán, temiendo que haya descubierto algo de tu encierro y las causas del mismo. Pero de repente, un alarido rompe drásticamente la tensión. Uno de los soldados que os acompañaban se pone a saltar y a agitar los brazos.
- ¡¡Quítamelo!! ¡Aaaah! ¡Mi capitán, quítamelo! - Daba patadas al aire con su pierna, de la que colgaba una cabeza.
Debía ser una de las que decapitó Belmiro, que aun a pesar de estar separadas de su cuerpo, permanecen vivas hasta que se le dañe directamente el cerebro. El caso es que había conseguido morder los cordones de la bota del militar, y se aferraba a ellos fuertemente, resistiendo los zarandeos del asustado soldado.
El oficial saca su pistola de la funda y se restriega irritado la otra mano por la cara. Finalmente, se acerca hasta él y le descerraja un tiro en el pie al soldado. No entiendes su acción, hasta que ves que el tiro es tan potente que ha atravesado su extremidad y consigue acertar a la cabeza viviente. No sabes si ha sido pura suerte, o que realmente el oficial tiene una puntería tan endiablada como su mala hostia.
El soldado sigue dando alaridos, pero esta vez de dolor. Con ayuda del otro compañero, se retira cojeando de vuelta al edificio de donde salísteis. Os encontráis a solas con el capitán, que aún no ha guardado la humeante pistola.
- Bueno, como decía, quería preguntarles un par de cositas...
Cuando empezaron a caer masivamente, no presté ninguna atención a ver quien era atrapado por la lluvia podrida y acababa arrastrado directamente hasta el infierno, solo me preocupé por mi pellejo y rezar para que mi amigo y el escuálido tuvieran la misma suerte. Corrimos desesperados por la ladera, tropezando y escurriéndonos cuesta abajo, acercándonos peligrosamente hasta el final de la pendiente donde nos esperaba la muchedumbre. Conseguíamos recuperar altitud, pero empezaba a ser demasiado agotador.
Fue entonces cuando se puso la guinda al pastel.
Uno de los kamikazes se llevó por delante al delgado hombre que iba encadenado detrás nuestra. Rodrigo recibió un fuerte tirón que le hizo perder el equilibrio, y lo mismo me ocurrió a mi en la reacción en cadena. Caí rodando de espaldas, hasta que otro tirón del cuello me frenó súbitamente.
Mientras me empezaba a asfixiar, vi cómo la cadena se había enganchado en el tocón de un pequeño árbol, salvándonos de la caída. Sin embargo, oí a un hombre gritar y miré hacia abajo. Era el Escuálido. No había tenido tanta suerte y le estaban devorando los pies. Rodrigo, un poco mas abajo, conseguía rehacerse y ponerse en pie de nuevo. Se acercó como pudo hasta mi y consiguió ayudarme a ponerme en pie. Los infectados seguían cayendo y rodando alrededor nuestra, y miré hacia nuestro objetivo. Identifiqué rápidamente la alta tapia de mi casa, un par de chalets mas adelante. Se lo dije a Rodrigo y reemprendimos la marcha a duras penas, sobre todo mi amigo, que tenia que arrastrar ahora el cuerpo del hombre que aún gritaba y pataleaba al aire. Observé al resto del grupo y vi que solamente quedaban dos de las mujeres. Estaban lejos, allá adelante, justo a la altura de mi casa y acurrucadas contra la pared de piedra mientras los infectados caían a su alrededor. Seguimos avanzando, y finalmente Escuálido dejó de gritar. Seguramente ya le habíamos asfixiado, pero ya nos daba absolutamente igual. Milagrosamente conseguimos llegar hasta mi parcela, y volví a mirar a las chicas cuando advertí que eran las "buenas" del grupo.
Les grité, diciéndolas que esta era mi casa, pero el miedo las tenia paralizadas y no se movieron de lo alto de la ladera. Les mandé al diablo, no íbamos a arriesgarnos por ellas una vez que estábamos casi a salvo... a si que corrimos por el jardín de mi vecino para salir a la calle principal e intentar entrar a mi jardín. Al tomar la calzada, vimos que había demasiados podridos por todas partes, incluso delante de la puerta de la tapia. Pero ya de eso se ocuparía mi ángel de la guarda. Rod, mientras resoplaba cansado por la carrera y con gesto de hastío e irritación, se llevó las manos al cuello y agarró el cinturón de cuero con todas sus fuerzas. Consiguió reventar el pequeño candado y quedamos por fin separados.
El tiempo apremiaba, y ya teníamos al lado a un maldito infectado con ganas de echarnos el diente. Sin pensarlo dos veces, Rod se echó encima suya y de un puñetazo en la cara lo dejó inmóvil en el suelo. No sabía si conmocionado, o muerto, pero si fue lo segundo, la fuerza de Rod era espeluznante. Aun así, era demasiado peligroso luchar cuerpo a cuerpo, sobre todo yendo desnudos como estábamos. Miró en todas direcciones buscando algo que usar, mientras se acercaba un pequeño grupo de tres. Al bueno de Rodrigo no se le ocurrió otra cosa que acercarse a una pequeña Vespa de Correos que estaba abandonada en el suelo. No podía creer lo que veía, y no es que sea homosexual, pero era impresionante admirar como los gigantescos músculos de mi amigo reaccionaron y se hincharon al levantar la pequeña motocicleta. La sostuvo sobre su cabeza como si fuese una simple bicicleta, y se la lanzó encima a los infectados. Irremediablemente estos cayeron derrumbados de un solo golpe. No estaban muertos, pero sí habíamos ganado tiempo.
Volvió a buscar otro arma, y antes de que se le ocurriera levantar el pequeño Fiat que teníamos detrás, le di una idea de arma que para él, y sólo para él, sería viable. En el suelo, arrancada de cuajo, reposaba una señal de stop. Al parecer, y siguiendo las huellas de la calzada, una furgoneta se la había llevado por delante antes de estrellarse contra la casa de un vecino. Rod captó la idea al instante, y se apresuró a cogerla. Comenzó entonces un espectáculo digno de cualquier circo de forzudos. Rodrigo, usando la pesada señal de tráfico, les rompió la cabeza a la mayoría de infectados que empezaban a rodearnos. Pero se reservó lo mejor para los dos últimos, que estaban entre la puerta de mi parcela y nosotros. Le dio la vuelta a la señal y los ensartó como si fuesen un pincho moruno, gracias al afilado pico que tenía al haber sido arrancada.
Corrimos por fin hacia mi chalet, saltando por encima de los cadáveres que la bestia bruta de Rodrigo había sembrado por toda la calle. Pero el último cuerpo en el que me fijé, fue el único que de verdad llamó mi absoluta atención. Tanto, que le pedí a Rodrigo que tirara de él hasta la seguridad de mi jardín. El me miró extrañado, pues no era un cadáver. Era un infectado.
Corriendo por el camino tomé conciencia de que otra vez volvíamos a estar atrapados, con dos direcciones a seguir. Adelante o atrás. El problema es que el "atrás" ya no era viable. Justo antes de salir de la casa, los infectados habían roto una gran cristalera del salón, adentrándose en la casa, y otros tantos ya habían tomado el camino desde la carretera de entrada a la urbanización y pronto nos pisarían los talones. Solo podíamos avanzar, pero el problema se agravaba ya que delante nuestra también aparecían los primeros infectados cortándonos el paso. Durante un segundo nos detuvimos, mirando a todas partes. Nos tenían acorralados.
La única opción que tuvimos fue empezar a subir a duras penas por la pendiente de la colina. Los pies se escurrían y nos costaba un esfuerzo sobrehumano escalar esa pendiente, pero conseguimos ponernos fuera del alcance de esas bestias. Si para nosotros era difícil subir, para ellos era imposible gracias a su torpeza. Por otro lado, nosotros tampoco podríamos subir mucho más, pues ya habíamos alcanzado una pared de roca. Arriba estaba la carretera que serpenteaba por la colina. Nos sentamos dos minutos, agarrándonos a pequeños matorrales para no caer, mientras pensábamos qué hacer. Fue entonces cuando la jefa ordenó seguir hacia adelante, hacia mi casa, andando por la pendiente. Con cuidado conseguíamos avanzar, pero íbamos demasiado lentos. La muchedumbre de podridos cada vez se hacia mas concurrida bajo nosotros, mientras esperaba que su comida se deslizase ella sola hasta su alcance. Y era cierto, si alguno de nosotros tropezaba y caía rodando ladera abajo, seria engullido sin remedio por la horda. Para mejorar las cosas, los tres hombres estábamos descalzos y encadenados por el cuello, dándonos tirones mutuamente y haciéndonos perder el equilibrio. Si caía uno, arrastraría al resto...
- ¡Maldita sea! ¡¡De donde han venido tantos cabrones!! - Sara, la líder del grupo, empezaba a desesperarse, mientras intentaba avanzar entre traspiés y traspiés.
Ella no tenía conocimiento de por qué habían aparecido tantos infectados de repente, pero nosotros si. Seguramente eran los de la autopista, que habían seguido durante toda la mañana la dirección por la que se alejó el ruido del motor. Eso significaba que habían venido centenares de ellos detrás de nosotros.
Debería haber caído en la cuenta de lo que nos iba a suceder en aquel momento, pero hasta que no vi caer delante de mis narices pequeños terrones de arena, no comprendí lo que se nos iba a echar, literalmente, encima.
Como un rayo fugaz, algo cayó delante de mis ojos y se llevó a la cuarentona ladera abajo tan rápido como apareció. La caída fue acompañada con un angustiado grito, mientras la mujer rodaba cuesta abajo junto con otro cuerpo. Ellas se miraron anonadadas, pues no faltaba nadie más. Yo por el contrario, estaba mirando hacia arriba.
En lo alto de la pared de roca, asomados al vacío, se encontraban decenas de infectados mirando para abajo. Tenían sus brazos estirados hacia nosotros, en un impotente gesto de alcanzarnos, como sus vecinos que nos esperaban ladera abajo. Se hubieran lanzado a gusto encima nuestro, pero elquitamiedos de la carretera les impedía avanzar. Pero esa barrera era muy precaria, y uno de los que se apostaban justo encima mio, en el peculiar mirador, consiguió inclinarse lo suficiente para que la gravedad hiciera el resto.
- Rodrigo ¡cuidado por arriba! - fue lo poco que conseguí articular antes de que volviera a suceder. Corrí hacia delante, para dejarlo atrás, a pesar de pegar sendos tirones de la cadena a Rodrigo y al otro hombre. Nos libramos por los pelos, pero empezaron a asomarse más y más.
Eran todos los infectados que habían bajado por la carretera, o directamente colina abajo, siguiéndonos como había supuesto antes. No había caído en la cuenta de que estuvieran tan desquiciados como para arrojarse desde arriba a por nosotros, pero ya no quedaba duda de que en ellos ya no quedaba conciencia alguna.
Solo nos querían a nosotros, costase lo que costase.
Y por eso mismo creo que a los que se asomaban en primera linea no les importó que la marabunta se amontonara tras ellos y les dieran el empujón necesario para volar hasta nosotros.
(Tercera parte)
- Quítate de ahí - Me dijo Rodrigo con brusquedad
- ¿Cómo? - Pregunté, desde el asiento del conductor.
- ¿Sabes conducir un camión?
Supuse que era cierto, y no perdí tiempo en ir a la parte de atrás y dejar paso al grande de Rodrigo para que se acomodase al pilotaje del camión. Ciertamente un vehiculo así le venia muy apropiado a mi compañero.
- ¿Antes eras camionero? - Pregunté justo cuando acababa de colocarse el asiento.
- Nop - Responde mientras busca el contacto, mientras tu te quedas pensando entonces por qué sabe conducir este trasto.
- ¿Y cuando has conducido un camión?
- No lo he hecho. - Accionó el contacto, y el motor carraspeó, sin arrancar.
- ... ¿Y cuando has aprendido a...? - Aunque me imaginé la respuesta, no pude evitar preguntárselo. Al el tercer intento, finalmente el motor arranca.
- Nunca he aprendido a conducir algo mas grande que una furgoneta. Pero seguro que lo haré con mas calma que tú. - Aún estaba enfadado por el desastroso accidente de hace unos minutos, a si que no me atreví a rechistar ni lo más mínimo. Total, sabía tanto como él de pilotar este mastodonte.
Los infectados ya nos habían alcanzado, y comenzaban a rodear el vehículo, aporreándolo con energía, en un vano intento de caer bajo sus ensangrentadas manos. Aquí arriba estábamos a salvo, pero no podíamos quedarnos para siempre. Rodrigo metió la marcha y de un brusco acelerón, chocamos contra un turismo que se encontraba delante nuestra. A pesar de la colisión, nosotros prácticamente no lo sentimos. El turismo fue arrastrado hacia un lado mientras alanzábamos despacio. Veía como la mayoría de los infectados que estaban delante nuestra, se perdían debajo nuestra, pero el camión no se resentía ni lo más mínimo. Ni siquiera la amortiguación nos permitía sentir que los pasábamos por encima.
Poco a poco conseguimos echarnos al arcén, y continuar por él. Cada pocos metros nos encontrábamos algún vehículo que se interponía en nuestro camino, pero no era problema empujarlo lentamente para echarlo fuera de nuestro camino. No queríamos romper nuestra vía de escape, a si que íbamos tan despacio prácticamente como nuestros perseguidores. Aunque afortunadamente les ganábamos terreno con cada minuto que pasaba.
Pasaron casi 3 horas hasta que conseguimos salir del atolladero. Hubo un momento en el que pensamos lo peor, al haber un fuerte tapón de vehículos interponiéndose, pero lentamente los centenares de caballos del trailer pudieron mover los turismos que nos impedían escapar. Después de eso, seguimos por la autopista hasta la primera salida que encontramos, pues era la que por fin debíamos coger.
Tras unos minutos recorriendo la estrecha carretera que nos conduciría hasta mi casa, finalmente llegamos a la urbanización donde vivía. Se asentaba colina abajo, sobre una pronunciada pendiente. No confiamos en que los frenos del camión estuvieran en las condiciones óptimas, a si que decidimos apearnos tras no ver ni un alma viva, o muerta, en los alrededores.
Recogimos nuestras rudimentarias armas, y echamos a andar colina abajo, hasta tomar la calle donde se encontraba mi chalet. Quedaban nada más que unas casas más, cuando una voz nos sorprendió por la espalda.
- ¿Ves? Te dije que escuché un motor detenerse cerca, jefa.
Nos dimos la vuelta inmediatamente, y nos encontramos a dos mujeres, a las puertas de una de las parcelas. Ambas nos apuntaban con unas oscuras pistolas y una de ellas parecía vestir un uniforme policial.
- Ya veo, Barbie, ya. - Nos escudriñaban de arriba a abajo, con una extraña mirada - Tirar lejos cualquier arma que llevéis. Ahora.
No pretendíamos llevarle la contraria, ni mucho menos. Rodrigo tiró el palo de golf a unos cuantos metros, y yo hice lo propio con mi tubería.
- No llevamos nada mas, estamos desarmados... - dije intentando tranquilizar la situación.
- Nadie te ha dicho que hables, machito. - Su tono de desprecio y mirada de asco me provocó un escalofrío que no auguraba nada bueno. - Regístrales, Barbie.
La mujer que acompañaba a la que parecía tener la voz cantante se acercó hasta nosotros. Nos cacheo a conciencia hasta que finalmente le comunicó que estábamos limpios.
- Bien entonces. Toma, átalos. - Dicho esto, le pasó unas gruesas bridas con las que nos esposó. - Entrad dentro, y que no se os ocurra ninguna estupidez.
Comenzamos a caminar delante suya, entrando a un descuidado jardín para llegar hasta la puerta de entrada. Antes de entrar, oímos a nuestras espaldas:
- Y antes de que te adelantes, Barbie, yo me pido al tipo grande.
- Espera, ¡espera! - le gritaba a Rodrigo mientras corría detrás de él. Por fin aminora la carrera y consigo articular un par de palabras más. - ¿Estás seguro? Siempre podemos volver y buscar otro cam...
- Mira ahí atrás, idiota - Me espeta señalando con el dedo uno de los terraplenes que nos encerraban.
La visión era terrorífica. Por una de las salidas de la autopista, comenzaban a llegar centenares de infectados. Debían de llegar desde unos bloques de pisos cercanos, que pertenecían seguramente a una zona densamente poblada. Atraidos por el ruido del motor y los choques, habían visto como una buena idea venir a fisgonear. Ahora os habían visto a lo lejos, y venían a por vosotros.
- ¡Vamos, vamos, vamos! - Me grita Rodrigo, mientras comenzamos a correr esquivando los automóviles abandonados o estrellados, y los infectados que merodeaban entre ellos.
A medida que íbamos corriendo, la marabunta se iba haciendo mas concurrida y comenzaban a ocupar toda la autopista. Ya no era una opción volver atrás. Por fortuna estaban aún bastante lejos, pero cada vez se hacia mas difícil avanzar. Los vehículos comenzaban a estar mas apretados y juntos entre si, a si que no tuvimos otra opción que correr saltando de uno a otro.
Caminábamos sobre el mismísimo infierno. Bajo nuestros pies se encontraban los restos de un increíble accidente en cadena, que pocos habían venido a socorrer. Se veía alguna ambulancia desperdigada, pero no habían podido hacer nada. Era una auténtica masacre, decenas de cadáveres se encontraban aun dentro de los vehículos, gente mutilada, completamente aplastada entre el amasijo de hierros que anteriormente fue su automóvil. Sin embargo, ellos parecían los más afortunados.
Los supervivientes habían quedado atrapados a merced de los infectados, sin duda los causantes del accidente. Se podían ver toda clase de personas, contagiadas y aún dentro de sus vehículos. Hombres, mujeres, ancianos, niños... era escalofriante. Aún así, la mayoría estaban afuera, atrapados por su torpeza en el poco espacio que quedaba entre los automóviles siniestrados. Habrán permanecido ahí durante días, frustrados sin poder andar más que unos metros... hasta que hemos llegado nosotros.
Vamos saltando de coche en coche, por encima de ellos, que estiran sus ensangrentados brazos frustradamente. Un paso en falso, y caeríamos a los minúsculos fosos donde unos particulares cocodrilos nos descuartizarían vivos. Aun quedaba muchísima distancia por salvar, e íbamos tremendamente lentos, asegurando nuestros pasos y viendo el mejor camino a seguir. Mientras tanto, la manifestación podrida nos iba ganando terreno. Busqué desesperadamente una alternativa, y pronto grité a Rodrigo que me siguiera.
Sin duda era nuestra mejor oportunidad para salir vivos de ésta.
Un inmenso trailer, que se encontraba totalmente rodeado por pequeños utilitarios, parecía que nos podría ser de utilidad. Corrimos hasta él, y después de verificar que no hubiera nada malo dentro, conseguimos subir hasta la cabina. La parte negativa es que estaba demasiado cerca del terraplén, y pronto comenzamos a escuchar como caían los infectados y se golpeaban con los coches que habían intentado vadear el atasco por la pequeña cuneta. En cuestión de segundos, ya estábamos rodeados. Miré hacia atrás por el espejo, y vi la autopista como un olla hirviendo. Decenas de infectados se asomaban entre los vehículos, avanzando lentamente hacia nosotros. Los arcenes parecían un concierto de Metallica, salvo que todos venían a vernos a nosotros.
Estábamos condenados, y lo único que nos podía salvar es que esa maldita llave, que aún colgaba del contacto, arrancara el motor del camión. Diario de Navegación del velero "Sirena de los Volcanes"
A 5 de Febrero de 2006. Día 108.
Hola, soy Rodrigo, me imagino que se me habrá citado en este diario. Estoy escribiendo esto, ya que, literalmente, me lo han tirado a la cara con rabia mientras me gritaban "Escribe que todo se ha acabado, que el mundo es ahora un infierno y que no tenemos salvación". Como adivinaréis, ya ha conocido la situación de Madrid y se ha venido abajo. Razón por la cual le he acompañado hasta aquí, a pesar de que tenia casi absoluta certeza de que las cosas estarían así. Espero que mañana retome este diario que le servía de vía de escape, y pensemos fríamente que hacer. Ahora volveré a su lado, no quiero que cometa ninguna estupidez, y es el motivo real de que me encuentre tan cerca del hervidero que se ha convertido lo que fue la capital de España. Un saludo.
[---]
Diario de Navegación del velero "Sirena de los Volcanes"
A 6 de Febrero de 2006. Día 109.
(Primera parte)
Soy yo de nuevo. Perdonar que ayer Rodrigo tuviera que escribir eso, estaba totalmente enajenado y hundido por todo lo que pasó. Ahora mismo estamos en mi casa, y a pesar de que casi no lo conseguimos, estamos a salvo. También sé con certeza que mis padres están muertos, o mejor dicho, convertidos en una de esas cosas. Todo está en la cinta de mi contestador. No transcribiré los mensajes pues aún es demasiado duro para mi. De mi hermana no sé nada, pero tengo una corazonada de que aún resiste.
Ahora mismo es lo único que me queda. Madrid ha dejado de existir, lo he visto con mis propios ojos. Y si una ciudad de tal calibre ha caído, hace pensar que nada ha sobrevivido. Aún no llego a imaginar como ha podido suceder todo esto en tan solo unos días, como se puede ir el mundo a la mierda en un solo pestañeo. Pero ahí está, y soy uno de los afortunados por seguir vivo.
Pero mejor será contar todo desde el principio, todo lo que pasó en estos dos dias. Partimos de madrugada, aún de noche, de la estación donde nos cobijamos. Veníamos con el todoterreno, por las vías del tren, como habíamos hecho desde que salimos de Huelva. En uno de los tramos, en una alta colina a escasos kilómetros de la ciudad, pudimos divisarla entera. Y estaba muerta. Totalmente muerta. Era una ciudad fantasma. Totalmente a oscuras, sin un sonido que proviniera de allí. Las pocas luces que se divisaban eran inmensos incendios que ya nadie se preocupaba de apagar. Fue ahí cuando mis peores temores se confirmaron, lo que me había venido diciendo Rodrigo desde que le dije mis planes. Sentí rabia, frustración, desconsuelo... todos los sentimientos negativos que se puedan tener. Pero aún tenía la esperanza de que mi familia hubiera resistido. Que se encontrara escondida en algún punto de la ciudad, o incluso que estuvieran en mi casa esperándome.
Por eso hice de tripas corazón, y proseguí mi viaje. Me sentí realmente mal por arrastrar conmigo a Rodrigo, pero a estas alturas ¿qué podía hacer ya mi compañero? Intentaría llegar a la urbanización de la periferia, donde se encontraba mi hogar. Desde ahí, era relativamente sencillo. Cogeríamos la autopista radial que rodeaba toda la ciudad durante unos pocos kilómetros, y tomaríamos la salida que conducía hasta allí. En la teoría, simple. En la práctica, casi nos cuesta la muerte.
Todo comenzó bien, atravesamos campo a través y conseguimos alcanzar la autopista, la M40. Iríamos hacia el noroeste, y todo marchaba de maravilla. La autopista estaba completamente despejada, a si que hice que el motor se pusiera a la máxima potencia. El todoterreno de alta gama surcaba la calzada a toda velocidad, a más de 200 kilómetros por hora, mientras yo descargaba mi rabia en esa conducción extrema.
Tras una curva algo cerrada, yo esperaba ansioso encontrar la salida que recordaba inminente, pero comenzamos a ver vehículos detenidos en mitad de la carretera y fue demasiado tarde para rebajar mi velocidad hasta los limites de seguridad. Pasé rozando un utilitario que estaba cruzado a lo largo ocupando dos carriles, y de un volantazo intenté esquivar una furgoneta que se encontraba detrás. Lo habría conseguido, si no hubiera salido de detrás un maldito kamikaze infectado. Lo arrollamos a mas de 120 kilómetros por hora, y el impacto fue brutal. Intenté mantener el control por todos los medios, pero no conseguía ver nada. Todo el parabrisas estaba recubierto de la asquerosa sangre del podrido, y del nerviosismo no acertaba a poner los limpiaparabrisas. Rodrigo, certeramente lo consiguió activar, y fue justo cuando vi la montaña que se nos venia encima.
Frente a nosotros, centenares de vehículos se encontraban detenidos en un inmenso tapón que cortaba la calzada en ambos sentidos. Además, había infectados por todas partes. Yo intentaba frenar el maldito tanque, pero la inercia del vehículo era demasiado fuerte. Atropellamos a otro infectado, el todoterreno derrapó en mi frustrada maniobra de esquivarlo y la parte trasera chocó contra uno de los últimos turismos que conformaban el tapón, haciendo que perdiéramos totalmente el control. El choque era inminente, a si que cerré los ojos y me aferré al volante.
Los segundos se hicieron eternos hasta que finalmente colisionamos. Tras unos momentos de conmoción, me revisé mentalmente y parecía estar todo bien. Había acabado intacto, y mirando a Rodrigo pude observar lo mismo. Su rostro demostraba que se había llevado el susto de su vida, aunque poco cambió a la rabia, después de comprobar que yo también estaba bien. Por mi imprudencia al volante había conseguido que nos estrelláramos y vete a saber que nos esperaba ahora.
El humo salía del capó del coche, y vimos como se empezaban a acercar al siniestro varios infectados que estaban en los alrededores. El arranque no funcionaba, a si que agarramos a toda prisa las mochilas y nuestras rudimentarias armas, que consistían en mi vieja amiga la tubería, y Rodrigo se había agenciado con un par de palos de golf que encontró en la mansión rusa.
Debíamos salir a toda prisa de aquí, o pronto nos veríamos rodeados. Rodrigo despachó al mas cercano mientras yo miraba los alrededores. Estábamos atrapados. El tramo de la autopista tenía a ambos lados unos terraplenes imposibles de escalar, a si que solo teníamos dos opciones, retroceder varios kilómetros el camino andado, o atravesar a toda prisa el tapón de vehículos y seguir adelante, pues estábamos realmente cerca de la urbanización.
Estás paralizado, viendo de primer plano el negro agujero que conforma el cañón del arma. Piensas que con sólo apretar un gatillo, una bala saldrá disparada de ahí para atravesarte el cerebro en cuestión de milésimas. Tu vida depende del tipo que está enfrente tuya. Te sientes totalmente indefenso, aturdido, avasallado.
- ¿Que coño te pasa? ¿Es que acaso te ha comido la lengua estas putas bestias? De acuerdo, pues si no me das ninguna razón... te la daré yo. No te vuelo la tapa de los sesos aqui mismo porque tenéis los huevos mas gordos que he visto desde que toda esta mierda llegó. ¿Se puede saber a qué cojones jugáis combatiendo contra estos mierdas cuerpo a cuerpo?. Manda huevos que aún sigáis vivos. - El tono del oficial era molesto, a pesar de que su expresión no reflejaba ninguna emoción, simplemente esa tenebrosa frialdad.
El oficial se da la vuelta y echa a andar junto a los dos soldados, haciéndoos un gesto para que le sigáis. Por el camino le escucháis deciros:
- No tenemos comida, la munición es escasa, y, maldita sea, me habéis echo gastar demasiada en salvaros el puto culo. No os vamos a acoger, no me interesa a qué veníais a la base pero no queda nada de provecho que os podáis llevar. Si os las habéis arreglado hasta hoy para no morir, perfectamente podéis aguantar sin nosotros.
- Perdone.. ¿capitán? - recuerdas que así le llamo uno de sus hombres - Sólo venía... sólo venía a recoger unas cosas que tengo a salvo en una de las taquillas de esta base...
No sabes si el capitán estaba destacado aquí, si conoce tu historia, pero si estabas encerrado es mejor no darle mas pistas.
- Perfecto. Las taquillas están en el edificio donde vamos. Cogerás lo que necesites y te largarás de aquí. ¿Entendido?
- Si.. señor. - Querías preguntarle un millón de cosas, desde qué había pasado en la zona hasta la situación del mundo entero. Pero será mejor preguntarle a otra persona, prefieres no tratar más con este tipo tan escalofriante.
- Teniente Raúl León, acompaña a nuestros queridos invitados hasta las taquillas y que se larguen de aquí. ¡Ah! Y una cosa - se vuelve hacia vosotros - ¿Sabéis que narices provocó la masacre de esta base? Está claro que los infectados no saben disparar y hay demasiados muertos acribillados a balazos.
- No... no tenemos ni idea. La primera vez que estuve aqui.. ya estaba asi. - Mientes descaradamente, pero afortunadamente no es posible que te pueda descubrir.
- Cuando llegaron... ¿habia algún superviviente en la base? - preguntas, haciéndote el curioso, escondiendo tu interés por el hombre al que arrojaste por la ventana.
- Que te lo diga el teniente, mientras os lleva a eso, yo tengo mil cosas que hacer, adios. ¡Teniente! - El oficial os da la espalda y sube apresuradamente las escaleras.
- ¡Si mi capitán! - exclama en posición firme - Seguidme, están aquí al lado. Sobre lo que preguntaste al capitán, la base estaba desierta cuando llegamos. Hemos revisado casi todo lo que hemos podido de las instalaciones, y no queda ni un alma viva. Tenéis suerte de que estuviéramos por aquí ¿eh? Aunque estáis como una cabra por haberos metido en ese embrollo hace un rato... Y por cierto, no quiero ser grosero, pero yo que vosotros no me entretendria mucho por aqui. Desde que comenzaron los incidentes nadie ha catado una mujer, y vuestra chica va muy provocativa...
- Oh.. esto.. gracias. - Miras hacia atrás, y ves a Udane colorada como un tomate y mirando hacia otro lado, mientras abraza y acaricia insistentemente a su mapache, que por fin lo habia liberado del encierro en la mochila. - Me gustaría preguntarle un par de cosas, teniente. ¿Queda algo en pie? ¿Se ha salvado algo?
- Es la pregunta del millón, amigo. Que nosotros sepamos, ya no queda nada. Nosotros somos los restos del grueso que se adentró en Madrid para defenderla. Fue un matadero, joder... no llegamos ni a la docena. El capitán nos comandó hasta ésta base a esperar órdenes, llegamos hace unos días. Pero no hay comunicación... está todo muerto. Y ya hace tres meses desde que todo empezó. Te recomiendo que no tengas esperanza. Ahora cada uno cuidamos de nosotros mismos.
Durante la pequeña charla del soldado, llegáis a una pequeña sala llena de taquillas. Tu corazón se empieza a acelerar mientras buscas la tuya. Están por orden numérico.. y pronto la encuentras.
Taquilla 28
Las llaves están puestas, una preocupación menos. Realmente no seria un problema, si hace falta la volarías con dinamita para abrirla... otra cosa seria explicar los medios utilizados a esta gente. Te acercas hasta ella, giras la llave y lentamente abres la puertezuela. Tu mayor temor, que seria encontrarla vacía, no se cumple. Dentro hay una mochila.
La agarras ansioso, y te agachas para volcar todo su contenido en el suelo. No quieres perder ni un segundo. Dentro había varios objetos, pero lo que más te llama la atención, es lo que se encuentra precintado tras varias bolsas de plástico transparente.
(lee mas abajo)
Dentro había un abultado cuaderno con algo dentro. Lo abres y aparece una pequeña cinta de cassette sujeta con celofán. Parece ser la cinta de un contestador. Intrigado, lo vuelves a cerrar y observas detenidamente la portada. Escrito con una cuidada tipografia, el titulo reza:
(mas abajo todavia xD)
Diario de navegación del velero "Sirena de los Volcanes"
Fin de la segunda parte.
Bajáis del automóvil y recogéis rápido vuestras armas. Belmiro se cuelga a la espalda la Zábala, llenándose de cartuchos los bolsillos y obligándoos a vosotros a hacer lo mismo. Tú recoges el mangual, y una pesada maza que había en el maletero.
- Cuida de la nena, ve detrás de nosotros y si la cosa se pone muy fea, corre hasta el coche y ponte a salvo. ¿Entendido? - le dices a Udane, mientras seguís a la carrera los pasos de Belmiro.
The Prodigy - Voodoo People
Cuando estáis a punto de alcanzar a vuestro amigo, él ya está luchando contra el primero de los infectados. Te unes a él, atacando a otro que se acercaba por un lateral. Es ahora cuando comienza una carrera por la supervivencia, en la que el mínimo error está pagado con la muerte. Tu primera prueba, superada. El infectado cae en redondo tras clavarle la pesada bola de tu mangual en la cabeza. Vas a por el siguiente, que ya está cerca, intentando no alejarte mucho de Belmiro. Le miras de reojo, y le ves concentrado en su tarea de hacer rodar cabezas.
Uno tras otro empiezan a caer los podridos, pero cada vez hay más y vienen de todas partes. Pronto empiezan a rodearos. Vienen de todas direcciones, y corréis de un lado para otro evitando que se acerquen a las chicas. Sin embargo, poco a poco van estrechando el cerco y os vais viendo mas apurados y con menos espacio.
Notas que el mangual es demasiado lento, por lo que te lanzas con la maza a por las cabezas de los infectados. Con toda tu rabia les partes la cabeza, pero no todos tus golpes son definitivos, y te entretienes mas de lo que deberías en acabar con ellos. Vigilas a Belmiro, y aunque el no comete ningún fallo a la hora de clavar su guadaña o sesgar cabezas, el cansancio empieza a hacer mella en el cuerpo del bruto pueblerino.
Intentas concentrarte, ves sangre por todas partes, incluso te salpica en los golpes, pero no puedes parar. Estás sumido en una especie de trance. Vuestras posibilidades de salir de ésta van disminuyendo cada vez mas y escapar ya no es una opción. Os tienen totalmente rodeados y no conseguís frenar su avance. Miras detrás de la línea de ataque, y ves como llegan mas y más. Empiezas a pensar que estáis condenados.
Pero no puedes rendirte ahora, tienes que sobrevivir. No puedes caer tan cerca de tu objetivo, tienes que proteger a tus amigos, seguir adelante. Tienes que vivir. Sigues lanzando tu mangual o la maza, según convenga, intentando parar el avance podrido, pero prácticamente ya lucháis espalda con espalda Belmiro y tú, protegiendo a las dos chicas entre vosotros. No habéis conseguido pararlos.
Justo después de un duro golpe en la cabeza de un infectado, al ver que no habías acabado con él, te agachas para descargarle la maza de nuevo, y al incorporarte ves que el que le seguía se echa encima tuya. No te da tiempo a prepararte y te ha cogido. Eres suyo. Se abalanza contra ti y te muerde en el antebrazo con el que te proteges, aunque afortunadamente su mordisco se queda ahí y no llega a más, pues la cota de malla con la que saliste de casa de Belmiro cumple su misión a la perfección. Ahora te lo tienes que quitar de encima. Cargas con el hombro y lo derribas, pero ya tienes otro encima. Te preparas para atestarle con la maza, pero de repente oyes un silbido y ves como de su hombro sale disparada sangre en todas direcciones. El infectado se desestabiliza, pero no llega a caer. Un segundo silbido, y un agujero en la sien, lo desploma definitivamente.
Te cuesta un par de segundos asimilar lo que está pasando. Otro infectado que está al lado de Udane, a punto de atacarla, cae en redondo tras otro silbido. ¡Desde algún lugar están tiroteando a los infectados!
- ¡Están disparando Belmiro! ¡Nos están ayudando! ¡¡Vamos!! ¡¡Resiste!!
El campesino parece que recobra fuerzas, y sigue luchando contra los infectados, acabando con ellos aún mas brutalmente. Los podridos empiezan a caer a vuestro alrededor, mientras las balas silban por el aire. Rezas por su puntería, pues algunos caídos estaban demasiado cerca de vosotros. De repente, oís claramente disparos enfrente vuestra. La marea de infectados os impiden ver, pero los disparos se van a acercando. El muro de podridos empieza a desquebrajarse, y ahora tienes un momento para ver quien viene acercandose. No puedes detenerte a admirar los detalles, pero parece que estás alucinando.
Un militar lleno de insignias, con pistolas en ambas manos, se dirige directamente hacia vosotros. Viene andando con una parsimonia escalofriante, como si los monstruos no le inquietaran. Cuando algún infectado está demasiado cerca, sin detenerse, le dispara a bocajarro en la frente, sin inmutarse, sin apartar la mirada de vosotros. Sus espaldas están cubiertas por dos soldados que le siguen. Éstos portan rifles, aunque están silenciados, no como las dos pistolas, que parecen los rayos del mismísimo Zeus acercándose. Pronto todos los infectados se centran en el militar, aunque nada sigue sin perturbarle. Andando lentamente, disparando con frialdad... ese hombre da tanto miedo como los infectados.
Pronto se planta enfrente vuestra, mientras sus soldados acaban con el resto de infectados que os rodean. Sin dudar, levanta una de sus pistolas y te encañona a pocos milímetros de tu frente, mientras exclama con frialdad:
- Dime una puta razón para que no te pegue ahora mismo un tiro entre ceja y ceja.
Oyes un estruendo en la habitación contigua, cristales rompiéndose y cayendo al suelo, muebles siendo volcados, hasta que al final, para descanso de tu encogido corazón, Udane cruza la puerta como un rayo, cerrándola tras de si Belmiro.
Udane llevaba una pequeña caja en las manos, el motivo por lo que se había retrasado y puesto en peligro de aquella forma, y Belmiro empezaba a arrastrar la pesada mesa de la cocina. De pronto te mira, y observa lo embelesado que estás. Con rabia, se arranca de la cabeza la boina y te la tira a la cara.
- ¡Despierta coñe!
Al fin pareces reaccionar, y te levantas a toda prisa para ayudar al campesino a correr la pesada mesa hasta la puerta. Finalmente queda atravesada en la cocina, con un extremo apoyado en la puerta y el otro en los viejos muebles de la pared. O destrozaba la puerta, o no podría pasar.
Una vez asegurada la puerta, recuerdas la idiotez de Udane, y justo cuando giras sobre tus talones para reprenderla, ves lo que se había traído de la habitación principal. Era una caja de munición, que debería estar a la vista. Arriesgado, si, pero no fue una idiotez. Si no tenia mas cartuchos, la acción de la chica puede que os haya salvado la vida. Los segundos pasan eternos, esperando oír los disparos sobre la puerta, reventándola en mil pedazos, para ver aparecer a Federico y su escopeta, preparado para dispararos sin compasión.
Pero los disparos no se oyen, y solamente se escucha al campesino revolver por toda la casa, sin duda en busca de más cartuchos.
¡¡BANG!!
Mierda. No era su única munición. De esta no salimos.
El disparo ha hecho un agujero del tamaño de un puño en la gruesa puerta, y pronto serán más y la hará papilla. Los cuatro estáis acurrucados en la esquina mas alejada de la puerta, esperando el siguiente disparo. Sin embargo, lo que empezáis a oír son los rabiosos golpes contra la puerta
y gritos llenos de rabia ordenándoos abrir la puerta. Eso no podía significar otra cosa, ya no tenia mas cartuchos.
Los minutos pasaban, y cada vez eran menores los frustrados intentos por abrir la puerta y llegar hasta vosotros. Hacia tiempo que se había rendido, y vosotros mientras tanto os habéis dedicado a comer de las reservas que tenia el hombre guardadas. Te daban ganas de restregárselo por la cara, pero tampoco era plan de ser tan cruel. Sobre todo cuando ahora lo único que se oye salir de su garganta son toses y vómitos. La conversión ha empezado.
Después de varias horas, ya pasado el mediodía, te has atrevido a asomarte por el agujero de la puerta. Has visto a Federico tumbado ahí delante, en el suelo. Tiene las manos en el estómago, y está cubierto de toda clase de fluidos corporales. Vomito, heces, sangre... Parece que se estuviera descomponiendo por dentro. Quien sabe si no le estuviera pasando eso realmente.
Al final, te descubre asomado, y sacando fuerzas de donde parecía que no tenia, se incorpora y ha comienza a andar lentamente hacia ti. No augurabas nada bueno, a si que te has apartado lo suficiente de la puerta. Buena idea. Cuando finalmente la alcanza, veis un torrente de sangre salir disparado por el agujero, acompañado de sonidos guturales provenientes de un asqueroso vómito.
Eso fue lo último que hizo en vida Federico. Al poco rato, los golpes acompasados indicaban que ya era uno de ellos. Que finalmente murió y había vuelto a la vida como un cadáver andante. Cosa que, por cierto, os confirmó la pequeña Alicia, diciéndoos que ahora ya no era una persona buena. Reusásteis acabar con él y poneros en peligro vosotros mismos, a si que salísteis por la pequeña ventana de la cocina.
Una vez fuera, Belmiro recogió la guadaña que había tenido que soltar cuando os encañonó por primera vez, y entró a acabar con su vida. Pero no por compasión, si no para buscar con tranquilidad las llaves del todoterreno y recoger su escopeta, la cual tuvisteis que limpiar concienzudamente de restos de sangre.
Por fin, conseguis subir al todoterreno y poner rumbo a la base, aunque tiene el combustible por debajo de la mitad. Al menos os servirá para llegar sin problemas a la base y volver, pero buscaréis algo de gasoil por el camino si podéis. También estas alegre de ir algo más armado, con la escopeta Zabala de Federico y una caja llena de cartuchos, que sobrepasan las dos docenas.
Finalmente, llegáis de nuevo hasta la entrada de la base. En el patio central se avistan aún bastantes infectados deambular sin rumbo, aunque muchos ya se dirigen hacia vosotros atraídos por el ruido del motor. No os podéis meter con el todoterreno, pues pronto os rodearían y no seriáis capaz de bajar. La única opción que se ve posible es bajar y enfrentarse uno por uno a todos los infectados que se ven a la vista. Son muchos, pero están dispersos. Es posible vencerlos.
Es posible seguir tu camino.
- ¿Amos? - Pregunta Belmiro, abriendo la puerta, como si hubiera leído tus pensamientos.
Y decidido, le contestas:
- Por supuesto.
Sin embargo, lo único que escuchas es el click del gatillo, pero ningún disparo. Udane, cuando se da cuenta, aprieta repetidas veces el gatillo, llena de rabia. Corres hasta su lado, y consigues que baje el arma. Le abrazas, y es en ese momento cuando ella se derrumba y comienza a llorar sobre tu pecho. Intentas consolarla, abrazándola mas fuerte y acariciando con ternura su pelo.
Belmiro por su parte parece haberse calmado al ver lo que casi ocurre, y se reincorpora levantando casi a pulso también a la víctima de su furia. Federico tiene la cara ensangrentada, faltándole un par de dientes, la nariz hundida y un ojo hinchado. Está totalmente demacrado, y llora como un bebé.
- Por.. por favor.. no quería haceros daño... lo habéis visto.. no os iba a disparar...está descargada... solo quería que os fuerais... solo os estaba asustando... - entre frase y frase se le escapan sollozos, y a pesar de lo que presuntamente hizo a los antiguos habitantes de la masía, se te encoje un poco el corazón.
Pero Belmiro parece que no confía en él, y agarra la escopeta que está caída a vuestros pies. Abre el doble cañón, y mira fijamente a Federico.
- ¡¿Descargá, cabrón?! - tras gritarle, le golpea con la culata del arma en la sien, lo que le desploma en el suelo de nuevo, agonizando de dolor.
Tu amigo se acerca a ti, con rostro enfadado y preocupado.
- ¿Que vamos'acé con este cabrón? ¡Mia que yo lo mato como no me paren los pies! - El campesino parece que busca refugio moral en ti, desea acabar con él a pesar de que sabe que no sería lo correcto. Seria rebajarse a su nivel y...
Y Udane, la cual habías soltado cuando se acercó Belmiro, aparece de detrás vuestra como una exaltación, en dirección al masacrado hombre. No tienes ni idea de lo que se propone hacer, hasta que se agacha al lado suya. Parece que le susurra algo, y le planta en la boca lo que portaba en la mano.
No era otra cosa mas que uno de los trozos de cerebro que había en el jardín, provenientes de los destrozados cadáveres que lo poblaban. El pedazo es tan grande que no le cabe en la boca, pero Udane se está esforzando por que se lo coma todo, empujándolo con fuerza.
Cuando llegáis y consiguis apartarla de él, se está ahogando al tener la tráquea totalmente obstruida. Os mira con los ojos rebosantes de desesperación, miedo y agonía. No puede hacer nada más, y fruto de la angustiosa asfixia, realiza el trago mortal. El hombre, con total seguridad, ya está condenado.
Vuelves con Udane, que no ha dejado de llorar. Sientes su rabia liberada, un deseo de venganza que ha sido consumado. Pero no se siente orgullosa, ni mucho menos. Notas que llora de culpa, de remordimientos, de haberse sentido dominada por sus instintos mas salvajes. Intentas consolarla, pero por experiencia propia sabes que nada de lo que hagas podrá curar una herida de ese calibre.
- Malditos... hijos de... - Los tres miráis al condenado que se retuerce en el suelo.
Pero eso es lo que crees en un principio, que se retuerce. Realmente está recuperando la escopeta que está tirada al lado suya. No os daría tiempo a quitársela, a si que corriendo os adentráis en la casa del campesino. En la carrera recogiste a la pequeña Alicia, que se encontraba pegada a la pared, a expensas de los acontecimientos, y te la colgaste debajo del brazo como si fuese un bártulo. Federico pronto aparece en forma de silueta, con el sol a sus espaldas.
Levanta la escopeta, y te quedas absorto, esperando a la muerte. Piensas que ahora todo ha terminado. Que menudo fin mas estú... Sientes como una fuerte mano te agarra, y te arrastra apartándote en el último momento.
¡¡BANG!!
El estallido os deja los oídos sordos, y oyes silbar los fragmentos del cartucho a centímetros de ti. Sientes un dolor intenso en el hombro, y tomas conciencia de que has sido alcanzado. Apenas te da tiempo para más, pues Belmiro te lanza a ti y a la pequeña contra el suelo de lo que parece ser la cocina de la casa.
Se asoma por la puerta, y le oyes gritar
- ¡Ven aquí Udane! ¡Déjalo! ¡No seas boba! ¡Vamos vamos vamos!
¡¡BANG!!
Después de un buen rato, conseguís llegar hasta la casa del tal Federico. Era del mismo estilo que la de Belmiro, pero más pequeña y modesta. Y como bien predijo éste, un Santana se apostaba a un lado del camino que conducía hasta un pequeño y descuidado jardín, en el que florecian varios cadáveres con la cabeza volada en pedazos. Parecia que el inquilino había sabido defenderse. Sin ganas de perder más tiempo, os acercáis hasta el coche y empezáis a intentar abrirlo. Estaba cerrado con llave, a si que Belmiro y tu os enzarzáis en una nueva discusión por decidir cual ventanilla había que romper.
- ¡Te digo c'una de las d'atrás es lo mejó! - Exclama el hombre, henchido de razón
- Escucha, Belmi, mejor rompemos el techo solar, y nos colamos por el techo.
- ¡Si hombre! ¡A mis años! ¡Yo por ahi no quepo!
- Leñes, entro yo solo y os abro. Además, así no rompemos ninguna ventana por dónde nos puedan coger los inf... - Intentas dialogar con el, pero pronto te interrumpe
- ¡Ya'sta! ¿Y cuando llueva qué? ¡Nus mojamos! - Grita indignado, levantando las manos al cielo.
- Oye... - Alicia parecía que quería dar su opinión, pero no era el mejor momento. Sigues con Belmiro.
- ¡Joder, lo tapamos con plástico y cinta! Serás... - Cateto. Pero te lo guardas. No quieres un que te arree un guantazo con esas enormes manos.
- Esto.. oye.. - la pequeña vuelve a la carga, intentando intervenir. Querrá que no discutáis, pero solo quieres que no se meta en cosas de mayores.
- ¿Qué? ¡Ser qué! ¡Dilo! - Belmiro se huele lo que pensabas decir, y ahora si que empieza a enfadarse.
Sientes un tirón en la camisa, Alicia empieza a ser pesada, pero la usarás para salir del embrollo con Belmiro.
- Diiime, Alicia ¿Qué te pasa? - Preguntas, con un tono irritado, como si no hubieras tenido otra opción que contestarla.
- Esto.. ¿Está bien que le quitemos su coche? - Dicho lo cual, levanta su pequeña mano para señalar hacia la casa.
- No te preocupes, seguro que la persona que vivi... - Volviéndote para mirar hacia la casa, ves una silueta apostada bajo el umbral de la puerta, encañonándoos con una gran escopeta.
- Vaya, ¿ya se acabó la función? - El hombre mira a Belmiro, que junto a Udane, ya se percataron como tú de su presencia - ¿Que cojones haces aquí, Belmiro? ¿En serio pretendías llevarte mi coche?
- Federico.. pensé que tu..
- ¿Que estaba muerto? Siempre me has subestimado, maldito prepotente. Por cierto, tenía entendido que en tu vieja casa había mas gente... - Dice mientras os mira a cada uno de vosotros, con una macabra sonrisa - Me pregunto que les habrá pasado...
- Bastardo, no serías tu el que...
Antes de que Belmiro acabara su frase, Udane sale corriendo en dirección de Federico, rebosando rabia. Empiezas a atar cabos, pero no imaginas que los aparentes rencores entre los campesinos llevaran a que se hubiera hecho algo así. Sin embargo, Federico levanta la escopeta y apunta directamente a Udane, mientras se carcajea. Rápidamente corres tras de ella, y consigues detenerla.
- Vaya vaya, la putita de satanás está rabiosa. No pensé que saliera nadie con vida de allí. Siéntete afortunada, aunque poco te queda. - la satisfacción de sus palabras contrasta con la furia de Udane, que intenta soltarse a toda costa, sin atender a razones.
Federico os sigue apuntando, mientras empieza a salir de su casa.
- La verdad, vaya ladronzuelos estáis hechos. ¿Me queríais robar el coche.. eh? ¿Qué castigo os tendré que dar? A ver.. a ver.. - Se apostó junto al coche, sin dejar de apuntaros, a escasos centímetros de Udane y tú.
- No sé, pero como no te des prisa me parece que no podrás pensarlo mucho más. - le interrumpes.
- ¿Qué estas diciendo, imbécil?
- Nada, nada. Que deberías darte prisa. - Mientras dices esto, pierdes tu vista detrás de él alargando el cuello.
- ¡Oh! ¡Jajajaja! ¿Pretendes que me trague ese farol? ¿Que pasa, que ahora hay alguien detrás de mi? ¿Es que viene una de esas cosas a por mi? Por favor, no me trates de imbécil.
- No, no, tranquilo. Yo no he dicho nada. - Sacas la mejor de tus sonrisas, casi aguantando una carcajada.
- No hay nada, no me vas a engañar, he visto suficiente la tele como para que pueda caer en un truco tan barato.
- ¿Tanta has visto? - arremetes contra sus argumentos - Pues últimamente los villanos siempre mueren por no hacer caso de las buenas intenciones. ¡Jajajaja! Víctimas de su prepotencia y orgullo. - El rostro empieza a perder su sonrisa, y empieza a incomodarse, está a punto de volver la mirada - Ha sido "un placer", Federico. Púdrete en el infierno.
Y voilá, se come con patatas el farol. Gira durante un solo instante la cabeza, víctima de los temores que le ha infundido tu actitud y tus palabras, las películas que habrá visto y la inseguridad del nuevo mundo donde os encontráis. Y ese pequeño instante, un solo segundo, te sirve para dar un manotazo al cañón del arma y apartarlo violentamente.
Es entonces cuando Belmiro y tu os abalanzáis sobre el bastardo, derribándolo en el suelo. Tu compañero empieza a darle una buena tunda de puñetazos en la cara, desatando toda su rabia contenida. Intentas frenarlo, pero ves entonces a Udane agacharse detrás de él, y reincorporarse con la escopeta en las manos.
- ¡¡No!! ¡No lo hagas Udane!
Pero es demasiado tarde, la chica ignora tus gritos, apunta a su rostro y aprieta el gatillo.
Final alternativo:
Y voliá, se come con patatas su arrogancia. El zombie, había aparecido por detrás de la casa, y se fue acercando poco a poco hasta Federico. Es entonces cuando le oye arrastrarse detrás suya. Se da la vuelta, y al ver tan cerca a la bestia, retrocede asustado. En ese momento Belmiro se abalanza contra él y tumbándolo en el suelo lo reduce firmemente. Se sube encima de él y al desgraciado comienza a caerle una lluvia de puñetazos en el rostro.
Mientras tanto, tu intentas ocuparte de vuestros refuerzos, antes de que se vuelvan en contra vuestra. Desatas el mangual de tu cinturón, y tras concentrarte y coger algo de inercia dandole vueltas en el aire, descargas sobre la cabeza del infectado. Cada día parece que coges mas práctica, pues a este demonio le has destrozado concienzudamente. Su cabeza se ha echo añicos, y restos de sangre y cerebro han acabado salpicando la fachada de la casa.
Sin el peligro de contagio latente, vuelves al centro de la acción. Belmiro sigue apaleando al malnacido, pero observas con horror otro hecho. Udane acaba de agarrar la escopeta que Federico soltó al ser empujado por Belmiro, y ahora le apunta directamente al rostro.
- ¡¡No!! ¡No lo hagas Udane!
Pero es demasiado tarde, la chica ignora tus gritos, apunta a su rostro y aprieta el gatillo.
Sólo cuando la escandalosa comitiva se pierde de vista tras un desnivel, os atrevéis a salir de vuestro pequeño refugio.
- ¿Tienes idea de quienes eran, Belmiro? - Te atreves a pronunciar las primeras palabras, después de toda la tensión vivida
- Nidea, chico. Pero'stan como una puta cabra. - Contesta Belmiro, todavía un poco aturdido por todo lo que había pasado.
- Ni que lo digas. Pensé, que como nos habías ocultado tan rápidamente, ya hubieras tenido algún encontronazo con ellos... - Vas perdiendo tus palabras en el aire, siendo mas unos pensamientos en voz alta que un enunciado hacia Belmiro.
- Vámonos d'aquí. No quiero volver a'ncontrarme con ellos... La iglesia nunca m'a traído na güeno - sentencia el pueblerino.
Reemprendéis la marcha, pero no dejas de pensar en ellos, preguntándote de dónde vendrán, a dónde iban... Te orientas como puedes, y concluyes que se dirigen hacia el sur; hacia Madrid ¿Qué demonios se les ha perdido en aquel hervidero de monstruos? ¿Acaso piensan derrotarlos a todos? Pobres ilusos. Me parece que Dios, si alguna vez existió, nos abandonó cuando dejó que todo esto pasara. Pero allá ellos, si consiguen cargarse a unos cuantos infectados por el camino, mejor para vosotros.
Sin embargo, no puedes quitarte de la cabeza los pobres rehenes que llevaban consigo ¿para qué los querrían? ¿que pensaban hacer con ellos? ¿Y por qué narices los tenían retenidos en esas condiciones? Un millón de preguntas acosan tu saturada mente, y apenas le puedes dar respuesta. Pero la culpa de no haber hecho nada por ellos te sigue acosando. Te auto analizas y empiezas a darte cuenta que la culpa aún gobierna tus sentimientos. Jamás podrás librarte de aquel superviviente que arrojaste directamente al infierno.
Intentas por enésima vez que la razón tome posesión de tus pensamientos, que discute con tu corazón mediante argumentos tan ciertos como que fue un acto reflejo, que no sabías quién era, que estabas asustado... que ahora cualquier cosa vale para que TÚ sobrevivas... pero nada de eso consigue cambiar el sentimiento de haberte convertido en un asesino. De que si hubieras sido mas cauteloso no habrías matado a nadie. Si todo...
- Gracias. - Dice de repente la niña, sin razón aparente.
- ¿Por qué, Alicia? - le preguntas intrigado, apartando tus eternas disputas internas.
- No sé... Me habéis cuidado cuando parece que soy un estorbo... y algo peligrosa - la niña definitivamente no es tonta. Eso o tiene un oído mucho mas desarrollado de lo que parece y os ha escuchado a ti y a Belmiro en alguna ocasión mientras discutíais en los primeros días de acoger a la pequeña. - También os esforzáis en que esté bien, me protegéis... Estoy feliz con vosotros, de verdad de la buena...
Maldita sea, esta cría es un encanto. La agarras, y en un santiamén te la subes a los hombros.
- ¡Ahora eres gigaaaante! - exclamas con un tono de voz peliculero, mientras la niña ríe divertida.
Udane os mira con envidia, a si que la traes hacia ti y echando tu brazo por encima de su hombro la abrazas fuertemente mientras seguís los pasos de Belmiro, que refunfuña diciendo que vamos demasiado lento y no hay que entretenerse.
Estáis petrificados, sin saber que hacer. Tirados en el suelo, con vuestras espaldas pegadas al montículo. Intentas pensar en algo, pero no se te ocurre nada, el miedo paraliza totalmente tu mente. Tienes que salir corriendo, y que pase lo que pase. Mejor ser un encadenado de esos que estar infectado ¡mierda! Vas tensando tus músculos, preparándote para salir huyendo. Buscas las palabras para advertir a los demás de que te sigan e intentar salir por patas de allí, aún os quedan unos segundos antes de que se abalancen contra vosotros. Cuentas mentalmente, hay que actuar, hay que...
- Ni s'os ocurra moveros. Fijaos. - Belmiro os susurra, con voz seria pero calmada.
Intentas recuperar un mínimo de cordura, y aunque están a solamente un par de pasos de que se echen encima vuestra, su mirada está absorta mas adelante. Parece que el estruendo los está embaucando de tal forma que os ignoran por completo. ¡Aún tenéis una posibilidad!
Te acuerdas de Udane, y miras como está. Abrazando a la Alicia, tiene la cabeza escondida en el cuerpo de la pequeña y está tiritando de puro miedo. No sabes que hacer, no te quieres mover para no atraerlos, pero sientes como si fuera a estallar y echar abajo vuestra única posibilidad.
Tenemos que aguantar solo unos segundos más. Un poco más y habrán pasado de largo. Resiste Udane...
Al fin, los dos infectados os rebasan por ambos lados a escasos centímetros de donde os refugiáis, y tu corazón, que está acelerado de forma insana, comienza a relajarse. Vuelves a respirar con tranquilidad, y alargas el brazo para reconfortar a Udane.
Pero justo en el momento que la tocas la espalda, ella se revuelve y empieza a gritar ahogadamente. Es solo un segundo, pues actúas rápidamente y le cubres la boca con tu mano, mientras la miras intensamente para que sepa que no pasa nada, que eres tu. Pero el breve grito aun parece que resuena en el aire. El infectado más próximo se da la vuelta, y parece entender que tiene una presa mucho mas cercana y accesible a un par de pasos. Alarga los brazos en vuestra dirección, y cambia su marcha hacia vosotros.
Es entonces cuando una vara se incrusta como un rayo en su cabeza, y cae desplomado. Ahora fue Belmiro el que actuó con rapidez. Había acabado con el monstruo con su ballesta, pero sientes que el peligro aún no ha acabado.
Te incorporas, y lentamente asomas tu cabeza por el montículo para saber que está pasando con el otro infectado y la procesión. Es entonces... cuando respiras de nuevo, esta vez totalmente aliviado. El otro hombre no parece haberse dado cuenta, y sigue persiguiendo a los tambores, que a su vez han enmascarado a los encapuchados el grito de Udane. Tampoco parecen haberse dado cuenta de que uno de los infectados se ha desplomado mágicamente.
Quizás no lo vieron, o pensaron que algo se rompió dentro de él, que fue Dios... o que se yo. El caso es que por el momento estamos a salvo.
Udane está sollozando de terror, y a bien seguro que se siente culpable por estar a punto de condenarnos a todos. Alicia parece que intenta consolar a la chica, abrazándola tiernamente, y tu te unes a las muestras de afecto para intentar calmarla. Esperáis un buen rato allí escondidos, mientras Belmiro vigila como se va alejando la procesión y que ningún otro infectado nos sorprenda de nuevo por la retaguardia.
Acto 40
Si bien ya estábais desconcertados cuando Belmiro os dice que sonaba una marcha procesional, cuando veis aparecer a los autores de tal escandaloso ruido, no cabéis en vuestro asombro. Por el camino, a lo lejos y saliendo de una arboleda, comienza a aparecer la cabeza de una comitiva muy especial.
Como bien anunciaba la música, una procesión avanzaba lentamente. Aún estaban lo suficientemente lejos para no poder distinguir los detalles, pero no había duda, hombres vestidos totalmente de blanco, incluido capirote, andaban por el arenoso camino en vuestra dirección. Es entonces, al momento de avistarlos, cuando Belmiro os agarra y casi os arrastra campo a través hasta un montículo de tierra, bajo una torre de alta tensión, ocultos de su vista.
Mas o menos empiezas a entender la decisión del campesino, pues esa gente no inspira demasiada confianza. Ahora comienzas darte cuenta que después del tiempo que ha pasado desde que empezó todo (unos 3 meses y algo, a ojo de buen cubero), no solo os vais a tener que enfrentar a infectados lentos y bobos, si no que comienza a existir un nuevo enemigo. La gente que ha conseguido sobrevivir y ha perdido la cabeza tras ver como todo se venia abajo. Y esos de ahí delante, son unos candidatos de lujo para encabezar el grupo de pirados.
Aguardáis bien escondidos mientras la extraña procesión va arribando hasta donde os encontrabais hace un rato. Poco a poco, vais distinguiendo los detalles y alegrándoos de haberos escondido. Los hombres que encabezaban la procesión, aparte de ir totalmente cubiertos con esa túnica, capa y capirote blanco, portaban alabardas y espadas. Durante el camino que trazaban, y debido al estruendoso ruido de los tambores que cerraban la comitiva, era inevitable que los infectados de los alrededores se vieran atraídos como moscas a la miel. Sin embargo, a los religiosos no parece inquietarles ni lo más mínimo , pues permanecen impasibles en su marcha, totalmente preparados para enfrentarse a la amenaza. Cuando se acerca algún podrido, un encapuchado con alabarda le inserta el arma en el pecho, mientras su compañero que le sigue le parte la cabeza en dos con la espada, matándolo definitivamente. Después, su especie de jefe, quien parece dirigir todo el espectáculo, se acerca al cuerpo y le salpica con lo que supones que es agua bendita. ¿Será que intenta purificar el cuerpo?
Ya de por si, con esa conducta tan surreal, seria bastante peligroso salir a su encuentro, pero pronto entendéis que, definitivamente, la idea de esconderse fue la más acertada. Una fila de gente encadenada, anda arrastrando los pies entre los encapuchados "guerreros" y los tamborileros que van al final. En fila de a dos, harapientos sucios y escuálidos. Te recuerdan a las películas de romanos, cuando transportaban esclavos capturados. Son gente sana, sin duda, y van encadenados unos a otros por el cuello y muñecas. Sientes lástima por ellos, y harías todo lo posible por ayudarles, pero sabes que vuestra fuerza no puede ser comparable con la veintena de encapuchados que gobiernan la procesión. Incluso dos de ellos, que parecían escoltar al jefe, portaban escopetas.
Mientras estáis absortos mirando el modus operandi de la procesión, adviertes que Alicia te tira de la manga insistentemente.
- ¿Qué pasa, Alicia? - la dices susurrándola, sin apartar los ojos de los fanáticos religiosos.
- Viene gente mala por detrás... - te contesta con un susurro mas bajo todavía.
El corazón se te encoge. ¿Como hemos podido ser tan inútiles? Absortos viendo la procesión, no habéis caído en la cuenta de que los tambores también podían traer infectados hasta vosotros. Os dais rápidamente la vuelta, y os encontráis a unos metros un par de tipos, algo separados entre si y sin duda totalmente infectados, que vienen directamente hacia vosotros.
Si salimos a combatir con ellos, sin duda la comitiva blanca nos descubrirá. Si no hacemos nada, somos carne muerta. Estamos oficialmente jodidos.
No podrías estar mas nervioso. Al final no conseguiste conciliar el sueño después de que Alicia te despertara, pero no importa. Estás lleno de vitalidad y con los ánimos por las nubes. ¡Creo que ha sido el primer día en el que me levanto antes que Belmiro! Tras desayunar, te pusiste a empaquetar todas las cosas que necesitaríais para la pequeña excursión de hoy, y ahora que terminaste, sientes que está todo listo. Solo queda que la marmota de Udane se desperece, y pondréis rumbo hacia el itinerario previsto.
Primero os pensáis pasar por el accidentado coche de Belmiro, a recoger las cuatro cosas que el hombre guardaba allí y sobre todo quieres ir tú para recuperar tu preciado mangual. Además, Belmiro ha dicho que conoce una casa cercana de un tal Federico que tenia otro Santana como el suyo, a si que de momento el tema del coche está mas o menos arreglado. Una vez recuperado las cosas útiles y teniendo de nuevo un transporte, volveréis a la base militar de el Goloso. A buscar esas malditas taquillas. Belmiro ha dicho que intentará buscar algún camión o similar que esté operativo, pues como no, sigue con la idea en la cabeza de ir a buscar ganado.
A ti te da igual, que pase lo que sea después de abrir esa taquilla y descubrir algo sobre tu pasado.
Por fin aparece Alicia por las escaleras, bajando lentamente, mientras tira de la manga a Udane para que se dé mas prisa al bajar. Ésta aún sigue con cara de sueño y se frota los ojos intentando volver al mundo real. Pero lo que más te llama la atención, es el modelito que se gasta la chica. Como le recomendásteis, se ha puesto una de las livianas cotas de malla que trajo Belmiro, al igual que vosotros, pero es que no se ha puesto nada debajo más que la ropa interior. Mientras tu babeas mirándola, adviertes divertido que Belmiro está rojo como un tomate, mezcla entre vergüenza y enfado.
- Tranquiiilo - le dices en tono bajo y conciliador - Que ya es mayorcita para que vista como quiera, jijiji.
- Cagüento... - Belmiro te suelta un sopapo en la cabeza, mientras la chica os mira extrañada sin saber que pasa.
Tras desayunar todos juntos en la mesa de la cocina, Belmiro y tú os echáis las mochilas a los hombros, Udane mete a su mapache en una mochila pequeña que siempre lleva y agarra de la mano a la pequeña Alicia. Todo listo entonces.
Un sol primaveral alumbra intensamente los abandonados campos que os rodean, y para ti hace un día tremendamente fantástico. Si no fuera porque os vais a encontrar con decenas de tipos muertos, que han vuelto a la vida para arrancarte la carne a bocados, podrías decir que eres feliz.
Tras caminar un buen rato por los caminos de tierra, ya empezáis a ver los restos del todoterreno. Ahora, a la luz del día y calculando las circunstancias, es todo un milagro que salieras vivo tanto del accidente como del acoso podrido que ocurrió después. Al llegar, Belmiro se hace con un par de cosas, documentación (de poco le servirá..) y poco más. Tú encuentras abandonado a unos metros tu mangual, que debió de salir disparado durante las vueltas de campana. Te lo enganchas al cinturón, y vuelves a sentirte verdaderamente protegido.
Reemprendéis la marcha, camino de la casa donde os espera un fantabuloso todoterreno con 20 años, pero antes de llegar, Alicia os pide que paréis un momento. Al parecer está oyendo algo que vosotros no.
No dudáis de la palabra de la pequeña, pues es bien sabido que las personas que pierden un sentido tan importante como la vista, agudizan el resto, por lo que aguardáis a escuchar vosotros también. La pequeña os dice que son golpes, golpes que se acercan.
[Darle al PLAY]
Y estaba en lo cierto, después de un par de minutos empezáis a escuchar tambores.
Tambores que Belmiro identifica al instante.
Los tambores de una procesión.
Es Udane ahora la que parece acaparar a la pequeña, a si que las dejas a las dos abrazadas en la cama mientras tú te das la vuelta. Miras por la ventana, y la noche es bien cerrada, a si que aún queda bastante tiempo antes de que amanezca para poder dormir lo que reste de noche.
Hace un segundo recaías en el pensamiento de lo fuerte que es la cría, y es que no te puedes quitar de la cabeza los días que han pasado desde que os encontrásteis con ella. Días tan extraños y llenos de descubrimientos que habéis tenido conviviendo con la pequeña. Sí, sabes que es una locura dormir en la misma cama. Que aunque no sea agresiva, y conserve su humanidad, un simple roce con su saliva o cualquier otra cosa podría infectaros. Pero tenéis la imperante necesidad de cuidar de ella.
Tampoco sabéis mucho de lo que sucede en el cuerpo de la chiquilla. Si está resistiendo la infección, si lo ha desarrollado de forma leve, si os contagiaría de la forma "normal" o seríais como ella... De todas formas, sea como sea, no quieres acabar infectados . Por mucha habilidad que tenga para detectar dónde está la gente sana o infectada, el resto de las consecuencias no lo merecen.
La pobre cría tiene un hambre constante, jamás la habéis podido saciar. Estáis seguro que es cosa del virus...al igual que ese sexto sentido. Además, no vale comida cualquiera, tiene que ser carne, y contra menos echa esté más le gusta. Esto, los primeros días, os daba escalofríos. E incluso miedo, imaginando que en cualquier momento os podría soltar un bocado al no poder reprimir sus instintos. Recuerdas también, con repulsión, cuando abriste la pequeña mochila que llevaba cuando la recogísteis. Dentro había un amasijo de carne cruda, que preferiste no preguntar jamás de dónde procedía. "Al menos" había media rata devorada entre toda esa carnicería... También llevaba una pequeña cuerda, que os contó mas tarde que la utilizaba para atar a su madre mientras buscaba comida. Tan pequeña y tan lista... No le quedaba otra, agudizar su ingenio o morir.
Otra de las cosas que más os inquieta de ella, es que no duerme. Es como ellos. Jamás descansa. Por más que la mandáis a la cama, o se acuesta con vosotros, jamás le habéis visto dormida. Es buena chica, obediente, y se queda quieta con vosotros mientras imaginas que piensa en sus cosas. Realmente tiene paciencia, pues no debe ser fácil estar horas acostada sin nada que hacer. Estáis convencidos de que también es síntoma del virus, pues a pesar de que existen síntomas de insomnio en gente normal, dos semanas es muchísimo para que la cría esté tan cabal y llena de vitalidad. A veces te preguntas hasta donde llegará su cuerpo o su cerebro, pues ese desgaste podría llevarle a un colapso, aunque teniendo ese maldito virus corriendo por sus venas no se puede asegurar nada. Otra de tus preguntas sin respuesta... es qué serán esas pesadillas que asegura tener, si no duerme...
Aparte de su hambre y su vigilia, la niña es un encanto, y pronto os enamorásteis los tres de la pequeña Alicia. A pesar de todo por lo que ha pasado, su ánimo se vio fuertemente recuperado a las pocas muestras de atención. Los primeros días erais más cautelosos al estar con ella (sobre todo Belmiro) pero al final, y peligrosamente, os olvidáis de que porta el letal virus. Aunque bien es cierto que después de tantos días, cada vez os creéis más que la temible conversión no llegará (o ya pasó), y que Alicia será así para siempre. La habéis aceptado, la queréis y la sentís integrante de vuestra pequeña familia. Incluso habéis pillado a Belmiro jugando a escondidas con ella, y es que el orgullo del hombre es demasiado fuerte como para aceptarla abiertamente aún.
Ahora sientes que por fin el sueño empieza a venir de nuevo, y eso es bueno. Mañana será un día largo y emocionante. Por fin volvéis a la base.
Regresarás para conocer de una vez por todas tu pasado y quien eras en tu otra vida.
Una vez dentro de la masía, la limpieza fue mucho mas fácil que la primera vez que llegaste a la casa de Belmiro. La pequeña, nada mas entrar, y de la mano de Udane, os dice en qué lugares están merodeando los infectados. Belmiro hace el resto con la ballesta, para arriesgar lo mínimo Y manchar lo mínimo, también.
Ahora estáis arrastrando Belmiro y tu uno de los infectados hasta una pequeña fosa cercana a la casa, donde soléis abandonar los cuerpos. Mientras andáis con esfuerzo, el rudo hombre vuelve a la carga.
- Sé lo questás pensando chico. Y desde ya te digo que no lo serás.
La afirmación de Belmiro te coge por sorpresa:
- ¿Cómo? ¿Ser qué?
- Un héroe. ¿Es que no ves como'stá to? Porque yo si veo lo que'ntentas hacer. Olvida te de ser ese heroe que to'l mundo necesita. No vas a'nseñar a la gente la cura del virus. No saldrás en los periódicos como'l chico que'ncontró a la niña milagro. ¿Y sabes por qué? ¡Porque ya no hay mundo, ni gente, ni periódicos!. - Su tono empieza a subir mucho, y ves como empiezan a estallar sus ánimos - ¡Maldita sea chico, ni siquiera hay nadie a quien llevarla! ¿crees c'ay algún laboratorio que puedan investigar porqué'stá'sí? ¿Crees de verdá c'aún puedes llevarla a las "autoridades"? ¡Ya no hay ná!
>>Quizás tu'hora no lo recuerdas, pero yo sí. Yo he visto caer el mundo en apenas dos semanas. He visto en la tele como las ciudades mas grandes del mundo se venían abajo. He oído por la radio como la infección llegaba hasta los lugares mas apartados y recónditos. He visto como tó desaparecía en un chascar de dedos ¿En serio piensas que protegiendo a'sa niña salvarás al mundo? ¡¡Olvídalo!! No podemos movernos d'aquí, ¡moriríamos!. Si algo ha sobrevivio en este mundo, debe'star a tomar por culo d'aquí. ¿Pretendes ir al aeropuerto y coger el primer avión hasta la isla donde esten los jefazos y compañía? ¡Venga, que t'acompaño!
>>Otra cosa, otra cosa. En el caso que tó pintara color de rosa, y consiguiéramos a gente capacitá pa'studiarla ¿¿Quiés convertir a una cría en una maldita cobaya?? Imagína lo ca'rán con ella cuando la tengan. ¿Crees que se limitarán con sacar un poco de sangre y ya'stá? Contiéntate con que la maten y la'bran en canal pa ver que fue lo que la hizo diferente, y así no sufrirá meses o años de pruebas horribles pa'saminarla. Yo no seré cómplice de torturas, chico, o la mat'ora mismo pa protegernos, o sé que cuando pase dos dias con ella la protejeré como si fuera mi propia hija. Aquí no hay medias tintas, chaval. Y menos por tontos ideales inalcanzables.
>>Y, joder, ten cuenta que no sabemos ná sobre ella. Podría convertirse en el momento más inoportuno y llevarnos a la mierda ¿Quies eso? ¿Quies que nos arriesguemos pa proteger una posible cura qu'es del to imposible? Ora mismo esa criaja podría estar atacando a Udane y nosotros tamos aquí, como idiotas sin hacer ná, ¡maldita sea! - Belmiro, lleno de rabia, lanza el cadáver hasta la zanja y dándose media vuelta, se va hacia la casa aún soltando improperio por lo bajo.
Tu quedas pensando en todo lo que ha dicho el hombre. Estaba totalmente cargado de razón. No habías pensado directamente en lo que él ha dicho de convertirte en un héroe, pero en el fondo esperabas que esa niña pudiera traer tu vida a la normalidad. Pero es demasiado tarde. Ellos ya dominan el mundo y vosotros solamente sois una pequeña e insignificante mota de polvo.
Andáis despacio en dirección a la masía, mientras Belmiro vigila que no quede ningún infectado en los alrededores. Udane ha cogido a la pequeña en brazos, y observas su lamentable aspecto. No debe de quedar mucho para que muera y se convierta en uno de ellos. ¿Que haré entonces? ¿La encerramos hasta entonces? ¿Y después?
Intentas pensar y planear las cosas, pero será mejor hablarlo entre los tres cuando la cría no esté escuchando. Ahora está recostada en el hombro de Udane, mirando en tu dirección. Vuelves a escrutar esos extraños ojos, intentando dilucidar si se trata de una mirada ciega, infectada o la mezcla de ambas.
- Al final no me dijiste como te llamas, pequeñaja ¿No te fías todavía de nosotros?
La niña parece dudar un segundo, pero un apretón fuerte de Udane le da la confianza que necesita.
- Me llamo... Alicia Varín Vega, tengo 4 años, vivo en... en Tres Cuentos - ¿Se referirá a Tres Cantos? -, en la calle Villatarta numero 2. Mi mamá se llama Maricarmen..
La niña soltó todo en una retahíla de memoria, bien a aprendida por si se perdía. Ahora, ciertamente, de poco le sirve.
- Bien Alicia, es un nombre precioso ¿sabes?. El hombre gruñón que anda por aquí se llama Belmiro, y la chica que te lleva en brazos Udane. A mi me puedes llamar Enzo.
- ¿Enzo? Es bonito. Me gusta... - La cara de Udane parece iluminarse, y una sonrisa orgullosa de oreja a oreja le cruza la cara. - ¿Ahora vamos a una casa que hay aquí cerca?
- Mmm si... ¿Por qué lo dices Alicia?
- Es que... hace un rato estuve en una casa grande que... que se sentía a gente dentro pero no había nadie...
Los tres os miráis rápidamente. En varios kilómetros solo está la casa de Belmiro. La niña había estado, y podría que sus infectados acompañantes también.
- ¿Iba tu mamá contigo? - Alicia asiente al escuchar tu pregunta.
- Vino conmigo porque desde está rara no sabe entrar o salir de los sitios. Veníamos por aqui y llegamos hasta la casa, busqué la puerta y entramos.
- ¿Quienes entrasteis?
- Pues... yo, mamá y gente que venía con nosotros.
- Vale, voy a echar un vistazo por afuera. - Espeta tajantemente Belmiro, que echa a correr hacia la masía. Os estabais acercando por un lateral, a si que no tenéis a la vista la puerta principal. El campesino se asoma por la esquina, y os hace señas con las manos para que os acerquéis. - La puerta está cerrada... - Dice cuando llegáis.
- ¿Seguro que entraste, Alicia?
- Si... Y... ahora hay gente extraña dentro. - Los tres os quedáis inmóviles.
- ¿Te refieres a esta casa, Alicia? ¿La que tenemos enfrente? ¿Y a qué quieres decir con gente extraña? - Para el bombardeo de preguntas, empiezas a confundirla.
- Sí, es esta seguro. La gente extraña.. son personas como mamá... que... que hacen daño a la gente buena. Y... sé que hay gente mala ahí dentro.
No hay duda, se refiere a infectados. Pudieron entrar, y Alicia cerrar la puerta al salir dejando a "amiguitos" dentro. Pero dudas de la férrea convicción de la niña, sobretodo por su acusada incapacidad.
- ¿Cómo sabes eso, Alicia?
- Si están cerca... los puedo sentir.
- ¡Dita sea Udane! ¡No l'agas más difici! - grita rabioso Belmiro. Lo comprendes, el pobre hombre está pasando el peor trago de su vida y Udane se niega a aceptarlo. Te acercas rápido hacia ella, preocupado de que también acabe infectada por estar tan cerca de la niña.
- Vamos, Udane, no podemos hacer nada. Sólo tienes que mirarla... - Intentas que entre en razón, pero ella niega rotundamente con la cabeza.
Será más difícil de lo que piensas. Conoces la testarudez de la chica, a si que habrá que tomárselo con calma. Le haces un gesto a Belmiro, pidiendo tregua y un poco de tiempo. No es fácil, y Udane ha pasado por muchas cosas horribles, por lo que seguro que se siente identificada con la pequeña.
- De acuerdo, tranquila, no le haremos nada. Déjame hablar con ella. - Te agachas a su lado, y miras más de cerca a la niña. Está asustada, con la mirada totalmente desorientada. No sabe que sucede, y tiembla de miedo. - Hola, ¿cómo te llamas? - le preguntas amablemente
La niña mira en tu dirección, y ves más claramente sus ojos. Están totalmente nublados, pero no son del todo iguales que los ojos muertos de los podridos. Piensas que puede que fuese ciega antes de todo ésto...
- ¿Mi mamá está malita? - Se te vuelve a encoger el corazón... Miras a su madre, al lado vuestra. Con un tremendo agujero en la frente y chorreando sangre viscosa.
- Si, pequeña, está enferma... - Realmente no sabes qué decir, y Udane le abraza con más fuerza.
- ¿La vais a llevar al médico? Por favor... curarla, lleva muchos días malita, está rara y no me hace caso. - Las lágrimas volvían a brotar de sus pequeños ojos, mientras tú las contienes al imaginar lo que ha pasado la pequeña. Día tras día siguiendo a su madre, agarrada a ella en un vano intento de no perderla.
- Tranquila, la vamos a llevar al hospital, y verás como se pone bien... - Consigues articular unas pocas palabras que puedan resultar creíbles. Udane llora de igual forma, y oyes a Belmiro alejarse.
- Mentiroso...
Un incómodo silencio no hace más que dar la razón a la pequeña, la cual se refugia tras los brazos de Udane.
- ¿No... no puedes ver? - le preguntas, intentando investigar sobre su estado.
- No... - niega con su pequeña cabeza - No sé que es ver, pero mamá me dijo que no puedo hacerlo por que mis ojos también están malitos.
Se te cae el alma al suelo, pensando de nuevo en cómo ha sobrevivido hasta hoy. Una niña pequeña no se merece tal sufrimiento...
- Ten... tengo mucha hambre - Con tono avergonzado interrumpe tus pensamientos. Caes en la cuenta que ha tenido que buscarse la vida ella misma desde el incidente, y siempre intentando no perder el rastro de su madre. Es un milagro que siga viva.
Aunque ciertamente, poco le queda a la pequeña...
- Ven con nosotros, te llevaremos a casa para que descanses y comas con nosotros ¿te parece bien? - la pequeña asiente con timidez.
Te incorporas, invitando a Udane que haga lo mismo, y os ponéis camino a la masía, que afortunadamente queda a pocos metros. Belmiro os alcanza, lo cual no es muy difícil, pues aún sigues cojeando, y os dice susurrando:
- Estáis cometiendo un error.
Lo sabes perfectamente. Pero ya no tienes valor para hacerle mas daño a la criatura. Aún conserva humanidad, y tu conciencia no está muy limpia desde esta noche precisamente. Recuerdas la escena de la ventana. Los ojos desesperados de aquel hombre fijándose en su asesino.
En ti...
Acto 33
Belmiro y tu os quedáis paralizados. ¿Cómo es posible que haya hablado? ¡Pero si tiene todo el aspecto de estar infectada! La cría tendrá unos 3 o 4 años, y está totalmente demacrada. Vestida con un sucio y rasgado vestido blanco, con una gran mancha de sangre en el hombro. Está extremadamente pálida, aunque bien es cierto que no tiene ese color tan característico de piel infectada. Pero su cara... está demasiado escuálida, al igual que sus frágiles extremidades. Además, unos ojos nublados, estos sí de infectada ,se pierden en el horizonte. Su mano agarra la manga de lo que antaño fue su madre, y la otra la tiene extendida en nuestra dirección.
Pero no es esa mano no quiere agarrarte, si no más bien que tantea algo que no ve. ¿Podría ser que no nos puede ver? ¿Por eso lanzó ese saludo perdido al aire? Sin embargo, su madre si que nos ha visto, y va en dirección a Belmiro, arrastrando a su hija que la agarra.
- ¡No! ¡No mamá! ¡Déjalos, no les hagas nada! - La pequeña se empieza a angustiar. Como si esto no fuese la primera vez que sucede.
¿Acaso la niña aún no se ha convertido, y de ahí su aspecto? ¿Estará en la última fase antes de perder su identidad y convertirse en una oveja más, esclava del virus?
Belmiro parece indeciso con qué hacer. La extraña niña y sus palabras le han dejado tan anonadado como a ti. Sólo fue en el último instante cuando recobra la cordura y cruza su guadaña frente a él para detener el avance del monstruo. La madre sin duda sí está infectada, con su brazo totalmente desgarrado y el resto de la característica putrefacción reinando su cuerpo.
El hombre y la madre forcejan, hasta que el campesino da un fuerte empujón y derriba a la señora. La niña, que se negaba a soltar la manga de su madre, cae a su lado y sientes como se te encoge el corazón, apiadándote de ella. Es sólo pensar que después será su turno y te sientes despreciable. Tan sólo es una cría...
- ¡Por favor, mamá, para! - Se echa sobre su pecho, intentando evitar que se levante de nuevo, pero la mujer ignora totalmente a la cría - ¡No le hagáis nada a mamá, por favor, no le hagáis daño! - La pequeña empezaba a llorar desconsoladamente. - ¡Iros y dejádnos en paz!
Belmiro dudó un segundo, conmovido por sus súplicas. Pero no hay otra opción, y ambos lo sabéis. El pueblerino agarra con fuerza la guadaña, y lanza su ataque a la madre. La punta acaba clavándose limpiamente en la cabeza de la señora, que tras unos estertores, acaba quedándose inmóvil sobre el suelo. La niña lo nota, y empieza a palpar a su madre.
- ¿Mamá? ¿Mamá, estás bien? - Belmiro saca la punta del cráneo, y se dispone a acabar con la vida de la cría. Miras su rostro, y está llorando. Sin duda alguna, la niña no podía ver lo que estaba pasando. Gracias a dios.
Cueste lo que cueste, tiene que acabar con ella. Se acabará convirtiendo en una maldita bestia. Un monstruo sediento de sangre que no parará ante nada para conseguir lo que desea, desafiando a la propia muerte. No se merece eso. Y es ahora, o nunca.
Lentamente, Belmiro levanta la guadaña, mientras saca coraje desde lo mas profundo de su corazón para poder hacerlo. Pero justo antes de que caiga la mortal hoja metálica, Udane entra en escena, avalanzándose contra la niña y protegiéndola en un maternal abrazo.
La picadora queda a escasos centímetros de un árbol que se encontraba en la linde del camino, y por poco os estrelláis frontalmente contra él. Miras a tu lado, y Udane se ha lanzado contra el volante pare pegar ese volantazo.
- ¡¡Ero se pué saber c'aces, niña!! ¡¡Que por poco nos la damos!! - Belmiro parece tan asustado como tu, pues no debió de esperarse esa reacción de Udane desde atrás. - ¡¿Por qué lo'ciste?!
Udane vuelve a su rincón, acurrucada entre sus piernas mientras mira al camino. Señala con el dedo mientras hunde su cabeza entre las rodillas, con los ojos llorosos. Miras en la dirección que señala, y ves un pequeño grupo de infectados cortando el paso.
- ¿Y qué pasa? ¡Hazun momento bien que'stabas contenta!
- Espera, Belmiro. Pasa algo... - Intentas tranquilizarlo mientras no quitas ojo del grupo. Eran una media docena, cada uno destrozado en mayor o menor medida, pero entre todos destacaba una niña pequeña, que iba aún agarrada a la manga de su infectada madre. Pensaste que Udane se había compadecido de la pequeña, pero en este mundo no podíamos permitirnos esos lujos, y menos cuando casi provoca un accidente donde podríamos haber muerto.
- Mirad, Udane, Enzo. No podemos apiadarnos de la gente pestosa. Desde'l mas grande'stal más pequeño, tos son nuestros enemigos. - Dicho esto, arranca pero la picadora no se mueve. Ha debido de quedar atascada en la cuneta - ¡Dita sea, tenemos que bajá antes endeque nos rodeen!
Belmiro abre la puertezuela y baja de la cabina. Rápidamente le sigues para ayudarle, aunque ahora caes en la cuenta que todas tus armas quedaron en el todoterreno accidentado. Cuando todo se arregle tendrás que volver a por tu mangual, y el nuevo rifle. Seguramente Belmiro también quiera recoger cosas que tenía en el Santana.
Ahora, frente a frente con el grupo de monstruos, os preparáis para luchar. Tu lo poco que has podido hacer, ha sido coger una gruesa y larga llave de la caja de herramientas. Es similar a la de los coches para desatornillar ruedas, pero bastante mas grande, acorde al tamaño de los neumáticos. Sin embargo no pretendes luchar, solo prestar apoyo a la guadaña de Belmiro.
El primer infectado se acerca a Belmiro, que sin problemas lo despacha a gusto. Poco a poco se acerca el siguiente, al cual le rebana el pescuezo y la cabeza cae rodando hasta tus pies. Sin embargo, consigues distinguir que la cabeza aún se mueve, está viva. Sus ojos se centran en ti, y lanza dentelladas al aire, mientras su expresión se frustra por no alcanzarte. Con la llave no tienes dificultad de romper el cráneo y acabar con su desgraciada existencia.
Pero cuando Belmiro levanta la guadaña, enfrente de la madre y su hija agarrada del brazo...
- ¿Hola? - exclama la pequeña.
Nota: Id poniendo a cargar la música de aqui abajo, pero no la reproduzcáis aún. Tan sólo tenerla lista para el momento.
- ¡Juajuajuajua! ¡¿Que te parecesto, chico?! ¡Amos hacer batido de fresa!
- ¿Piensas usar la cosechadora contra los infectados?
- Chst. Nos una cosechaora, suna picaora de maiz. Que ganitas tenia yo de arramplarle'l trasto al Casimiro, ¡juajuajua!. ¡Pon algo de música! - Belmiro parece eufórico, se agacha para coger un pequeño radiocassete y te lo lanza detrás.
Rebosando entusiasmo, arranca y se dirige directamente al campo de maíz, donde se encuentran nuestros amigos perseguidores. En la radio solo se escucha estática, a si que pruebas dando al Play para reproducir la cinta de cassete.
Ahora si, dadle al play.
Una copla empieza a sonar desde el aparato de música, justo cuando arrolláis al primer infectado. Éste desaparece tras el frontal de la picadora, que tiene varios discos giratorios y puntiagudos. La picadora, literalmente, se ha comido al infectado. Empiezas a reconocer la canción. 12 cascabeles. De Joselito.
Esto es surrealista. No hay otra forma de llamarlo. Como un sueño sacado de una mente enferma. Estamos triturando muertos andantes, subidos encima de picadora al son de Joselito. Madre mía.
Os adentráis en el campo de maíz, y los infectados no hacen por apartarse. Al revés, parecen hechizados por el ruido del inmenso motor que mueve la picadora y como polillas a la luz, se plantan en mitad de nuestra trayectoria.
Buscas por la ventanilla preguntándote dónde demonios terminarán los restos, y por atrás ves un largo conducto que expulsa a la tierra una mezcla negruzca de plantas y carne picada, dejando un rastro digno de la película mas gore del mundo. Uno tras otro, los infectados van sucumbiendo a la voracidad de la picadora, que engulle sin parar todo lo que se ponga delante suya.
Te encuentras totalmente absorto, viendo desaparecer a esos malditos monstruos que te han perseguido toda la noche. Miras a Udane, y ella parece encantada con el espectáculo. Hasta se mueve al ritmillo de la música... Belmiro, por su parte, está pletórico, riéndose a carcajada limpia y disfrutando como un niño en un parque de atracciones. Te hace subir a tope el volumen de la música y canta la canción a voz en grito.
Tras un rato sembrando el caos en el maizal, parece que no queda ningún infectado a la vista, y tranquilizándose, Belmiro apaga la parte picadora y ponemos rumbo a la masía, tras coger el camino de tierra. Te alegra que se le haya pasado el enfado por destrozarle el coche, aunque sabes que es temporal. En cuanto te pidan explicaciones de lo que hiciste esta noche, sabes que se enfadarán muchísimo contigo, y con toda la razón del mundo.
Ahora comprendes lo preocupados que se han sentido por tu estupidez, y lo cerca que has estado de morir en un intento inútil de conocer detalles sobre tu antigua vida. Para mas inri, has destrozado el coche de Belmiro y ahora no tenéis forma de moveros. Evidentemente, andar en este monstruo no es una opción. Al menos no piensas que sea difícil conseguir un vehículo alternativo... Deben de haber miles de vehículos por ahí abandonados, a si que te planteas como objetivo devolverle su medio de transporte a Belmiro, y de paso conseguir otro para ti. Pero eso ya será en otro momento, el sueño empieza nublarte la mente, y aunque ocasionalmente Belmiro enciende la picadora para acabar con algún infectado que se pone en mitad del camino, te encuentras a punto de caer dormido.
En los comienzos del amanecer, distingues por fin a lo lejos la masía de Belmiro, y sueñas despierto con la tranquilidad que te ofrecerá en breves y la confortable cama donde descansar...
- ¡¡¡NOO!!! - El grito de Udane, lanzándose hacia delante para agarrar los mandos del vehículo y realizar un violento volantazo, te abre los ojos de par en par.
PD: Esta entrada se la tengo que agradecer a los chicos del foro de Agroterra, por ayudarme a elegir la máquina mas destructora y apropiada para esta escena, pues una simple cosechadora no hubiera podido con un ser humano. Para que os hagáis una idea de lo que es una picadora de maiz, visitar este video (ojo al minuto 0:50). También, a raiz de esa consulta, me enseñaron que poco se puede hacer nuevo, y esta misma escena existe en el cine (exagerada claro y con aliens) pero me inspiró para ponerle Joselito a la picadora y hacerlo todo aún mas divertido. Gracias chicos.
- Vamos, tenemos que irnos. - Empujas suavemente a Udane mientras la separas de ti. - ¿Dónde está Belmiro?
Ella se lleva la mano a la boca, y lanza dos fuertes silbidos. Al momento, se escucha a lo lejos:
- ¡¡Oooy p'allaaaaaaa!! - Mirando en la dirección del grito, consigues distinguir otra luz a lo lejos.
Seguís andando mientras os alejáis de vuestros perseguidores, ésta vez algo más rápido pues has conseguido algo de apoyo agarrándote a Udane. En un rato, Belmiro os alcanza y se planta frente a ti.
- ¿Se pué sabé a que cojones juegas, niño? ¿Andestál coche?
Intentas imaginar que decirle, para que se lo tome de la mejor manera posible, pero tu mente parece desconectada y tu silencio solo confirma las peores sospechas de Belmiro.
- Virgen Santa.. ¡yo te mato! ¿¡Que lasecho al coche!? ¿Las perdío? - Mas silencio por tu parte - ¡Me cagon las estrellas! - El tono de Belmiro se agita cada vez mas, mientras a ti se te cae la cara de vergüenza. Sigue lanzándote improperios hasta que por fin Udane posa su mano sobre el pecho de Belmiro, intentando calmarlo y conciliar la situación.
- Lo... lo siento. Fue un accidente. - Es lo máximo que alcanzas decir. Tu humillación y cansancio se hacen patentes, por lo que rudo pueblerino parece tranquilizarse.
- Güeno, ná, yastá. Perorastamos demasiao lejos de casa, y en tustao no podremos llegar con esos cabrones detrás. Además, no quiero a toa esa muchedumbre en tol frente de casa - Los infectados ya habían recuperado el terreno que les habíamos aventajado y daba la sensación de que cada vez eran más. Belmiro se pone en marcha y se adentra en un campo de maíz, aún sin madurar. - Amos poraquí.
Los tallos eran lo suficientemente altos para taparos por completo, por lo que vais despacio y extremando la precaución, en cualquier momento podría aparecer de la nada una de esas malditas bestias y echarse encima vuestra. Lo bueno es que el campo los retrasará bastante.
Nada mas salir del maizal, os encontráis frente un enorme granero. Tras entregarte su ballesta, Belmiro corre hasta la puerta y os pide que os quedéis vigilando. Con la guadaña, de la cual nunca se separa al salir fuera de su masía, empieza a destrozar una pequeña puerta de madera. En poco tiempo se cuela dentro, no sin antes repetiros que tengáis cuidado.
Desde fuera comenzáis a escuchar ruidos de plástico removiéndose, y después varios golpes metálicos. Por fin, el estruendoso ruido de un motor rompe el silencio de la noche. Justo en ese momento los primeros infectados aparecen por la linea de las altas plantas. Mas de uno tropieza al salir e se incordian mutuamente. De repente, un portón de madera que ocupa todo el frontal del granero, se hace añicos para mostraros vuestro nuevo juguete.
Una inmensa cosechadora, pilotada por Belmiro, se detiene frente a vosotros.
Caes violentamente al suelo, rodando sobre ti mismo por el tremendo impulso que tomaste. Llegaste sin problemas, y bastante lejos, a pesar del aparatoso aterrizaje. Te incorporas dolorido... demasiado dolorido. Ya la has cagado. El tobillo te arde de dolor, debiste caer sobre alguna piedra o algo... pero no es momento de quejarse. Miras hacia atrás y los infectados ya se dieron la vuelta para ir a por ti. Comienzas a andar rápido hasta el camino de tierra, y por suerte ves la frenada del coche. Ya sabes al menos por dónde ir. Sorteas con dificultad a un par de engendros que quieres atraparte, y comienzas a andar apurado.
El tobillo cada vez te duele más, y no permite que vayas muy deprisa. Constantemente miras hacia atrás, en una estúpida esperanza de que se cansen de perseguirte, pero alli siguen. Inexorablemente siguen tus pasos, algunos más rapido y otros mas torpemente, pero todos van a por ti.
Tú, por el contrario, cada vez vas mas despacio a causa del dolor, y la ventaja que les sacaste al principio la van recortando los más ágiles. Para rizar el rizo, hay más monstruos que se unen a la persecución que vienen desde los lados o incluso de frente, obligándote a desviarte por el campo para evitarlos.
Parece que han pasado horas y horas desde que saltaste, y no encuentras absolutamente nada reconocible que te diga que vas por el buen camino... pero debes darle esquinazo. Buscas alguna casa, algún refugio para recuperarte, pero no ves absolutamente nada. Todo está tan oscuro que apenas ves más alla de algunos metros.
Con dificultad y lágrimas que son mezcla de dolor y desesperación, coronas un pequeño cambio de rasante y ves una luz al fondo. ¡Una luz! Eso significa alguien vivo, si o si. Comienzas a bajar la cuesta rápidamente, en dirección a la pequeña luz. Poco a poco vas dándote cuenta que está más cerca de lo que piensas, y que se mueve a un ritmo acompasado. ¡Es una linterna! ¿Será Belmiro o Udane?
- ¿¡Hola!? - La luz se queda paralizada nada mas gritaste. De repente te enfoca, deslumbrándote. - ¿¡Belmiro!? ¿¡Udane!? ¿¡Sois vosotros!?
La luz permanece inmóvil, apuntándote directamente a la cara y dificultando tu visión. Miras atrás y ves a varios de esos monstruos a pocos pasos de ti. Uno tropieza al comenzar la cuesta abajo y cae de bruces contra el suelo, pero cada vez van apareciendo más. También notas que la linterna se mueve, y oyes pasos cerca de ti.
Te das la vuelta, pero sigues sin ver nada. Antes de llevarte la mano para protegerte los ojos, recibes un tortazo que te cruza la cara. Justo después, esa persona te abraza fuertemente mientras solloza y comprendes en un instante quien es.
Poco a poco tu mente empieza a funcionar. Te duele cada centímetro de tu cuerpo, y comienzas a tomar conciencia de dónde estás. El Rover Santana. El accidente... estás en el suelo de la parte trasera. Con el maremágnum de vueltas que sufrió, te alegras de no haber salido despedido por una de las ventanillas. El coche parece que se quedó del derecho, pero está muy dañado. Y lo que te ha despertado, son unos golpes insistentes en la chapa. Te incorporas y ves una sangrienta mano agitarse enfrente de tus narices. Instintivamente te echas para atrás, y por la otra ventanilla otra mano te agarra del pelo. Revolviéndote consigues zafarte y miras asustado en todas direcciones, en el centro del automóvil.
Estás totalmente rodeado.
No sabes cuanto tiempo has estado inconsciente en el automóvil, pero si el suficiente para haber atraído a todas los monstruos que hubiera por la zona o estuvieran siguiéndote en la loca carrera por el camino. Sus esqueléticas manos se cuelan por las rotas ventanillas en un intento de agarrarte, y les queda muy poco para ello. Otros golpean con furia la chapa del automóvil. Incluso la puerta del conductor ha sido arrancada, y hay un par pugnando por echarte el guante desde delante. Es cuestión de tiempo que consigan superar su torpeza y entrar. O que una puerta esté medio suelta y...
Tienes que salir como sea. Pero estás rodeado. Totalmente rodeado
Angustiado, miras alrededor hasta que ves tu salvación. El techo solar. Rápidamente te incorporas y escalas por los asientos para llegar hasta el techo del todoterreno. Los infectados te han visto y ahora se intentan encaramar para agarrarte, pero son lo suficientemente torpes y el coche lo bastante alto como para que no puedan echarte el guante. Te sientas, acurrucado, pensando en cómo salir de ésta.
Definitivamente, ésta no es mi noche...
Miras el cielo, y la luna ya se ha ocultado para hacerte aún mas negra la noche. Mirando a lo lejos poco puede distinguirse, y desconoces a cuanta distancia estás de la masía, es más, no sabes ni en qué dirección del camino... pero irte es tu única salida. No puedes quedarte aquí arriba eternamente.
Podrías esperar a que Belmiro se diese cuenta de tu falta, pero no tiene automóvil... y tampoco estás seguro de que al venir, tu tomases el camino adecuado. Ni puedes asegurar que Belmiro coja este camino para buscarte... Tienes una posibilidad entre un millón de que te encuentren. Debes moverte tu.
Miras a las bestias, que cada vez están mas furiosas por no poder conseguir su alimento. El coche comienza a balancearse peligrosamente, pues muchas manos lo empujan furiosas. La única manera seria saltar desde el techo, volando por encima de sus cabezas, reincoporarte lo más rápido posible y salir pitando. ¿Y si una de esas cosas alarga el brazo y me agarra del pie en pleno salto? ¿Y si la fastidio al saltar, me escurro y caigo directamente encima de ellos? Y si no saltas ¿que opción tienes? ¿Quieres morir aquí arriba por inanición, o hasta que un monstruo consiga subir al capó mientras duermes y se arrastre hasta ti? Te imaginas la escena, contigo famélico encima del techo, muriéndote de sed, rodeado por un enjambre aún mayor de no-muertos, habiendo desperdiciado la mínima posibilidad que tenias al principio...
No dudas mas, y te levantas rápidamente. Respiras hondo, y preparas tus músculos. Elijes una zona que aparenta amortiguar la caída, y te mentalizas en el salto. Estás totalmente acongojado, pero debes hacerlo. Tienes que seguir adelante. Por ti, por ellos, por la humanidad, por lo que quieras. Pero sigue.
De acuerdo... pero a la de cinco.
- Cinco... cuatro... tres... dos... uno... ¡¡¡Vamos!!!
Te apresuras a asomarte, y ves una imagen terrorífica. El cuerpo que acabas de lanzar por la ventana, ha caído encima de los infectados que intentaban agarrarte. Se encuentra suspendido sobre decenas de manos, como si de un concierto de rock se tratara.
Pero ese cuerpo pertenece a una persona. Una persona que está gritando de puro pánico. Durante un instante, te mira. Directamente a los ojos. Justo después, los infectados lo tiran al suelo y se abalanzan encima suya. Sus aullidos pronto se ahogan.
Has matado a una persona. A un superviviente que había conseguido aguantar aquí encerrado. Con todo este ruido lo hiciste salir... Te vio... Imaginas como de aliviado se sintió su corazón. Estaba aquí encerrado y por fin había encontrado a alguien tan vivo como él. Seguramente te habló, pero en tu locura de gritos y golpes ni siquiera lo escuchaste. Se atrevió a tocarte... y lo tiraste por la ventana. Lo arrojaste al infierno. Lo mataste.
Soy un asesino.
La conciencia empieza a quemarte por dentro. Sus gritos de pánico aun resuenan en tu mente. Si... fue un accidente, pero provocado por tu ineptitud. Lo has matado, y eso es un hecho irrefutable. Sus ojos, mezcla de sorpresa y de incomprensión aun están fijos en tu retina. La culpa provoca que rompas a llorar como un niño, y te sientas en el suelo hundiendo tu cabeza sobre tus rodillas.
Intentas hacer algo, reaccionar... pero la imagen de su muerte no te abandona. Soy incapaz de seguir... Pero si no sigues, acabarás como él. ¿Y qué? Me lo merezco. Soy un asesino. ¿Y crees que solucionarás algo muriendo? ¿O empeorarás las cosas? ¿Qué hay de Belmiro? ¿Y de Udane? ¿Vas a abandonarlos? ¿Cómo se sentirá Belmiro al ver que te fuiste sin dar ni siquiera las gracias, o ayudarle cuando te dijo que necesitaba tu colaboración, después de salvarte la vida y alojarte en tu casa? ¿No quieres seguir al lado de Udane? ¿No sientes nada por ella?
¡¡BASTA!!
Te levantas, y echas a correr en plena oscuridad escaleras abajo. Es hora de irse. Olvida lo que ha pasado y sigue adelante. Déjalo en el pasado. En este mundo tienes que avanzar sea como sea, siempre adelante. Sin lamentarse. Sin... conciencia.
Llegas hasta la puerta, y de un tirón apartas las sillas. De un portazo, la abres de par en par y echas a correr por el patio. Aún hay bastantes infectados que se dirigen hacia el reclamo, pero corriendo sin parar no suponen mucho obstáculo. Los evitas, y siendo tan lentos y torpes no consiguen amenazarte lo suficiente. Consigues llegar hasta el Santana, y te montas apresuradamente. Por fin, en un acto de previsión, te encuentras las llaves puestas, y enseguida arrancas el coche. Súbitamente, dos manos golpean tu ventanilla, dándote un susto de muerte.
Parece una mujer, con la cara horrible. No te entretienes. Aceleras a toda velocidad y sales echando leches de la base. Sigues por la carretera, esquivando a algunos monstruos que aún no habían llegado a la base, y llegas hasta el camino de tierra que te llevará hasta la masía de Belmiro. Vas a toda velocidad, intentando volver a tu refugio seguro. Bajo la protección de Belmiro, y el cariño de Udane. La masía, la madriguera para el ratón asust...
- ¡Mierda! - Era de esperárselo. Te encuentras con un infectado en mitad del camino y tienes que dar un volantazo para esquivarlo. Te sales fuera de la calzada, metiéndote de lleno en una profunda zanja. El frontal del coche choca contra el suelo, y notas como empieza a tumbarse el todoterreno.
Ves todo girar, tomando conciencia de innumerables vueltas de campana. Lo último que recuerdas, es tu cabeza golpeando contra el cristal. Después, todo se vuelve negro.
Diario de Navegación del velero "Sirena de los Volcanes"
A 3 de Febrero de 2006. Día 107.
Afortunadamente, las predicciones de ayer fueron ciertas. El todoterreno tiene combustible suficiente como para llegar hasta Madrid, aunque allí habrá que buscarse las habichuelas para rellenarlo. Me imagino que los miles de refugiados querrán tanto combustible como nosotros y debe ser difícil conseguirlo en estos tiempos. De todas formas no tendríamos por qué movernos de Madrid...
Durante el día de hoy no hemos hecho más que caminar por la interminable vía férrea, demasiado despacio para mi gusto, pues no era una autopista precisamente. Al pobre ruso le estamos destrozando la suspensión, pero seguro que con los millones que tiene, a juzgar por su casa, le importará un rábano. El caso es que hemos ido tan despacio que hemos tenido que hacer noche en una estación abandonada hace la época de Franco por lo menos. No hemos encontrado ningún convoy que estorbara el paso, seguramente Renfe paró todos sus servicios cuando vieron venir los problemas. Debemos estar en algún punto intermedio entre Ciudad Real y Toledo, en un pequeño pueblo que no sabemos ni siquiera como se llama, pero que luce totalmente abandonado al igual que la estación. Sin duda hubo tiempos mejores para estas antiguas casas, y migración a las ciudades en los últimos años hicieron mella en el pequeño pueblo.
Sin embargo, el triste destino de la localidad nos ha beneficiado, pues podemos dormir tranquilamente ya que los infectados deben estar bastante lejos de aquí. Aun así, hemos bloqueado todas las entradas y haremos turnos al dormir. Ahora mismo Rodrigo está roncando como un león mientras escribo lo poco que ha pasado durante el día de hoy.
Anímicamente estoy cada vez mejor, estamos ya muy cerca de Madrid y por fin podré reencontrarme con los mios. Mi compañero de aventuras es muy pesimista acerca del tema, y todo el rato intenta hacerme ver lo peor, pero a pesar de ese cosquilleo de la inseguridad que me ronda en el estómago, estoy convencido de que mi familia fue lista y se supieron cuidar como debían.
Mañana iremos directamente a mi casa, un chalet que me salió tirado de precio y que pertenecía a una pareja divorciada. Está en una urbanización a las afueras de Aravaca, al noroeste de Madrid, a si que tampoco me preocupo de que los altercados y alborotos llegaran hasta allí. Repondremos fuerzas y yo intentaré contactar con mi familia, o idear un plan para buscarlos. Habrá que contactar con el ejército y buscar dónde pueden estar refugiados... Me imagino que no será tarea fácil, y puede que tenga problemas ya que piensen que yo mismo pueda venir infectado, pero es un riesgo que deberé asumir si así se presenta la ocasión.
También he estado pensando bastante en la familia de Tony. No sé que podré decirles, si contarles toda la verdad, si decirle que murió valientemente intentando protegernos... es la peor noticia que se puede dar a unos padres, y aún no tengo ni idea de como afrontarlo...
Rodrigo sigue insistiendo en que él ya no busca a nadie, y que sólo me acompaña para protegerme y tener compañía. Intentaré en lo que queda de viaje profundizar mas en su cabeza, y abrir ese caparazón en el que se refugia para, posiblemente, evitar una triste realidad. Y es que su pesimismo no hace más que confirmarme ésta teoría. Se ha convertido en un importante y fiel amigo para mi, a si que haré todo lo posible para ayudarle.
Por hoy no tengo nada más que contar. Mañana me espera Madrid, mi familia, un refugio y espero que un mínimo de normalidad y rutina para poder calmar mis ánimos.
Vuelves hasta donde dormías hace un segundo, y recoges tus cosas. Cargas con la mochila, el fusil y agarras la linterna... pero ésta no se enciende. ¿Qué pasa ahora? Accionas otra vez el interruptor, y ves una débil lucecita que se apaga de nuevo.
No. No puede ser. ¿¡Me dormí con la linterna encendida!?
Cada vez te superas más. Está claro que hoy no es tu noche, pues por supuesto no has traído pilas de recambio. Estás sembradito. Ahora tienes que recorrer un edificio totalmente a oscuras y encima tan sólo le has echado un ojo por encima. Podría haber una docena de esas cosas rondando las habitaciones y no las hubieras visto al subir.
Pero basta de lamentaciones. No tienes otra opción, a si que echas a andar hasta las escaleras, y muy despacio comienzas a bajar. La oscuridad es prácticamente total, la poca luz que entra desde las ventanas, no es suficiente para poder ver con claridad. Pero no te detienes. Sigues bajando como un ratón asustado, atento al menor ruido. Es cuando vas ya por el segundo piso cuando lo oyes. Algo se ha caído arriba. Mejor dicho, alguien ha tirado algo. No estás solo.
Empiezas a bajar más deprisa las escaleras y llegas al primer piso. Debes ser rápido en trazar tu plan, antes de que los visitantes de arriba vengan a hacerte una visita. Corres hasta el final del pasillo, y te asomas a la ventana. Tu orientación en estos momentos no es muy buena, pero lo que ves es más que suficiente, en este lado no está la puerta de entrada. Saltar es una locura, pues es un primer piso bastante alto y caerías sobre el duro hormigón. Afortunadamente, tu plan no es tan desesperado.
Comienzas a gritar con todas tus ganas, vociferando toda clase de insultos y expresiones hacia los monstruos. Das golpes en la ventana, hasta romperla, y sigues gritando. El efecto de llamada da resultado, y empiezan a aparecer los primeros infectados por la esquina. Se colocan debajo de la ventana, mirando impotentes hacia arriba, estirando sus escuálidas manos en un vano intento de agarrarte. Sin embargo, sigues gritando con todas tus fuerzas, casi hasta quedarte sin voz.
De repente, tu despistada actitud te la vuelve a jugar. Notas como una mano te agarra del hombro. Estás sentenciado. En una milésima de segundo, comprendes lo idiota que has sido por no revisar el pasillo que dejabas a tus espaldas, e intentas pensar en la forma mas rápida de librarte de la amenaza. Como en una película de acción te imaginas la escena. Adelante. Inténtalo sin dudar, o muere.
Sujetas con firmeza la mano que te agarra, y tirando de ella hacia delante, rápidamente te echas a un lado. La maniobra, increíblemente, funciona, y el cuerpo pierde el equilibrio precipitándose hacia delante. Con todas todas tus fuerzas ayudas al infectado a estamparse contra el alféizar, tirándolo por la ventana.
- Aaaaaaaaaaah!!! - El cuerpo grita al caer.
¿Ha.. gritado? No... no... no, no, no. ¡¡No!! ¡¡Eso es demasiado humano!!
El fusil cae desde tus manos inertes directamente al charco. Tu mente, paralizada, intenta comprender que ha pasado. Una explosión... un disparo. El fusil se te ha disparado solo. ¿Pero... estoy bien? Te chequeas mentalmente, y nada te duele. No, no me ha dado... Han pasado algunos segundos, pero aún oyes resonar el eco del disparo.
El mundo muerto en el que ahora vives es silencioso... tremendamente silencioso. Cualquier ruido fuerte se oye como una banda de trompeteros. Y este disparo ha debido de oírse a kilómetros de distancia. Ya sabes lo que eso significa. Todos los malditos infectados que estén por aquí, ya saben que hay algo sumamente interesante que visitar.
Nada mas relacionar todo esto, aparece la primera figura tambaleante girando la esquina de un edificio. Estás jodido. Pero bien jodido. Otra pareja aparece entrando por la entrada de la base militar. Otro más adelante... Acuden como abejas a un panal de miel. Tienes que moverte, irte de aquí inmediatamente.
Al fin consigues reaccionar, y agarrando con rapidez el empapado fusil, emprendes la carrera hasta el edificio más cercano. Desechas el pequeño edifico de las celdas, por lo que te metes en una alta construcción, que bien podrían ser dormitorios o vete tu a saber qué.
Llegas hasta la puerta, que afortunadamente se abre sin problemas, y echas un vistazo con la linterna. Todo despejado. Entras y cierras la puerta, pero no hay ningún tipo de cerradura manual, y no tienes las llaves a mano precisamente. No es mucho, pero esperas que esto los entretenga suficientemente para pensar algo. Miras en todas direcciones, y rápido comprendes que debes asegurar todas las entradas. Corres por el pasillo hasta una especie de mostrador, y desde ahí dos pasillos se abren en dos direcciones. Los recorres a toda prisa, y parece que no hay ninguna otra salida. Los pasillos están plagados de puertas, y mirando por una abierta, confirmas que te encuentras en unos dormitorios. Momento de pensar. ¿Que puedo hacer ahora?
Arrastras unas pesadas sillas que se encontraban enfrente del mostrador, para que la gente pudiera esperar, y las colocas enfrente de la puerta. Algo más de tiempo. Pero no es suficiente, no te puedes quedar aquí o estarás perdido. Primero intenta analizar la situación, y para observar el panorama lo mejor será subir más arriba. Comienzas a subir despacio por las escaleras hasta llegar al segundo piso. Compruebas los dos pasillos con la linterna, y de igual forma parecen limpios. Sigues subiendo, y repitiendo la sencilla revisión hasta llegar al ultimo piso, que es una puerta que da a la azotea. Estás bastante sofocado, pero el edificio parece despejado. Te acercas hasta la cornisa, y vas echando un ojo a los alrededores. Poco a poco, tu alma se te cae a los pies. Vienen infectados desde todos los puntos de la base, y más que están entrando. Intentas ver alguna salida, pero solo ves un fuerte muro rodeando a toda la gigantesca base. El coche lo tienes al lado de la entrada, al otro lado del patio, pero hay tantos seres tambaleándose en el camino que seria una locura ir para allá.
Te sientas en el suelo, totalmente decaído, pensando en la forma de escapar del lió que has montado...
[...]
Increible, pero el agotamiento ha hecho que te duermas. Despiertas asustado, sin saber que demonios ha pasado. No sabes cuanto tiempo a transcurrido desde que te dormiste, pero sigue siendo de noche. Miras asustado alrededor, pero la azotea está desierta. Si una de esas cosas hubiera conseguido subir... no puedes ser tan descuidado, o verás tu final muy pronto.
Te asomas a la cornisa, y mirando para abajo, distingues muchísimos amigos que se han reunido para la fiesta. Por lo menos, mirando a lo lejos, no ves que se acerque ninguno más, a si que es factible llegar hasta el coche. Eso sí, consiguiendo salir de aquí antes, pues justo delante de la puerta por donde entraste, es donde se está celebrando la reunión de los no-muertos.
Sin embargo, tu mente parece haber despertado lúcida, y ya tienes un plan para poder salir sano y salvo de aquí.
Una vez tu estómago asentado, y revisado los alrededores comprobando que no hay ningún podrido cerca, continuas tu búsqueda. Lamentablemente ahora tienes el regalito del aroma a cadáver y vómito, por lo que tu ánimo empieza a quebrarse. Solo esperas enc...
- Aquí ¡Sí! ¡Aquí! - Agarras un papel hecho un guiñapo, arrugado y cuarteado por las lluvias de hace unos días, pero por fin lo tienes.
Con cuidado lo extiendes, y forzando la vista consigues leer:
"...jeto: Desconocido"
"...ivos": Insubordinación ante un su... [...] ... rdenes."
"...etos personales: Taq28"
- No... no puede ser. - ¿Desconocido? ¡¡¿Cómo que desconocido?!! - ¡¿Qué mierda es ésta?!
Arrugas el papel, haciendo una pelota, y la lanzas con furia lejos de ti. La rabia empieza a consumirte. Estabas tan cerca de conocer al menos tu nombre... Tan jodidamente cerca... Y recibes esta patada en la cara. ¡Maldición! Empiezas a andar, dando pequeños círculos mientras piensas, intentando dar con la solución al problema.
Objetos personales.
Esas dos palabras acaparan de lleno tus pensamientos. Es una pista. Un hilo que seguir a una supuesta madeja. Objetos personales... ¿Qué era lo que ponía? Taq... Corres hasta la pelota, y la deshaces hasta ver el numero solicitado. Taq28 ¡TAQUILLA! ¡Eso debe ser! Algo es, sin duda. Ya tienes nuevo trabajo, encontrar esas malditas taquillas. Recoges con cuidado el rifle y te cuelgas el mangual del cinturón.
Empiezas a pensar también en el rifle, si quieres usarlo con seguridad, deberías hacer algo con esa sangre reseca. Es un peligro potencial, viniendo de un infectado... Buscas alrededor alguna forma de limpiarlo, y el reflejo en el suelo de las nubes iluminadas te da una solución. Un charco en las rodadas de un blindado podrá servirte, pero necesitas algo con lo que frotar. Tela... Una sábana. Corres hasta la celda, y de un tirón te llevas de tu antiguo camastro el gran trozo de tela. Al llegar al agua, te agachas, y mojando concienzudamente la sábana, empiezas a frotar las partes manchadas del rifle. Todo ésto con la linterna en la boca, y mirando nervioso en todas direcciones esperando que otra bestia inmunda se acerque a por comida. Y tu seas el plato principal...
Te recuerdas a ti mismo como una gacela, bebiendo en el riachuelo del territorio de los leones...
Afortunadamente terminas sin incidentes, y te propones revisar que tenga munición para que no te deje tirado en un momento crítico. Empiezas a buscar algún tipo de seguro que haga salir el cargador...
Un segundo. Si fuese militar ¿no debería conocer de inmediato la forma de hacerlo? Al menos es otra pista.
Sigues mirando como un tonto el arma, dándole vueltas intentando encontrar el mald...
¡¡BANG!!
Empiezas a hacerte daño en las manos por la impaciencia con la que remueves escombros, y aunque no lo ves bien, jurarías que te estas haciendo heridas. Vale , vale, con más calma, el maldito monstruo pasó por aquí encima, y no quiero contagiarme de una forma tan estúpida. Te contienes, y justo entonces, al levantar un pesado trozo de pared, por fin lo divisas. Rápidamente lo coges, y le pasas la mano para limpiarle el polvo. La hoja está sumamente maltratada, pero no te importa en absoluto. Agarras la linterna, y devoras con los ojos el informe buscando los preciosos datos:
"Sujeto: Carlos Martínez"
"Motivos: Superviviente con herida profunda en la mano derecha, sospecha casi confirmada de infección. En cuarentena desde el 10/01"
"Objetos personales": Ninguno.
¿Herida profunda en la mano? ¿Yo? Y una mierda. No tienes cicatrices, ni recuerdas ningún tipo herida mientras estabas encerrado. Si fuese profunda no se hubiera curado tan rápido, a si que tengo que ser el de la hoja de abajo. Levantas con avidez la hoja, pero ahí no hay nada.
- ¡¿Dónde..?! - Vuelves a examinar toda la carpeta y te das cuenta que la primera hoja ha sido arrancada y aún queda una esquina en su sitio. Con la impaciencia a punto de colmar el vaso, apuntas con la linterna de nuevo al suelo, y empiezas a buscar la hoja. Rezas para que quedara atrapada entre las rocas, o si no el viento la puede haber llevado muy, muy lejos.
Tan concentrado en la tarea de remover piedras, que ni oyes ni ves lo que se te acaba de echar encima. Solo cuando la asquerosa bestia gruñe a escasos metros de ti, te das cuenta del peligro.
¿Cómo he podido ser tan descuidado? Inútil, ¡Idiota! Retrocedes, y empiezas a buscar por todas partes tu maldito mangual ¿Donde demonios lo tiré?
- ¡Aquí estás, joder! - con prisas lo agarras, y retrocedes por el oscuro pasillo. El monstruo, es torpe al pasar por los escombros, pero consigue seguirte. Le apuntas con la linterna, y vuelves a revivir "viejos" momentos. Hacía demasiado que no te enfrentabas cara a cara con uno, sin la seguridad de tener las espaldas cubiertas con la ballesta de Belmiro. Ahora estás tú solo, y no puedes fallar bajo ningún concepto.
Respiras hondo, y te mentalizas de que estás preparado. Has entrenado lo suficiente, para que un despojo como esto te incomode. Comienzas a mover el mangual, realizando círculos, para aumentar la fuerza centrípeta del golpe, pero golpeas en la pared. No tienes espacio suficiente.
Preparado. Sí, seguro. Y por eso me meto en un pasillo tan estrecho. ¡Maldita sea!
Mientras gruñes para tus adentros, el monstruo avanza un par de pasos mas, y cada vez está mas cerca. Tienes que pensar algo, y rápido. El rifle se quedó allí atrás, y no es una opción. ¿Qué haría Belmiro?
...
Pues claro. ¡ Vamos allá!
- ¡Iaaagh! - Te lanzas contra él, y le propinas una patada en el estómago que lo desploma totalmente hacia atrás. Sin parar, le pasas por encima hasta alcanzar el montón de escombros.
Sin dudar un solo instante, agarras el trozo mas grande y pesado que puedes levantar, y destrozándote los riñones lo consigues para a continuación darte la vuelta. El infectado, teniéndote tan cerca, ni se ha molestado en levantarse. Te agarra del pantalón, pero tu sueltas el cascote directamente sobre su cabeza.
Al caer, oyes el mismo sonido que una sandía al aplastarse contra el suelo. Escuchas los trozos salir disparados contra las paredes, e incluso notas como te golpean trocitos en las piernas.
- ¡AAAGH!
La reacción es automática, el asco es tan grande que vomitas sobre el cuerpo inmóvil.
Maldita sea, nunca me voy a acostumbrar a convivir con estas casquerías andantes, joder.
Bajas del todoterreno, y lo empujas de nuevo los últimos metros en punto muerto hasta llegar adentro. No cometerás el fallo de hacer ruido innecesario y llamar la atención de los monstruos. Comienzas a caminar despacio en el patio central de la base, que bajo la escasa luz que aporta la luna tras las nubes, luce vacío. Distingues los cadáveres que viste al salir, mientras eras arrastrado por Belmiro. Cuando pasas al lado de un militar, que una vez convertido fue abatido por varios disparos en la cabeza, se te enciende la bombilla. Aún lleva su arma.
Te agachas para recoger el fusil, sacándolo con asco de debajo del cuerpo putrefacto. Lo llevaba colgado del pecho, lo que explica que una vez siendo monstruo, aún lo portara. Está salpicado con algo de sangre seca, que evitas tocar por precaución. Lo agarras por la correa y sigues tu camino. Vas directo hacia el edificio en el que estabas encerrado, y que desde entonces se encuentra gravemente dañado por el bombazo que le infringió Belmiro desde el tanque. El impacto fue en la esquina, y tumbó parte de las dos paredes exteriores y la de tu celda. Aunque miras en todas direcciones, sigues sin divisar a ningún infectado ¿Acaso todos los que venían a por nosotros, nos fueron persiguiendo fútilmente tras el coche? Te da igual, todo está siendo más fácil de lo que te esperabas. O quizás... demasiado fácil.
Cuando llegas hasta los escombros, miras hacia tu lateral, observando el cuerpo inerte de tu "amistoso" compañero de celda, el cual dejó un reguero de sangre y... líquidos indescriptibles desde la celda. Recuerdas con terror la macabra persecución, en la que estuviste a punto de morir. O mejor dicho, de convertirte en uno de ellos...
Sales de tu ensimismamiento, y vuelves a observar el edifico. Es estrecho y largo, y delante de lo que antes era la puerta de tu celda sólo había un pequeño pasillo que comunica todas las celdas con el exterior. Ahora, las dos paredes están reventadas, e incluso puedes mirar en la celda contigua, pero la luz ambiental no da tanto de si. Sacas la linterna y alumbras al interior. Desierto. Echas un vistazo hasta el fondo del pasillo, y ves una hilera de puertas pero ningún peligro. Atreviéndote a entrar, comienzas a explorar la siguiente celda. Has visto algo que te ha llamado la atención... al lado de la entrada a la siguiente celda, hay una pequeña bandeja colgada de la pared con un informe. Sólo hay un par de recuadros escritos, pero es bastante aclaratorio.
"Sujeto: Daniel Mencias"
"Motivos: Superviviente con herida superficial, sospecha de infección. En cuarentena desde el 12/01"
"Objetos personales: Taq12"
Debajo de esa hoja, hay otra similar.
"Sujeto: Sergio Jimenez"
"Motivos: Superviviente con sospecha de contagio indirecto. En cuarentena desde el 12/01"
"Objetos personales: Taq15"
Lo dejas en su sitio, y miras atentamente la puerta. ¿Qué hay ahí dentro? ¿Quizás han sobrevivido? Imposible. Mira las fechas... han pasado semanas ahí encerrados. Pero aún así, la curiosidad te puede. La cerradura es un simple pasador... lentamente lo agarras... ¿Y si realmente estaban infectados? Tocas suavemente con los nudillos la puerta. Si estuvieran contagiados ya se habrían abalanzado contra la puerta... Cogiendo valor, destrabas el pestillo, dejas el rifle en el suelo, pues no es plan de tomar clases de disparo en el critico momento, y agarras con fuerza el mangual mientras la puerta va abriéndose poco a poco.
Enseguida respiras una bocanada de aire rancio, con aroma a podredumbre. Mala señal. Muy mala señal. Abres de un portazo y alumbras con la linterna. Rápido observas el panorama... Hay dos bultos, uno en la cama y otro en el suelo. Parecen esqueletos recubiertos de piel.
Dios mio... murieron de hambre. Pobres condenados... Y pensar que yo pude haber acabado así...
Un escalofrío te recorre la espina dorsal, mientras miras otra vez las hojas colgadas de la pared, releyendo sus nombres e imaginando su agónico final. Es entonces cuando caes en la cuenta.
- ¡Yo debo tener una ficha similar! ¡¡Con mi nombre!! - exclamas mientras golpeas con la mano las viejas hojas.
Corres hasta el montón de escombros que una vez fueron la maldita pared de tu celda, y te pones a rebuscar como un loco entre ellos, buscando el dichoso papel amarillento.
Empezaste dando vueltas en la cama intentando imaginar que nueva burrada se le habrá ocurrido a Belmiro para traer vacas desde tan lejos hasta la masía. Pero poco a poco tus preocupaciones se fueron desviando de nuevo hacia tu pasado. Especialmente esta noche estás muy nervioso... tienes miedo de que al salir de tu refugio, te pase cualquier cosa y no llegues a averiguar eso que tanto necesitas saber. No haces mas que dar vueltas en la cama, las obsesiones acosan a tu mente y eres incapaz de dormir.
Sientes como una fuerza tira de ti. Te apremia a investigar, a buscar. A conocer, a saber. Lo necesitas.
Pero no quieres arrastrar a nadie contigo... y menos a Belmiro, después de todo lo que ha hecho por ti, no ves justo que por un "capricho" tuyo lo expongas a situaciones peligrosas. Resumiendo... tienes que ir a la base, antes de ir a por las vaquitas de Belmiro y sin que éste se de cuenta.
Decidido.
Te levantas de un salto, sólo hace un par de horas que anocheció, pero oyes retumbar los inmensos ronquidos de Belmiro por toda la casa. Udane aún no ha aparecido en tu cama... Bien.
Te vistes apresuradamente, y coges una mochila. Bajas a la cocina, metes algo de víveres y agarras la única arma que sabes utilizar medianamente bien, tu mangual.
Durante todo este tiempo, has practicado lo suficiente día a día para manejarlo con soltura, muchas veces haciéndote el gallito delante de Udane. Has estado cerca de descalabrarte por hacer el tonto, pero, evidentemente, es algo que los hombres no podemos evitar... Una leve sonrisa marca tu rostro mientras abres despacio la puerta de la entrada, cuanto te imaginas cual mono en un mitad de cortejo, golpeándote el pecho furiosamente... Sonrisa que se desvanece cuando miras a la oscuridad y comprendes a lo que te enfrentas. Es una locura andar de noche, pero confías en que igual que tú no los ves, ellos tengan las mismas dificultades de advertir tu presencia.
Quitas el freno del Santana, y lo empujas durante un buen rato para no despertar a Belmiro o Udane con el rugido del viejo motor. Una vez lo suficientemente lejos, arrancas y pones rumbo a la base militar de El Goloso.
El coche va avanzando a medida que transcurren los minutos, y pronto llegas a la carretera. Unos kilómetros más, y ya estás enfrente de la entrada. Afortunadamente, no te has encontrado a demasiados infectados por el camino, y el trayecto ha sido seguro. Pero ahora es otro cantar.
Dispuesto a entrar a la base, te enfrentarás en breve a tu particular Génesis. Vamos a ver que sale de toda esta locura.
[...]
Estoy bastante mas animado, ahora que tenemos techo donde descansar tranquilamente.
Es increíble la suerte que tenemos. Parece que nos sonríe y las cosas nos van rodadas. Bordeando la costa de Huelva, encontramos una gran casa palaciega que tenia un pequeño muelle incluido, a si que decidimos que seria el mejor sitio donde atracar. Usar el puerto de Huelva seria un suicidio, pues a bien seguro que estaría plagado de gente infectada. Atracar ha sido un poco aparatoso, pues no tenia mucha práctica, y por poco la liamos, quedándonos sin medio de volver al mar, pero afortunadamente lo hemos conseguido. Eso si, a costa de un golpetazo en la cabeza y un buen arañazo en el casco del barco. Ahora estamos dentro de la mansión, que tiene pinta de pertenecer a algún mafioso ruso, deducción que hemos sacado tras ver varios papeles con caracteres cirílicos. Seguro que el muy condenado estará en alguna de estas casas bien a gusto...
En cuanto a víveres, no había absolutamente nada, pero hemos traído mas que suficiente en el velero, en grandes mochilas, y hemos dejado aún mas dentro para la vuelta. Nos quedaremos en la casa, que hemos registrado de arriba a abajo y parece segura. La valla exterior es bastante fuerte, y tampoco se ve peligro desde aquí, a si que parece que podremos descansar a gusto en las lujosas camas que tenemos a nuestro alcance. Me da en la nariz que en bastante tiempo, no vamos a disponer de nuevo de este lujo...
El plan es salir mañana a primera hora, e intentar llegar a Madrid. La mejor forma que se nos ha ocurrido, es ir por las vías férreas. Deberían estar despejadas y son tramos directos hasta las principales ciudades. El transporte, esperemos que el Land Rover que tiene el ruso en el garaje, tenga el depósito lleno, por que con la millonada de euros que aparenta, funcionar, funciona seguro.
Ya veremos como sale todo mañana, y si hay un nuevo ida que contar en este diario...
Dos semanas antes
Hace ya bastantes días que estás en plena forma, pero no haces mas que atrasar tu salida a la base. Mezcla de conformismo y comodidad te atan a la masía de Belmiro. Aquí dentro te sientes protegido y en compañía, y no hace falta ser un lumbreras para suponer que eres un privilegiado. En el mundo han muerto millones de personas, y seguro que los supervivientes no disfrutan de tan inmejorables condiciones. Vale que no sepas nada de tu pasado, pero ahí afuera te espera un futuro manchado de sangre. Sabes que será difícil conseguir lo que deseas, y que el camino no estará adornado de rosas.
Luego... está ella. Te has apegado tanto a Udane, que te da pavor salir afuera y separarte de la chica. A Belmiro también le aprecias, y se ha convertido en alguien muy importante para ti... pero él es más como un compañero de armas. Con Udane sientes la necesidad de protegerla y cuidarla, al contrario de Belmiro. Es más, te sientes protegido con Belmiro. Pero Udane... sinceramente, te gusta mucho. No sabes si es debido a que es la única fémina que no quiere arrancarte la piel a bocados en kilómetros a la redonda, o realmente es esa dulzura que esconde tras su inexpresividad general lo que tanto te atrae. Desde aquel día, en que en mitad de la cena pronunció tu nuevo nombre, no ha vuelto a decir ni una sola palabra. Tu no eres muy hablador, pues no es que tengas muchos recuerdos que contar, pero los silencios que disfrutáis el uno del otro, cada día son mas cálidos y agradables.
Incluso empezó a visitarte en mitad de la noche, echándose a dormir contigo. Nunca te pidió permiso, ni te dijo nada, simplemente un día despertaste y estaba a los pies de tu cama, bastante grande por fortuna, acurrucada y hecha un ovillo. Desde entonces, noche a noche ha ido cogiendo la confianza de ganar poco a poco su sitio junto a ti. A ti no te importa en absoluto, la masía es muy fría de noche y se agradece un cuerpo caliente bajo la mismas mantas, y aunque el diablo es tentador, jamás has intentado algo con ella. Sientes que sólo busca compañía en las noches, y poder despertar acompañada tras sus pesadillas. Ha pasado por mucho, y es lo mínimo que puedes hacer por ella... Además, no es la única que sufre sueños horribles, por lo que despertar y encontrarla a tu lado es del todo reconfortante.
Respecto a los infectados, ha habido poco o nulo movimiento por los alrededores. Siempre que se han acercado, los hemos visto a varios centenares de metros, tiempo suficiente para abatirlos desde la distancia con la ballesta de Belmiro. Sin embargo, cada vez vienen con más frecuencia... parece que se empiezan a dispersar desde los núcleos urbanos y empiezan a llegar a zonas apartadas, y hay que recordar que tenemos una ciudad que albergaba millones de habitantes a pocos kilómetros. No sabes que hará Belmiro, pero tarde o temprano piensas que pueda ser insostenible permanecer aquí. Quizás alguna isla, o algún pueblo perdido de las montañas fuese un buen lugar... pero el problema es el de siempre. Salir. Moverte.
Ellos están esperándote ahí afuera. Y como dice el refrán... mas vale malo conocido que bueno por conocer.
De todas maneras, hoy ha sido el día en el que Belmiro no atendió a las razones de ese refrán, y te ha pedido ayuda para ir a unos pastos cercanos, y poder traer un par de vacas que nos den leche fresca. Tu aún no te explicas como piensa traerlas, pero le has dicho que le ayudarás sin dudar. Le debes tu vida, y así lo sientes. Por lo tanto, quedará pospuesta tu excursión a la base militar, en busca de respuestas que tú, de momento, no necesitas para seguir adelante.
Poco a poco has ido mentalizándote. Ahora tienes una nueva vida. Eres Enzo, y vives junto a Belmiro y Udane. Ellos son las personas a las que aprecias, y con las que quieres seguir adelante. Pero también es cierto, que muchas veces no dejas de pensar en los seres queridos que pueden estar esperándote en algún lado, en gente que puede estar preocupada por ti, gente a la que querías o amabas, y que les estás dando la espalda...
Despiertas de la pesadilla. Soñaste que estabas otra vez en esa celda, con el infectado de compañero. Te perseguía a través de la oscuridad mientras tropezabas golpeándote con todo. Forcejeabas, te tiraba al suelo, te mordía... Pero ahora estás de nuevo a salvo. En la masía de Belmiro.
Te volteas sobre la cama, y chocas contra Udane. Otra vez se ha metido en la cama contigo, como casi todos los días últimamente. Con cuidado, sales de la cama por el otro lado, y poniéndote algo de ropa bajas hasta la cocina. Por la ventana ves a Belmiro trabajando en el campo. Él sí que madruga.
Coges un tazón para echarte algo de cereales y mojarlos en agua. Lo que darías por un buen tazón de leche fresca... Belmiro anda detrás de conseguir un par de vacas, pero el problema es que están demasiado lejos para traerlas con seguridad. Ya se nos ocurrirá algo... Te acercas a la pila y bombeas algo de agua, pero esta mañana hay algo raro. El agua tarda en salir... Bombeas con algo más de dificultad, pero finalmente oyes subir el líquido por las cañerías. Acercas el tazón... y ves como empieza a llenarse de un liquido rojo y viscoso, con tropezones... es... ¡sangre podrida!
Dejas caer el tazón, asustado. Tienes las manos manchadas de ese maldito líquido, y mientras te restriegas las manos por toda tu camiseta para limpiarte, levantas la vista para avisar a Belmiro por la ventana. Cuando miras, está dando su enésima azada al suelo, pero una mano emerge de la tierra y le agarra del pie. Otra mano más sale y le atrapa, y otra, y otra. Belmiro cae al suelo, mientras unas manos podridas empiezan a despedazar vivo a tu amigo. Con impotencia golpeas el cristal, manchándolo con tus manos ensangrentadas...
Vuelves a despertar. Por fin. Estás acongojado, sudando, pero estás en la realidad... Es de noche aún, y como en el despertar de tu sueño, Udane está a tu lado. Abrazada a tu brazo, durmiendo. Pero fue la pequeña Alicia la que te despertó, tirando asustada de la manga de tu camiseta.
- ¿Estás bien... Enzo? ... ¿Estás bien?
- Sí, sí... pequeña. Sólo tenia un mal sueño... - Notas un silencio incómodo, como si Alicia estuviera esperando... - ¿Quieres echarte con nosotros?
Alicia mueve su cabeza rápidamente asintiendo, y trepa por encima tuya para echarse entre los dos. Cuando la abrazas, ella te dice:
- Tranquilo... tan sólo era una pesadilla. - su voz se va apagando en un susurro. - Yo tengo muchas... son feas... - Ella se duerme mientras tú piensas que seguramente, ella sea la más fuerte de todo el grupo.
II Parte
Después de coger el máximo de comida y agua del almacén, que nos permitía la bodega del Sirena, para abordar los siguientes días, nos pusimos en marcha. Tony va desmejorándose cada vez más, y está perdiendo el buen humor pues el brazo le duele muchísimo y siente un malestar in crescendo. Hablé en privado con Rodrigo, y éste se comprometió a acabar con su vida esta noche, mientras esté dormido. Yo jamás seria capaz de matar al mejor amigo que tuve jamás, por muy loco que se volviera. Y ahora, al final de todo, me alegro que esté en ese estado. Que no entienda que está condenado y que le quedan pocas horas de vida.
Ahora mismo es media tarde, y echando un ojo a todo lo que escribí acerca de lo que pasó ayer y hoy, parece más una novela de terror que una bitácora marítima. Rodrigo me ha preguntado que por qué estoy escribiendo todo esto, y tan pormenorizado. Ni siquiera yo lo sé. Quizás tengo miedo de volverme loco como Tony, miedo de perder la cabeza. Sin duda, escribir todo esto pone en orden mis ideas y me hace tomar conciencia de todo lo que ha pasado. Tengo que asumir una nueva vida, que empieza desde cero. Una nueva vida en la que seguramente mis personas mas queridas dejen de existir. Una nueva vida en la que cada persona que conozca será como un tesoro, vital para que pueda sobrevivir.
El ser humano jamás ha recibido una prueba de supervivencia de tal magnitud, y al parecer, he sido seleccionado para esta carrera, en el que solo hay dos puestos en el podio. La vida para los ganadores y la muerte para los se queden atrás.
[---]
Diario de Navegación del velero "Sirena de los Volcanes"
A 2 de Febrero de 2006. Día 106.
Cuando hoy desperté, Tony ya no estaba en el barco. Me alegro de que todo sucediera mientras dormía, que no me enterara de nada. Pero eso no me ha evitado un par de lloreras a lo largo de esta mañana. Rodrigo lo entiende y apenas hemos hablado hasta la hora de comer. Me di cuenta de que él también debería sentirse mal, culpable por matar todavía a una persona que aún era... humano. Durante la comida me mostré mas ameno y distendido, y a media tarde le enseñé las pocas cosas que sabia de navegación. Lo justo para no hundirnos ni acabar en medio del Atlántico. Afortunadamente, a última hora de la tarde ya se divisaba tierra a lo largo del horizonte. Parece que navegamos en mitad del golfo de Cádiz e intentaremos atracar en algún punto de Huelva. Espero por todos los santos que lo hagamos bien y no hundamos nuestro único medio para volver a la plataforma...
Me siento raro escribiendo tan poco en un solo día. Pero he sentido añoranza de aquellos días en los que todo marchaba bien y recorría África acompañado de Tony. Lo dejo por hoy, las lágrimas empiezan a brotar de nuevo...
Acto 18
Tras ayudar a Belmiro a limpiar toda la masía, sacando los cadáveres y haciendo que todo vuelva a oler como debería, has ido descubriendo por que es un refugio tan apreciado. Una robusta construcción, de las antiguas. Grande y resistente, con un patio trasero ,bastante extenso y tapiado, que albergaba una pequeña huerta y algunos animales de granja. El suministro de agua provenía de un pozo, y aunque había que bombearla para sacarla por los grifos de la casa, era una fuente segura y casi inagotable de agua. Pocas veces en su vida se había secado, según te contó Belmiro.
La casa se encontraba en mitad de extensos campos de siembra, pero al refugio de los árboles que habías visto al llegar. No era como estar en mitad de la nada, pues se encontraba a pocos kilómetros del norte de Madrid, entre El Pardo y Tres cantos, pero era relativamente aislado. Además, gozaba de la suficiente visibilidad para ver con antelación a cualquier "pestoso" que se acercara al refugio.
Al final, a última hora de la noche, con todo asegurado y limpio, os disponéis a cenar. Udane se ha trabajado una copiosa cena, pues por lo visto no se le daba nada mal cocinar, pero el ambiente se ve bastante pesimista pues echan en falta a todos con los que compartían hogar hasta este mismo día. Bajo la luz de las velas, en un amplio comedor decorado clásicamente, Udane no ha vuelto a pronunciar ni una palabra. Cualquiera diría que es muda (es más, Belmiro así lo creía) si no la hubieras escuchado antes decir su nombre. Belmiro por su parte intenta disimular y romper el hielo hablando de cosas intrascendentes o preguntándote cosas personales que al final nunca consigues contestar, ya que sigues sin recordar nada de tu pasado.
- En de toas formas, te tendremos que llamá de alguna forma, ¿no? ¿O'caso tenemo que llamarte siempre mozo, chaval o cosas asín?
- Pues no sé Belmiro. Sinceramente, me gustaría conocer mi nombre real, pero aceptaré cualquier nombre temporal que me deis. - Te llevas un trozo de pollo a la boca, mientras intentas pensar en qué puedes hacer para averiguar cosas sobre ti - De todas formas, cuando consiga recuperarme aqui iré en busca de mi pasado. Quiero saber que era de mi cuan... - Te interrumpe el sonido de un tenedor cayendo en la mesa.
- Enzo. - Dice pequeño susurro Udane.
- ¿Cómo? - No entiendes bien que quiere decir.
- ¡Hombre! ¡Pero que'bladora ta hoy la niña! ¿Que quisiste decir, moza?
- Enzo... - Volvió a repetir mas bajito, aun si cabe.
- ¿Quieres que sea ese mi nombre? ¿Por alguna razón en especial?
Ella asiente muy tímidamente. No te parece mal, realmente te da igual y antes de que Belmiro te ponga un ridículo nombre de pueblo, aceptas la proposición de la chica. Además... es tan bonita que no puedo negarme... Alto Don Juan, que no parece que la chica pase de los veinte. Aunque por otro lado ¿acaso sabes que edad tienes tu? Maldita sea, ¿por qué narices siempre llego al mismo punto? Ya por cabezonería, tienes que resolver el rompecabezas de tu vida, y averiguar lo mínimo sobre ti... Y ahora que lo pienso ¿es posible que Udane me diera ese nombre intentando evitar que me marche? Qué inocente...ojalá fuese todo tan fácil.
En todo caso, tus planes mas inmediatos serán; recuperarte en la casa de Belmiro hasta que estés al cien por cien tanto físico como mentalmente, y mientras tanto ir planeando hacia dónde irás y que harás hasta entonces. De momento tienes en mente volver a donde todo empezó, la base militar de El Goloso.
Fin de la primera parte.
I Parte
Cuando nos levantamos ésta mañana, con el cuerpo dolorido por dormir tirados en el suelo, y un hambre acuciante en el estómago, nos preparamos para salir. Nuestro plan era volver al velero, e intentar navegar hasta las costas españolas. Por la escalera era imposible volver, numerosos golpes de infectados deseosos de darnos mordisquitos nos hacían intuir que no era el camino correcto. Afortunadamente, había otra salida que daba a una pequeña pasarela, con acceso a unas escaleras que bajaban a cubierta. Después de asomarnos con cuidado, echamos a andar. Yo seguía los pasos de Rodrigo, mientras cruzamos la cubierta. Allí nos encontramos con otras escaleras, al borde de la plataforma, que tomamos para seguir bajando. Finalmente alcanzamos el piso inferior. Bajo la metálica pasarela, veía un mar algo más calmado después de la tormenta de ayer. Aún así, a tal altura, sentía algo de vértigo, por lo que no me demoré en cruzar la puerta tras Rodrigo, eso sí, después de comprobar que nuestro velero seguía en el mismo sitio donde lo dejé.
Estábamos de nuevo en el nivel del almacén, donde habíamos comenzado Tony y yo nuestra aventura con los podridos. Seguía a oscuras, iluminado tenuemente con la luz verde de emergencia... Entramos sigilosamente, intentando comprobar si seguía limpio como aseguré a Rodrigo. Pero empezamos a escuchar algo. Tras unos segundos, el ruido era inconfundible, era alguien removiendo algo viscoso. Enseguida me vino la imagen a la cabeza, uno de esos seres, agachado sobre el cuerpo de algún desgraciado que había intentando llegar hasta nosotros, devorándole las entrañas. Sentí nauseas y me daban ganas de vomitar, pero Rodrigo me hizo unas señas. Señalaba un palét grande con cajas... estaba al otro lado. Susurrando, quedamos en que cada uno iría por un lado para cogerlo por sorpresa y no dar oportunidad a que nos atacase.
Lentamente, rodeamos por los laterales el palet. Mi corazón estaba a 1000 pulsaciones por minuto, jamás me acostumbraré a enfrentarme a esos monstruos, pero de repente oí un estruendoso "¡AHORA!" y automáticamente me mentalicé de que no podía dejar colgado a mi amigo. Giré la esquina a toda prisa, levanté mi tubería listo para descargarla sobre las cabezas necesarias, y me quedé petrificado. No podía creer lo que estaba viendo.
Ahí estaba Tony, sentado en el suelo, tan tranquilo metiendo la mano en una gigantesca lata de albóndigas con tomate. Al vernos, sonrió feliz y nos alargó la mano, sosteniendo un par de albóndigas.
- ¿Queréis unas pocas? Tenía un hambre...
Miré a Rodrigo, tenia la misma cara de sorpresa y estaba inmóvil como yo, con el extintor en alto.
- Jajaja. ¿Dónde está el fuego, amigo? - dijo Tony al ver a Rodrigo
- ¿Pero qué...? - empezaba a salir de mi asombro para empezar a enfadarme - ¿¡Por qué cojones hiciste eso!? ¿¡Y por qué no viniste cuando dimos el mensaje por megafonía!?
- No podía... Dejasteis a demasiados enemigos tras vosotros, a si que dejé la pantalla final para hoy... - Maldita sea. Seguía como un cencerro. Aún pensaba que estaba en un puto videojuego.
- ¿Esta planta está segura? - Rodrigo cortó el tenso ambiente con la pregunta.
- Siiiip. Me encargué de todos toditos. He dormido aquí abajo y ahora estaba desayunando. En serio, están de muerte ¿queréis?.
- ¿Y qué te ha pasado en el brazo? - Inquisidoramente, señaló con el dedo el brazo de Tony. No lo había visto, pero tenia un chapucero vendaje con un trapo. Me fijé mas, y también noté un color extraño en la piel que se veía del brazo, en las pocas zonas dónde la sangre no le había manchado. Además, las venas se le marcaban notoriamente, incluso por el cuello.
- ¿Ésto?...- dijo mirándose la herida - Náh... Simplemente uno de ellos, que le debí parecer tan delicioso como estas albóndigas a mi. ¿De verdad no queréis?
Rodrigo me miraba fijamente con ojos severos. Tony estaba infectado y no tardaría en convertirse en uno de ellos.Acto 17
Una vez totalmente limpio, al fin compruebas que, al menos, no tienes ninguna herida visible. Además, la cota de malla seguro que ayudó a ello. Pero no puedes tener la certeza de que no estés infectado. Aun no conoces bien la forma de contagio ¿Y si basta con que un poco de sangre o saliva penetre por los poros de la piel? No sabes si es posible, y si lo fuera, que sea suficiente para infectarte... Tienes que acostumbrarte a vivir con ese miedo en el cuerpo cada vez que te enfrentes a ellos. Además, tampoco sabes en que condiciones sobrevive el virus. Es decir, es posible que la sangre derramada de un "pestoso" contamine la tierra, crezca hierba en ese terreno, la coma una vaca y acabes infectado por comerte un filete de ternera. No eres biólogo, ni virólogo, ni como quiera que se llame la persona que podría saberlo, a si que solo te queda desear que jamás se llegue a dar tal cúmulo de posibilidades. Lo único que puedes hacer es maximizar la precaución para no acabar como uno de esos desgraciados.
Abandonas esas reflexiones que no te llevan a ninguna parte, y caminas hacia la puerta de la cocina, alejándote del cadáver que emana ese olor a podredumbre tan desagradable. Justo cuando vas a salir, una figura aparece delante tuyo. Tras el susto inicial, retrocediendo un par de pasos de un nuevo salto en el que casi te caes, te preparas para luchar tras el ridículo del susto. Levantas rápidamente el madero con el propósito de no fallar esta vez, pero al mismo tiempo que tu cerebro reconoce quien apareció, el asaltante se esconde al otro lado de la pared. Era la chiquilla que estaba en el baúl, y exclamas:
- ¡Vale ya de sustos! - dejas caer sonoramente tu arma al suelo - ¡Que al final me va a dar un ataque al corazón!
La chica se refugió tras la pared, asomando nada mas que un ojito que te miraba con terror. Pero nada mas quejarte del susto, oyes una pequeña risita.
- Vaya, ¿le pareció gracioso a la niña que me asustara? - Con timidez se esconde del todo, pero al menos el ambiente se ha relajado bastante. Piensas que será mejor que no vea la escena que tienes a tus espaldas, por lo que abandonas definitivamente de la cocina.
Al salir, ves que ahora está al lado de un Belmiro preocupado, que con seriedad te dice:
- ¿Ta limpio aca'bajo?
- No me ha dado tiempo, escuché un ruido en la cocina, que al principio resulto ser una gigantesca rat... - adviertes que esa gigantesca rata está en los brazos de la joven. - ¡Ah! ¡Era esa! - Señalas al animal con un dedo inquisidor y los ojos como platos, pero al mirar con más detenimiento, te das cuenta que no es una rata, si no un mapache - ¡Jodido bicho! ¡Me dio un susto de muerte! ¿Estáis compinchados o qué?
La chica abraza avergonzada a su particular mascota, bajando la mirada y acariciándola suavemente. Recuerda que aún no has terminado, céntrate.
- Bueno, pues que mejor no entréis a la cocina... - Cuando la chiquilla comprende lo que hay detrás de ti, vuelve a atemorizarse tanto que se refugia en lo más seguro que tiene a mano, y eso es tu brazo. Lo agarra con fuerza, y con cara de no saber que hacer, miras a Belmiro.
- Bueno, yo me quedo con... - Observas que aun no sabes su nombre - ¿Cómo te llamas?
- Udane.. - murmura tan bajito que apenas la oyes.
- ¡Vaya vaya vaya! ¡Pero si sabes hablar, moza! Udane ¿eh? ¿Te pues creé que no sa dignao a decirnos ni una palabra endesde que llegó aquí? ¡jajaja!- según decía esto, notaba como se apretaba más contra mi brazo, escondiendo la cara.
- Bueno, Udane, me encantaría decirte como me llamo, pero ni yo mismo lo sé, y es una historia muy larga.
- Tonces queate tu cuidándola, que yo voy a revisá lo que quea de casa.
Tras desaparecer por el pasillo Belmiro, os quedáis a solas Udane y tú. Ahora, con más tranquilidad, empiezas a pensar en tu nueva compañera. Te parece bastante mona, sobre todo cuando hace un rato, se reía alegre. Viste totalmente de negro, y no parece que sea un modelito ocasional, pues unas pulseras de tachuelas y un collar confirman su estilo "oscuro". Además, unas uñas negras que te clava en el brazo también lo ratifican. Debes intentar tranquilizarla, por lo que acaricias suavemente su cabeza mientras la animas a serenarse. Notas un pelo suave y cuidado, de color negro azabache, por supuesto. Ella parece relajarse, y deja de agarrarte con tanta fuerza.
Al fin aparece Belmiro, con tranquilidad. Se asoma a la calle, y tras revisar que no había nada fuera, cierra los pesados portones de madera. Al fin parecía que estábamos a salvo.
XI Parte
Rodrigo salió serio del baño, pero con apariencia tranquila. Me dijo que no con la cabeza. Al igual que yo, acabó por sucumbir a la fatiga y tomó asiento.
- O al menos eso creo. - Terminó por confirmarme.
- Yo tampoco estoy del todo seguro...
- Escúchame - me interrumpió seriamente - Te lo digo muy en serio. No quiero acabar como uno de esos engendros. Si estoy contagiado, quiero que acabes conmigo. No quiero vagar por la eternidad convertido en un muerto andante...
- Lo mismo digo... - Me quedé dubitativo, pensando en cómo se vería el mundo desde su perspectiva. Pero en ese momento lo que más nos importaba era no llegar jamás a comprobarlo. - ¿Que planes hay entonces?
Rodrigo se levantó pesadamente de la silla, y se acercó a un micrófono que sobresalía de la mesa de mandos. Apretó un botón, y tras unos segundos dijo:
"Atención, si sigues vivo y sano, estamos resistiendo en el puente de mando. Si podéis, reuniros con nosotros para trazar un plan de supervivencia. Se ruega que todos los que aún vivan, vengan al puente para organizar la resistencia. Buena suerte..."
- No sé, no se me ocurre nada más... - Me dijo tras terminar.
- Tranquilo, con eso es suficiente. Ahora toca esperar que alguien tenga la misma suerte que nosotros para llegar hasta aquí.
Pasaron las horas, y no escuchamos nada que no fueran los insistentes golpes de los no muertos, allá abajo, al otro lado de la puerta. Rodrigo, probó con otro mensaje:
" Si estáis vivos y no podéis llegar hasta el puente, hacednos alguna señal visible de que aún queda alguien más. Salid a cubierta y os podremos ver, o cualquier cosa..."
Pero no ocurrió nada. Estábamos solos, en uno de los lugares mas aislados del planeta, con comida para meses, pero totalmente infestado. Habríamos acabado con unas 10 de esas cosas, pero por lo que me dijo Rodrigo, en la planta solía haber alrededor de 200 personas trabajando. Ni con toda la fuerza bruta de Rodrigo podríamos enfrentarnos a ellos y acabar con su lamentable existencia sin terminar igual de infectados que ellos. Tras mucho debatir, hemos acabado por resignarnos. Abandonaremos, al menos temporalmente, la plataforma. Iremos a tierra, a por ayuda y armas. Volveremos y reconquistaremos la plataforma, la haremos un lugar de resistencia.
Rodrigo me enseñó una transmisión que llegaba por radio, y hablaba de que Canarias aún resistía, pero que toda nave o aeronave que se acercara seria abatida inmediatamente. Me contó que el gobierno se había trasladado allí, y que las últimas noticias hablaban de que, a pesar de la superpoblación al acoger miles de supervivientes, aún resistían. Sin embargo, personalmente, no tengo muchas esperanzas de que eso haya pasado. La infección es tan jodida que siempre se puede colar de la forma más inesperada. Esta plataforma es un ejemplo de ello. Maldita sea, el mundo entero es el mejor ejemplo.
Además, yo fui en uno de los que insistió en volver a tierra. Por que yo tengo una familia, y necesito saber que han sido de ellos. Me resisto a creer (como me aconseja Rodrigo) que ya están muertos. Albergo las esperanzas de que se refugiaron en algún lugar seguro. Que estén en un safe point resistiendo, que me pueda reunir con ellos y traerlos aquí conmigo. Por eso he conseguido convencer a Rodrigo, que una vez tomemos tierra, vayamos a Madrid. Lo sé, es probable que sea la peor zona a la que ir, pero también podría ser la mejor, que toda la ayuda se focalizase en el centro del país, o que sé yo. Rodrigo me mira desconfiado cuando le animo a ir, pero seguro que no quiere quedarse solo, y también se siente en deuda conmigo por salvarle el pellejo cuando estaba atrapado en la habitación.
Aunque realmente eso ya no importa, y así se lo he dicho. A partir de ahora, somos compañeros, nos cubriremos las espaldas y cada día, seguramente, nos salvaremos mutuamente de acabar como un podrido andante. Tendremos que funcionar como uno solo para sobrevivir, pues nos esperan unos días muy, muy jodidos.
Terminamos de aclarar los detalles de los planes para mañana y nos echamos en el suelo, ya bien entrada la noche, a intentar pegar una cabezada...